Opinión

Catilina y el bisonte en el Capitolio

Asalto al Capitolio de Washington

No es una película ni una serie de Netflix. Un grupo numeroso de partidarios de Donald Trump interrumpió la ceremonia protocolaria de ratificación de las elecciones presidenciales en las Cámaras del Congreso de Estados Unidos para impedir que se consumara el proceso legítimo de relevo en la Presidencia, tras la victoria de Joe Biden, confirmada por los resultados, los recuentos posteriores, los tribunales estatales y el Tribunal Supremo. Cuatro muertos, 52 detenidos, 14 policías heridos, 534 legisladores evacuados de sus escaños, al igual que el vicepresidente Mike Pence, toque de queda en Washington, envío de efectivos de la Guardia Nacional, conmoción internacional y una leve llamada a respetar la ley y el orden del todavía presidente de Estados Unidos, cuando un energúmeno disfrazado de bisonte ya había aparecido sentado en la silla del presidente del Congreso de la democracia más antigua del mundo. “¡Hasta cuando, Catilina!, vas a seguir abusando de nuestra paciencia”, le dijo Cicerón al conspirador romano en aquel discurso memorable ante el Senado de Roma. 

¡Hasta cuando!, podrían exclamar hoy los norteamericanos, va a seguir Donald Trump abusando de la paciencia constitucional de las instituciones democráticas. Después de haber sembrado la incertidumbre antes de las elecciones presidenciales, el desconcierto después de ellas y de haber tensado la cuerda de la polarización hasta los límites, desbordados, de la desobediencia civil. Después de alimentar la división y deslegitimar un proceso refrendado por todos los mecanismos electorales y judiciales. Luego de haber deteriorado la imagen de la democracia de Estados Unidos a nivel internacional. Hasta el límite de que Facebook y Twitter, sus canales habituales para esparcir la demagogia sin filtro entre las llagas de la democracia, hayan bloqueado la cuenta del presidente por instigación de la violencia.   

¡Hasta cuando! podemos preguntarnos los demócratas de tantos países, el populismo de derechas y de izquierdas, piensa seguir abusando de la paciencia de las instituciones y de la mentira para debilitar las libertades, vaciar y alterar el orden constitucional, cuestionar la legitimidad, desobedecer las leyes o seguir conspirando. En los Estados Unidos la polarización provocada por el populismo y los extremismos radicales ha desembocado en un asalto popular del Congreso. En una fractura de la sociedad que lamentablemente no nos resulta ajena porque las ceremonias de debilitamiento democrático, la Constitución, la Corona, los Parlamentos, la Justicia y las Instituciones, están presentes en nuestro país, y en otros, desde hace algunos años. Un proyecto sin otra cabeza que la del energúmeno disfrazado de bisonte en el Capitolio y sin otra posibilidad de respuesta que el fortalecimiento de la democracia liberal.