Opinión

COVID-19, ¿elemento de reconfiguración mundial?

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El sistema internacional y sus relaciones, desde su génesis en Westfalia en 1648, están marcadas por constantes tensiones entre los países con pretensiones hegemónicas globales. Estas aspiraciones no pocas veces han desembocado en conflictos bélicos donde se han visto involucrados diversos Estados. El afán desmedido por el control del escenario mundial aún continua, con nuevos actores y nuevas geoestratégicas.

La geopolítica, entendida como la actividad desarrollada por los actores internacionales para influir en el escenario global, tiene como fin perseguir su interés nacional particular y la supremacía global, generando la mayoría de las veces tensiones importantes en las relaciones internacionales, poniendo en riesgo el equilibrio global.

De acuerdo con Baños, «En geopolítica, el equilibrio se busca con ahínco, pero siempre es inestable. Por eso se hacen permanentes reajustes, que en la mayoría de las ocasiones generan guerras y desastres»1. Es en este punto donde la buena gestión de las relaciones diplomáticas es la piedra angular para evitar un estado de naturaleza en el sistema internacional.

Cada potencia global, principalmente las emergentes han tratado de configurar a su favor el sistema internacional, utilizando diversas estrategias, desde tejer una red de alianzas internacionales hasta acciones militares, generando sismos importantes en el tablero mundial.

La historia recoge diversos acontecimientos que han contribuido a acelerar los procesos de reconfiguración mundial, siendo aprovechado por los actores hegemónicos globales para hacerse de la supremacía internacional, o para mantenerse en ella. Entre esos acontecimientos tenemos, la Segunda Guerra Mundial (1939-1945); la caída del Muro de Berlín (1989); Los atentados terroristas en EE. UU. (2001).

A la luz de estos acontecimientos que señala la historia, nos hacemos la siguiente pregunta: en el contexto actual, ¿pueden las potencias emergentes utilizar a la COVID- 19 como elemento catalítico para la reconfiguración mundial?

En los últimos años, la población mundial ha sido víctima de diversas pandemias. El H1N1, el ébola y la gripe aviar han sido patógenos infecciosos que han azotado poblaciones enteras, cada uno con mayor letalidad que otro.

A finales de 2019 y principios de 2020, una pandemia azota a un número importante de países en todo el planeta. A diferencia de los anteriores, la propagación de este nuevo patógeno ha sido incontenible. Con un alto nivel de contagio, el virus conocido como COVID-19, ha puesto en jaque a los sistemas epidemiológicos y sanitarios de diversos países. Un virus altamente infeccioso, cuyos focos de propagación se sitúan inicialmente en la ciudad China de Wuhan, ha generado un efecto de conmoción social y estado de alarma permanente en la población mundial, produciendo efectos exponencialmente negativos en la economía internacional, al punto que un mal manejo de la crisis traerá repercusiones políticas que pondrán en riesgo los liderazgos regionales y globales.

Un buen liderazgo internacional se resume hoy, en un buen manejo de la crisis sanitaria, social y económica; una efectiva política de contención de contagios y decesos; la capacidad de colaboración brindada a otros países y finalmente el desarrollo de la vacuna.

Bajo este contexto, las potencias emergentes, entre ellas China y Rusia, y las reinantes como Estados Unidos han tomado una serie de acciones con el objetivo de mitigar el impacto de la pandemia a lo interno de sus fronteras, pero al mismo tiempo tratan de ser modelo para los demás países en la contención del virus. Estas políticas, si resultan acertadas, los pondrán en la palestra del escenario internacional y muy cerca del liderazgo mundial.

Con este panorama, las tensiones entre Estados se agudizan. La contención del virus por parte de los países ha tenido resultados distintos; el apoyo de China a países europeos anteriormente hostiles a Pekín y el despliegue militar de tropas estadounidenses en Europa; la gran interrogante en torno al origen del virus y las acusaciones de diversos países contra el gigante asiático por una supuesta irresponsabilidad a la hora de contener la propagación, son algunos aspectos que nos permiten evidenciar bajo el lente de las relaciones internacionales las tensiones existentes y si podría o no materializarse una reconfiguración del sistema internacional con una nueva correlación de fuerzas.

El auge de las civilizaciones que se creían petrificadas: China

Anteriormente, la hegemonía global era caracterizada por la obtención y acumulación de riquezas, la robustez del sistema industrial, una poderosa capacidad militar y un considerable sistema de transporte. Con la llegada de la era de la globalización, esos elementos característicos que perseguía un Estado para hacerse hegemónico han quedado en segundo plano, ahora las innovaciones tecnológicas, la sofisticación de la producción y un mercado sin fronteras, son los elementos necesarios para considerar a un país como potencia hegemónica emergente.

Actualmente, existen potencias emergentes que cuentan con un acelerado crecimiento económico, militar y una eficaz política exterior que le han permitido abrirse camino y obtener una posición preponderante en el tablero mundial, una de ellas, incluso la más resaltante, es China.

Luis Martínez, consejero de la Representación Permanente de España ante la Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), nos señala algunos datos que evidenciaban este crecimiento: «La economía china lleva dos décadas creciendo a un ritmo medio superior al 9 % anual y ya se ha situado entre las cinco primeras economías del mundo (la cuarta, según una reciente revisión de sus series de crecimiento económico desde 1993); su población sobrepasa los 1 300 millones de habitantes; es la segunda receptora de inversión exterior directa; la segunda consumidora de petróleo; la tercera productora mundial de manufacturas y la cuarta exportadora de bienes. En un análisis sobre las tendencias globales, el National Intelligence Council estadounidense concluía, a la vista de lo anterior, que China alcanzará el PIB de los Estados Unidos en 2040 y ya en 2020 se habrá convertido en la segunda mayor economía mundial»2.

De acuerdo con Martínez, pese a todos los procesos tanto internos como externos que vivió China, caracterizados por los vejámenes sufridos por las grandes potencias del siglo XIX y las constantes convulsiones de su sistema político se ha constituido en una gran potencia, en tanto que ha logrado desarrollar las capacidades atribuibles a una potencia desde el punto de vista geopolítico, como lo son: «peso demográfico, extensión territorial, ejercicio sin excesivas restricciones de la soberanía, desarrollo económico y potencial militar»3.

El auge de China se ha constituido en una amenaza real para las potencias globales hasta ahora reinantes afectando sus intereses nacionales y globales, entre ellas Estados Unidos. Sin embargo, señala Martínez, que algunos estudios indican que «no parece existir una estrategia china coherente para retar abiertamente el liderazgo estadounidense»4.

China ha intentado mostrar una alternativa al dominio estadounidense, mediante una política exterior no agresiva, cooperativa centrada en la nueva ruta de la seda que, a su vez, le ayuda a consolidar control sobre áreas en las que todavía tiene debilidades. Se ha empeñado en mostrar una imagen benigna que contrarreste los estereotipos construidos desde occidente. Mientras EE. UU. muestra su fuerza (hard power) China muestra buena voluntad (soft power) basado en su impronta confuciana.

China ha buscado su fortalecimiento en la región, expandiendo su área de influencia. La búsqueda por la diversificación y aseguramiento de suministros de petróleo y materias primas en general, lo han llevado a replantearse la conquista de espacios vitales en la región, entre ellos el estrecho de Malaca por su importancia comercial estratégica. Romper con los rígidos esquemas ideológicos fue un elemento sustancial para el crecimiento y avance de China impulsado por Deng Xiaoping en la denominada reforma que consistía en los siguientes aspectos: «Baste recordar que sus principales consecuencias fueron la gradual apertura de la economía china al exterior; la reducción del peso del Estado en la economía; la acumulación interna de ahorros y su movilización en inversión productiva; la creación de un mercado de trabajo y de capitales y la fijación de precios por medio de los mecanismos de mercado, empezando por el sector agrícola. Los resultados de estos cambios durante las últimas dos décadas han sido espectaculares y explican directamente el dramático crecimiento alcanzado por China en el contexto de la economía internacional»5.

China parece no detener su ascenso a la cima. Su estrategia en principio se ha enfocado en el fortalecimiento al interior de sus fronteras obteniendo un éxito incuestionable, esto le ha permitido ampliar su área de influencia y posicionarse como líder en la región. La creación de organismos supranacionales como la Organización de Cooperación de Shanghái y el Banco Asiático han servido de herramientas para fortalecer y tejer nuevas alianzas globales. El portentoso crecimiento económico que ha experimentado durante más de una década ha convertido al gigante asiático en un jugador geoestratégico de relevancia en el tablero de la geopolítica mundial, en este sentido señala Noam Chomsky: «Los líderes chinos se dan cuenta de que las rutas de comercio marítimo de su país están llenas de potencias hostiles, desde Japón hasta el estrecho de Malaca y más allá, respaldadas por una abrumadora fuerza militar estadounidense. En consecuencia, China está procediendo a expandirse hacia el oeste con amplias inversiones y cuidadosos movimientos hacia la integración. En parte, estos hechos se enmarcan en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), de la que forma parte Rusia y los Estados de Asia Central, y pronto la India y Pakistán; Irán es uno de los observadores, un estatus que se le negó a Estados Unidos, al que también se le pidió que desmantelara todas sus bases militares en la región.

China está construyendo una versión modernizada de las viejas rutas de la seda con la intención de no solo de integrar a la región bajo su influencia, sino también alcanzar a Europa y las zonas productoras de petróleo de Oriente Próximo. Está dedicando enormes sumas a la creación de un sistema energético y comercial integrado en Asia, con muchos ferrocarriles de alta velocidad y oleoductos»6. ¿Será el Banco Asiático y la Organización de Shanghái las estructuras que reemplacen al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a la Organización de Tratado del Atlántico Norte (OTAN)?

China no solo avanza en la consolidación y fortalecimiento de su posición internacional, a lo interno de sus fronteras, la nueva generación de líderes, encabezado por Xi Jinping se han propuesto un conjunto de políticas destinadas a vigorizar económica, política, social, cultural y militarmente al país.

Eurasia: la lucha por el control del tablero mundial

Estados Unidos siempre ha intentado alcanzar la supremacía global, su política exterior desde Theodore Roosevelt (1901-1909) hasta la actualidad, ha estado inclinada a tener un desenvolvimiento activo y protagónico en el sistema internacional. Su crecimiento económico le permitió expandir sus aspiraciones geopolíticas. La construcción del canal de Panamá les ofreció el dominio naval sobre el océano Atlántico y Pacífico.

La Primera y Segunda Guerra Mundial generaron una reconfiguración del sistema internacional, estableciendo un antes y un después en la historia de los Estados. Las potencias que habían participado en la guerra, entre ellas Alemania y Gran Bretaña habían salido exhaustas del conflicto, lo que permitió el reposicionamiento global de una nueva hegemonía, la estadounidense. Este papel hegemónico fue ratificado al culminar la denominada Guerra Fría con el colapso de la Unión de Repúblicas Soviéticas (URSS) como mayor contrincante. De acuerdo con Brzezinski, «El colapso de su rival dejó a los Estados Unidos en una posición única: se convirtieron, simultáneamente, en la primera y única potencia realmente global»7. «El ejercicio del poder «imperial» estadounidense se deriva en gran medida de la organización superior, de la habilidad para movilizar con rapidez vastos recursos económicos y tecnológicos con propósitos militares, del vago pero significativo atractivo cultural  del  American  way of life y del franco dinamismo y la inherente competitividad de las élites sociales y políticas estadounidenses»8.

El alcance militar global, su preponderancia económica y tecnológica, además de su importante ascendencia cultural sobre la juventud por medio de un impresionante aparato de captura que usa como herramienta a las comunicaciones globales (videojuegos, películas…) reafirman la universalización del occidentalismo.

El desafío no es llegar al poder, sino mantenerse. De acuerdo con Brzezinski, para mantener su posición hegemónica, Estados Unidos debe concretar sus objetivos estratégicos que se traducen en obtener el mayor grado de influencia en Eurasia, región que se constituye en el gran tablero mundial9, en ese sentido surge la urgencia de trazar una estrategia estadounidense para la región.

Una aproximación superficial de la región euroasiática nos permite identificar la necesidad de su control e influencia. «Eurasia es el mayor continente del planeta y su eje geopolítico. La potencia que domine Eurasia podrá controlar dos de las tres regiones del mundo más avanzadas y económicamente más productivas. Un simple vistazo al mapa sugiere también que el control sobre Eurasia supondría, casi automáticamente, la subordinación de África, volviendo geopolíticamente periféricas a las Américas y a Oceanía con respecto al continente central del mundo. Alrededor del 75 % de la población mundial vive en Eurasia y la mayor parte de la riqueza material se concentra también en ella, tanto en sus empresas como en su subsuelo. Eurasia es responsable de alrededor del 60 % del PNB del mundo y de alrededor de las tres cuartas partes de los recursos energéticos conocidos»10.

Los cuantiosos recursos estratégicos que posee la región revisten una importancia estratégica para los intereses nacionales de Estados Unidos. El profesor Brzezinski plantea una geoestrategia para el continente euroasiático que, en principio, pasa por la identificación de los Estados euroasiáticos geoestratégicamente dinámicos con capacidad de tener ascendencia internacional, al igual que la identificación de los llamados Estados catalíticos.

Ante la identificación de esos Estados, la edificación de la política exterior estadounidense para Eurasia debe ser desviar, cooptar y/o controlar a esos Estados con el objetivo de preservar la influencia estadounidense en la región. Impedir la polarización de la región bajo un mismo liderazgo y la creación de un sistema de seguridad transasiático con la participación de la OTAN, constituyen los elementos geoestratégicos indispensables para mantener la influencia estadounidense en la región.

El crecimiento económico y militar de China ha permitido ampliar su influencia en la región euroasiática. Ante este escenario, Estados Unidos tendrá que perfeccionar su geoestrategia, tejiendo incluso una red de alianzas que le permita seguir teniendo influencia en la región.

Con la aparición de la COVID-19 y la urgencia sanitaria que han sufrido los países europeos, los liderazgos euroasiáticos como China y Rusia han extendido su apoyo a diversos países en la región, entrando en el área de influencia de Norteamérica, un jugador geoestratégico importante.

COVID-19, ¿elemento de reconfiguración mundial?

«El esfuerzo de crisis, por extenso y necesario que sea, no debe desplazar la urgente tarea de lanzar una empresa paralela para la transición al orden posterior al coronavirus» - Henry Kissinger “The coronavirus Pandemic Will Forever Alter the World Order”11

En el contexto de una guerra comercial entre Estados Unidos y China12 iniciada antes de 2018, las tensiones en el sistema internacional van en constante agudización, bajo este panorama aparece un nuevo fenómeno que se constituye en un reto para las grandes potencias y los Gobiernos locales.

A finales del 2019 y principios del 2020, la provincia china de Wuhan fue epicentro de un brote infeccioso generado por un patógeno conocido mundialmente como la COVID-19. La propagación del virus fue exponencial, llegando a ubicarse en poco tiempo en 81 060 casos confirmados, 3 261 decesos y 72 252 recuperados. La propagación global fue inminente, llegaron a registrarse al término de este documento, 9 184 976 casos confirmados, 474 609 decesos en todo el mundo13.

El principal problema que subyace a la pandemia es la gran interrogante en torno a su aparición. Muchos han especulado acerca del origen del virus, si realmente fue un accidente en un laboratorio de bioseguridad en Wuhan, o un mecanismo de guerra biológica para poner en jaque al gigante asiático y detener su avance como jugador estratégico global. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la comunidad de reconocidos científicos y epidemiólogos han descartado dicha teoría conspirativa.

El incremento de la población, aunado al acelerado avance de la globalización a la cual se encuentran suscritos el comercio, la tecnología y las relaciones internacionales, ha permitido un desplazamiento importante de patógenos haciendo vulnerable a la población mundial.
Medidas drásticas de aislamiento colectivo para la contención del virus fueron tomadas por diversos gobiernos. El estado de alarma general y las repercusiones sociales y económicas proyectan un ambiente poco esperanzador para la población mundial. La proyección del impacto económico es incierta.

La pandemia global ha generado un efecto económico bastante pernicioso a las potencias hasta ahora emergentes, entre ellas China. Sin embargo, el fenómeno puede verse como una oportunidad para reconfigurar el sistema internacional y cambiar la correlación de fuerzas a favor de un jugador estratégico particular.

Acciones políticas y militares adoptadas por las grandes hegemonías así lo demuestran. El gigante asiático sigue librando una batalla importante a lo interno de sus fronteras, incluso ha ido más allá, enfrentando la pandemia a nivel global y enviando ayuda médica necesaria para los países que la necesiten. La pugna por la supremacía global se intensifica.

Mientras el epicentro de la pandemia se centra en Europa, Estados Unidos envía 30 000 soldados en la maniobra militar denominada Defender Europe 2020, desembarcando alrededor de 20 000 soldados en varios puertos europeos entre ellos, Polonia, Alemania y Países Bajos, los cuales se unirán con 9 000 que ya estaban en diferentes bases militares en Europa. Esta estrategia puede ser entendida a la luz de la geopolítica a lo que el coronel del Ejército de Tierra, Pedro Baños, señala como el puñetazo en la mesa. «Los poderes hegemónicos de vez en cuando tienen que dar un golpe de efecto y mostrar su potencia para que los aspirantes a ocupar su puesto no se muestren excesivamente confiados en poder alcanzarlo con prontitud. Sería lo que vulgarmente se denomina “dar el puñetazo en la mesa”, como forma de poner sobre aviso a los arribistas dispuestos a desalojar a quien tiene el poder»14.

Esto le permitiría a Estados Unidos reforzar su posición en torno a Eurasia, fortaleciendo a sus aliados en la región y aumentando la presencia militar en una zona que es, de acuerdo con Brzezinski, de alto valor estratégico para los intereses nacionales de los Estados Unidos.

Por su parte, China ha dispuesto de un número importante de medicamentos y de personal sanitario que han sido enviados a los países más golpeados por la pandemia. Esto le permitirá fortalecer vínculos y tejer nuevas alianzas con países hasta entonces indiferentes y en algunos casos antagónicos a Pekín. Esa ayuda sin duda tiene una amplia intencionalidad de carácter geopolítico.

En los últimos días, las tensiones han llegado a su punto más crítico. Los señalamientos realizados por Estados Unidos y otros países en relación con la responsabilidad de China en la contención y propagación del virus por todo el mundo cada vez son mayores.

A la par de los señalamientos realizados por sus rivales geopolíticos, China sigue apostando en medio de la pandemia a la utilización del soft power que, bajo el manto de ayuda humanitaria, tratará de crear una nueva correlación de fuerzas en el sistema internacional. Pero ¿cuál será el riesgo de forzar una nueva correlación de fuerzas?, alterar el equilibrio del sistema internacional nos podría llevar a una confrontación que traería perdidas incalculables para la humanidad.

El exasesor de seguridad de Jimmy Carter, Henry Kissinger ha sostenido en un artículo publicado recientemente en The Wall Street Journal, titulado, “The coronavirus Pandemic Will Forever Alter the World Order”, que la pandemia sin duda alterará el orden mundial y que, ante este fenómeno, surge la necesidad de «salvaguardar los principios del orden mundial liberal». Apelando a los principios de legitimidad y equilibro, sostiene que «Las democracias del mundo necesitan defender y sostener sus valores de la Ilustración. Un retiro global del equilibrio del poder con la legitimidad hará que el Contrato Social se desintegre tanto a nivel nacional como internacional. Sin embargo, esta cuestión milenaria de legitimidad y poder no puede resolverse simultáneamente con el esfuerzo por superar la plaga COVID-19. La restricción es necesaria en todos los lados, tanto en la política nacional como en la diplomacia internacional. Se deben establecer prioridades»15.

Hoy, cuando el mundo está paralizado, las relaciones internacionales siguen en movimiento.

Conclusión

China ha logrado abrirse camino en el escenario internacional. Su crecimiento económico y militar le ha permito expandir su área de influencia, creando incluso organismos supranacionales dirigidos por el gigante asiático.

Por su parte, Estados Unidos sigue fortaleciendo su posición hegemónica mediante la disuasión con el poderío militar. Lo que le ha permitido fortalecer su área de influencia a la vez que protege sus intereses nacionales.

Eurasia, de acuerdo con Brzenzinski, es un territorio de cardinal importancia para Washington, por lo que se constituye en una necesidad proteger su zona de influencia en la periferia euroasiática.

Ante la aparición de la COVID-19 y la apresurada gestión de crisis que han tenido que desarrollar algunos gobiernos, las relaciones internacionales y los intereses geopolíticos de las hegemonías globales se redefinen.

La utilización del soft power bajo la fachada de ayuda humanitaria, por una parte, y la aplicación del hart power instrumentalizado en la operación Defender Europe 2020, son las acciones aplicadas por los grandes jugadores geoestratégicos (China y Estados Unidos) para reconfigurar el sistema internacional. Todas estas acciones bajo la justificación de proteger a la población mundial de la COVID-19.

Las tensiones seguirán intensificándose en la medida que cada jugador ejecute movimientos geopolíticos que afecten los intereses nacionales de su contraparte. Y más precisamente que vayan dirigidos a romper el sistema de alianzas edificado por cada una de ellas, reduciendo su área de influencia.

Sin duda, la COVID-19 será utilizado como elemento geopolítico. Ayuda humanitaria, protección militar y, finalmente, el desarrollo de la vacuna serán los elementos necesarios para acercarse a la cúspide del liderazgo mundial. De la misma manera, la recomposición económica y social de la era post pandemia será un elemento vital que coadyuvará a alcanzar la supremacía mundial.

 

José Rafael Belisario Flores*

Doctorando en Ciencia Política, Universidad Simón Bolívar, Venezuela

 

Bibliografía y notas al pie:

1-BAÑOS, Pedro. Así se domina el mundo, Bogotá D.C, Colombia: Editorial Planeta Colombiana, 2017, p. 245.

2-MARTÍNEZ, Luis. “Los Estados Unidos y el ascenso de China. Implicaciones para el orden mundial”, Fundación CIDOB. Número 17. España, Barcelona, p. 16. Disponible en: https://www.cidob.org/publicaciones/series_pasadas/documentos/asia/los_estados_unidos_y_el_ascens o_de_china_implicaciones_para_el_orden_mundial

3-MARTÍNEZ, Luis. “Los Estados Unidos y el ascenso de China… op. cit., p. 31.

4-Ibid., p. 32.

5-Ibid., p. 69.

6-CHOMSKY, Noam. ¿Quién domina el mundo?, Bogotá D.C, Colombia: Ediciones B,S.A, 2016, p. 303.

7-BRZEZINSKI, Zbigniew. El gran tablero mundial, editor digital: chungalitos, 1997, p. 16.

8-Ibid.

9-Brzezinski, lo denomina gran tablero mundial, debido a la extensión de territorio que abarca desde Portugal al Estrecho de Bering y desde Laponia a Malasia. En todo ese territorio, Estados Unidos debe ser un buen jugador geoestratégico para reafirmar su supremacía, gestionando la resolución de conflicto y mejorando las relaciones en Europa, Asia y Oriente medio. Evitando el surgimiento de una potencia regional que le reste influencia en la zona.

10-BRZEZINSKI, Zbigniew. “El gran tablero, op. cit., p. 41.

11-KISSINGER, Henry. (abril de 2020). “The coronavirus Pandemic Will Forever Alter the World Order”. The Wall Street Journal. Disponible en: https://www.wsj.com/articles/the-coronavirus-pandemic-will- forever-alter-the-world-order-11585953005

12-La guerra comercial comenzaría con dos grandes empresas tecnológicas Huawei y Google.

13-Datos de la Universidad John Hopkins. Consultado 6/23/2020. Disponible en: https://coronavirus.jhu.edu/map.html

14-BAÑOS, Pedro. Así se domina el, op. cit., p. 207.

15-KISSINGER, Henry. (abril de 2020). “The coronavirus Pandemic Will Forever Alter the World Order”. The Wall Street Journal. Disponible en: https://www.wsj.com/articles/the-coronavirus-pandemic-will- forever-alter-the-world-order-11585953005

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