Opinión

Conciencia española

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España y los españoles debemos estar orgullosos de nuestra historia con todas sus consecuencias porque, a pesar de los periodos más negros, ha ido conformando nuestra personalidad como ciudadanos y nuestra identidad como país. Sobre todo, lo que no podemos seguir admitiendo es que nuestra historia la escriban otros, sobre todo anglosajones que apuntan casi siempre a lo más negativo o quienes desde hace demasiados años remachan con aviesas intenciones la leyenda negra de la conquista de América. Es habitual que, para desviar la atención de los problemas internos por mala gestión, principalmente, algunos dirigentes autoritarios de derechas y de izquierdas, no se salva la ideología porque lo que cuenta es detentar el poder a toda costa, utilizan un supuesto enemigo exterior para canalizar un falso orgullo patrio que distraiga temporalmente la cruda realidad.

Hay demasiados casos, pero hoy podríamos detenernos en la falsa polémica promovida por el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, un populista de izquierdas que insiste desde hace tiempo en que España debe pedir perdón por las atrocidades cometidas con motivo del bicentenario del descubrimiento. Por qué el presidente mexicano no se ocupa de lo que pasó hace menos tiempo, en 1968 en Tlatelolco con la matanza de más de 300 universitarios. Muchos de ellos de origen indígena. El Papa ha enviado una carta que hay que leer en todo su contexto y no entresacar el titular interesado. Y los españoles debemos defender con decisión y convicción los logros del descubrimiento de un nuevo mundo con la creación de colegios, universidades, hospitales y una organización política de Virreinato en igualdad con las instituciones del resto de España.

Los españoles llegaron y se aliaron con algunas tribus que estaban enfrentadas con otras. Pero sin evitar las críticas por los errores cometidos no podemos avergonzarnos por lo ocurrido, como no lo hacen los norteamericanos con la conquista del Oeste, como no les exigimos a los musulmanes por su presencia de ocho siglos en España o por el colonialismo ejercido durante muchos años por británicos, franceses, holandeses o belgas, y no son demonizados.

Es más, ahora los vestigios del imperialismo británico han sido utilizados por insensatos populistas como Boris Johnson para protagonizar un Brexit absurdo cuyas primeras consecuencias de desabastecimiento sufren millones de ciudadanos que lamentan ahora haberse dejado llevar por falsas promesas, por esa desinformación manejada en redes sociales y en medios de comunicación al servicio de unos intereses bastardos que ponen en crisis la verdadera democracia. Ocurre también en demasiados países, España entre ellos, donde es imprescindible recuperar sin pudor ni falsos prejuicios los principios y valores de las democracias emanadas de la Segunda Guerra Mundial que han garantizado durante muchos años estabilidad y progreso en Europa y en gran parte del mundo.  

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