Opinión

China: dragón tecnológico

Atalayar_5G China

En su planificado ascenso a potencia global, China ha identificado el dominio de las nuevas tecnologías disruptivas como la plataforma estratégica sobre la que proyectar su posición hegemónica en el nuevo orden mundial. Por ello ha diseñado una detallada programación a medio plazo (“China: visión 2035”), que incluye un plan de inversiones masivas en investigación y desarrollo de la telefonía móvil 5G, la automatización y robotización de procesos productivos y servicios, la computación cuántica, el internet de las cosas, la gestión de los datos en la nube, la biotecnología, la nanotecnología, y la inteligencia artificial. La meta final proclamada es adelantar a los EE.UU. y convertirse así en la primera potencia mundial.

China cuenta con unas ventajas comparativas indudables en esta carrera por la hegemonía tecnológica, entre otras: una planificación estatal a largo plazo con planes de acción concretos y cifrados, presupuestados y monitorizados; una financiación pública prácticamente ilimitada; un enorme mercado doméstico reorientado hacia el consumo interno; así como una estricta disciplina social. Como resultado de su planificación y de su esfuerzo sostenido, China se encuentra hoy a la vanguardia de las nuevas tecnologías con plataformas digitales y operadores internacionales que encabezan los rankings mundiales, tanto de tecnologías “habilitadoras” como las relativas a la información y la comunicación (China Telecom, China Mobile Ltd.), el nuevo internet, y los servicios de telefonía móvil (Huawei, ZTE), como de determinantes tecnologías “finalistas” como la inteligencia artificial. Por otro lado, China monopoliza la producción del 85% de las llamadas “tierras raras” que se utilizan en el mundo, esto es de los 17 escasos minerales que son esenciales para la producción de aparatos tecnológicos (teléfonos móviles, ordenadores, semiconductores, baterías, cámaras fotográficas). 

China concibe su pujante desarrollo tecnológico como instrumental para lograr la hegemonía global económica, comercial, militar y finalmente política, en dura pugna con los EE.UU. Ambas potencias se encuentran muy por delante de Europa en el ámbito de las nuevas tecnologías disruptivas, adelanto que algunos expertos cifran en torno a una década. Es desde esa posición privilegiada que Pekín intenta influenciar y elaborar conforme a sus intereses nacionales los marcos normativos internacionales reguladores del acceso y utilización del ciberespacio y el nuevo internet, desligándose en cierta medida de las negociaciones que al efecto tienen lugar en el seno de los grupos de trabajo específicos de las Naciones Unidas (grupo de expertos gubernamentales y grupo de trabajo abierto).  Dicho propósito hegemónico enfrenta a China directamente con los EE.UU., en donde cada vez son más las voces que propugnan proceder a una desagregación (“decoupling”) del espacio cibernético global en zonas de influencia, en torno a Washington y Pekín respectivamente, con sus propias regulaciones sobre estándares, certificaciones y especificaciones técnicas.

El interés de Europa, y por ende de España, radica en prevenir y evitar tal fragmentación del ciberespacio mundial en esferas de influencia incompatibles entre sí, pues apostamos por un acceso libre, abierto, seguro, equitativo y no discriminatorio al ciberespacio como un bien público global y un potente multiplicador de creación de riqueza y prosperidad para las naciones, empresas y personas. Por tanto, Europa debería instar a Pekín a que abandonase cualesquiera tentaciones unilaterales al respecto y participase más activamente en los foros multilaterales existentes de negociación de normativa reguladora del buen uso del ciberespacio global, cuya eventual fragmentación solo podría perjudicar a todos los países.

Nicolás Pascual de la Parte/ Embajador en Misión Especial para Ciberseguridad y Amenazas Híbridas/The Diplomat.