Opinión

Centro de Preocupaciones Sociológicas

Carlos Penedo. Columna de opinión publicada también en Estrella Digital.

 

El Centro de Investigaciones Sociológicas pregunta mucho y los españoles responden educadamente, que la profesión de encuestador es tan digna como cualquier otra, aunque algunas de sus cuestiones son extrañas, por ejemplo cuánta libertad estamos dispuestos a ceder para sentirnos seguros y, dos, si esto de las Comunidades Autónomas es un buen invento.

 

En este párrafo que ahora comienza es donde matizo que el CIS, aunque a veces tenga algún olvido, es el organismo demoscópico más serio del país, que elabora encuestas con entrevistas personales (más rigurosas que las telefónicas), que el tamaño de la muestra -los ciudadanos encuestados- es mucho mayor que las que llenan los periódicos, que es un organismo autónomo que depende del Ministerio de la Presidencia, Soraya Saenz de Santamaría en Funciones, entre ellas la "función principal que tiene encomendado -el CIS- es la de contribuir al conocimiento científico de la sociedad española", misión honrosa donde las haya.

 

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Los datos. En este comienzo de mayo el CIS ha difundido un estudio postelectoral de las elecciones generales del 20 de diciembre con 75 preguntas, muchas preguntas, desde si el encuestado va a misa, tiene teléfono móvil o quién ganó en los debates a tres, a siete, a cinco de aquella campaña electoral que parece hoy del siglo XIX, de aquella época remota en la que había partidos emergentes. Tantas preguntas y tan variopintas parecen salidas del sueño de un sociólogo atormentado.

Y destaco dos. En la primera se pone al ciudadano ante la tesitura -¿tesitura?- de elegir puntuando del cero al diez entre dos opciones, que "lo más importante es tener el máximo de libertad aún perdiendo algo de seguridad" y en el otro extremo que "lo más importante es conseguir el máximo de seguridad aún perdiendo algo de libertad". La mayoría de las respuestas se queda en el cinco, como es natural, ni totalmente libre ni seguro, aunque la media se vence en poco hacia la segunda opción.

Esta dicotomía -¿dicotomía?- entre libertad y seguridad es antigua y bastante falsa, plantea a qué estás dispuesto a renunciar y la respuesta es a nada, porque no hay libertad sin seguridad y no hay seguridad sin libertad.

Recuerda el asunto al también añejo debate entre igualdad y libertad. Por poner un ejemplo, aunque todos seamos libres de analizar las encuestas del CIS, si el ministro de Agricultura aprueba por la mañana con el consejo de ministros una amnistía fiscal a la que por la tarde se acoge su señora esposa, pues no somos iguales.

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Las situaciones extremas en las que el Estado puede restringir las libertades por temas de seguridad están tasadas y escritas en la Constitución; desarrollado en una Ley Orgánica de 1981, de los estados de alarma, excepción y sitio; y además tenemos una novedad de 2015.

La Ley de Seguridad Nacional aprobada hace menos de un año añade una gaseosa "situación de interés para la Seguridad Nacional", que es una coyuntura grave pero que "en ningún caso podrá implicar la suspensión de los derechos fundamentales y libertades públicas de los ciudadanos".

Acabo este apartado recordando que Francia está en estado de emergencia desde los atentados de París del pasado noviembre y lo acaba de prorrogar otro par de meses, para pasmo de esas trillizas fantásticas llamadas Libertad, Igualdad y Fraternidad al ver llegar una nueva hermana, Seguridad.

La segunda cuestión incluida por el CIS en su estudio que sorprende plantea al paciente encuestado "algunas fórmulas alternativas de organización territorial del Estado en España".

Pues bien, el 18,5% de los españoles es partidario de un Estado con un único Gobierno central sin autonomías (sin mayúscula, con lo aficionado que es todo el mundo a escribir mayúsculas innecesarias) + otro 11,7% de los ciudadanos defiende un Estado en el que las CCAA tengan menos autonomía que en la actualidad (¿Autonomías sin autonomía?) = un 30,2% de los españoles opina que esto de la España de las Autonomías es un invento y se acabaron las bromas, como decía aquél.

Resultan más significativas las preguntas que las respuestas, que dan finalmente argumentos para quien los fuera buscando de inicio. Dan ganas de gritar: "recórtenme las libertades y centralícenme", lo que nos situaría en un lugar indeterminado de mediados de los 70, incluso antes del último capítulo de Cuéntame, que comienza a escribirse en la sección de sucesos. Planteamientos tramposos que recuerdan al apasionante y real (de rey) debate sobre la austeridad de las próximas elecciones, porque puestos a recortar gastos de funcionamiento la Casa Real tiene campo por delante (exactamente 15.000 hectáreas en el Monte de El Pardo) y abre la vía para preguntarse por ejemplo cuánto cuesta el despliegue de Guardia Civil en un puente o la organización y asistencia de representantes públicos a la Ofrenda Nacional al Apostol Santiago.

Se dice en periodismo que preguntar es un arte, que nunca hay que plantear cuestiones que tengan por respuesta un sí o un no, y que siempre el preguntado se puede ir por los cerros de Úbeda, como invariablemente hace el presidente Rajoy esté en casa de Bertín, de Évole o de Pepa Bueno, con lo buenos preguntadores que son los tres.

Y 800, que he leído a Elvira Lindo que le encargan columnas de 800 palabras y yo no quiero ser menos, en cantidad. Aconseja también eliminar adjetivos.