Opinión

China reinventa el Gulag: Los papeles perdidos de Xi Jinping

China y los uigures

Aunque la existencia de centros de confinamiento para minorías,  predominantemente musulmanas,  en China desde hace tres años no era desconocida, la filtración de un legajo de documentos oficiales ha sacado a la luz el alcance de la metódica campaña de detenciones colectivas e internamiento en centros de reeducación a la que han sido sometidos cerca de un millón de uigures y kazajos en Sinkiang,  un territorio autónomo en el noroeste del país uno de los puntos centrífugos de China, junto a Tíbet, Hong Kong y Macao. 

La publicación de estos documentos, precisamente cuando arrecia el caos en Hong Kong, resulta incómoda para los jerarcas chinos, y puede acabar erosionando el liderazgo de Xi, si se extiende la percepción de que no controla las circunstancias,  en la manera en que se espera del líder del partido. De hecho, cabe sospechar que los documentos concernientes a la opresión de musulmanes en China hayan sido filtrados desde el propio Comité Central para debilitar la posición de Xi.
Sea cual fuere la motivación de la filtración, los documentos presentan el lado más totalitario del régimen chino, y denotan una cierta ansiedad frente a la emergencia de conflictos separatistas como los que desgarraron a China antes de la era Mao. En el caso de Sinkiang, patria de la etnia uigur, las medidas concebidas por las autoridades chinas han consistido en un programa de detenciones masivas bajo criterios étnicos con la coartada de la lucha contra el terrorismo islámico, y el subsiguiente internamiento en una red de campos en los que se les somete a un proceso de “desintoxicación ideológica”. La tónica general en la transcripción oficial de los discursos pronunciados por Xi,  es el uso de terminología médica al referirse al problema musulmán, usando profusamente conceptos como contagio, virus, drogadicción,  y tratamiento de choque. 

Lejos de haber logrado calmado la situación en Sinkiang, los documentos filtrados reconocen que las desapariciones han causado inquietud entre los familiares afectados, por lo que instruye a los comisarios políticos regionales a tomar medidas para contener y reprimir todo conato de revuelta entre los hijos de los desaparecidos. En los papeles aparecen recogidas,  con aséptica prosa funcionarial,  las consignas y argumentarios que los funcionarios del partido deben usar cuando son preguntados sobre los desaparecidos, quienes, según la línea oficial, están recibiendo formación a cargo del gobierno en centros oficiales que no pueden abandonar hasta haber completado satisfactoriamente su educación.

Para tranquilizar a sus familiares, se les indica que los internos no están formalmente procesados por delito alguno, y que el periodo de internamiento puede verse reducido con la cooperación de los alumnos, lo que se da por hecho,  ya que están confinados y siendo tratados (“chǔzhì”) con cargo al pueblo, por su propio bien y el de los suyos, a cambio de cuyo privilegio,  el partido espera la gratitud y discreción debidas.

El programa de reeduccación fue articulado en una serie de arengas a puerta cerrada llevadas a cabo para una audiencia de funcionarios en abril de 2014, poco tiempo después de los apuñalamientos en masa llevados a cabo por uigures en una estación ferroviaria, cuando el recuerdo de los disturbios étnicos de 2009 en Urumqi aún estaba fresco en Beijing. La fraseología de las arengas estuvo caracterizada por la asociación de ideas-fuerza como “lucha total”, “inmisericorde” y “guerra contra el terrorismo”; llegando al punto de instar a la emulación del modus operandi norteamericano tras los ataques de Osama Bin Laden en suelo estadounidense.

Estas instrucciones no cayeron en saco roto, y el número de campos de internamiento creció prontamente gracias al celo de Chen Quanguo, comisario político en jefe para Sinkiang, y cuyo destino anterior fue el Tibet;  quien exhortó a sus subordinados a cumplir sin miramientos las directrices de Xi, y no vaciló en llevar a cabo purgas entre sus propios hombres para acelerar el proceso de limpieza étnica, a la que, según los documentos, un cierto número de funcionarios locales se habrían resistido, terminando ellos mismo internados, y , presumiblemente, “beneficiándose” del mismo tratamiento de adoctrinamiento e interrogación hecho a medida para los uigures. 

En paralelo a los internamientos, el comité central ha puesto en marcha un programa consistente en seleccionar académicamente a estudiantes uigures para ser enviados a universidades de otras regiones chinas, dónde reciben formación para convertirse en futuros líderes locales del partido a su vuelta  a Sinkiang tras su graduación. Estos estudiantes están sometidos a estrecha vigilancia por parte de comisarios políticos cuando visitan sus hogares, para limitar su exposición a “informaciones equivocadas” sobre sus familiares desaparecidos. Estos comisarios hacen saber a los estudiantes de vacaciones en su patria chica que cada internado tiene una especie de “carnet por puntos”, que se usa como baremo para decidir la fecha de su salida del campo de reclusión, y que un comportamiento problemático por parte de los familiares del interno podría llevar a que perdiese puntos. Los documentos recogen asimismo el gradualismo de la represión llevada a cabo por las autoridades, mediante cupos de arrestos calculados para evitar el colapso de la actividad económica en Sinkiang, y mitigar el riesgo de revueltas populares en la región.  

De todo ello se desprende que, al menos por ahora, Xi ha descartado recurrir al genocidio para frenar a los uigures, y que ha optado por la vieja receta de Gulag con autocrítica; asimilación, no eliminación. Xi parece haber llegado a la conclusión de es más eficiente convertir al país en un panóptico tecnológico, para imponer una “sociedad disciplinaria” mediante la vigilancia y  control ubicuo y constante del comportamiento de la ciudadanía. 

Los papeles filtrados apuntan a que la morfología del plan para los musulmanes chinos es un ensayo general de esta modalidad totalitaria -basada en que todo y cada individuo autogestione y autocensure su conducta-  que si demuestra su eficacia, bien podría verse aplicada a otras regiones díscolas.