Opinión

Desatemos a Europa

Unión Europea

Por fin llegó la noticia que tanto esperábamos. El pasado 3 de febrero de 2021 los Estados miembros de la Unión Europea aprobaron el formato de la Conferencia sobre el Futuro de Europa, y que ésta sea finalmente lanzada el 9 de mayo de 2021, Día de Europa, bajo presidencia portuguesa, con la coletilla de “si las circunstancias sanitarias ligadas a la pandemia lo permiten”.  Reduce su duración de dos a un año (lo que afecta notablemente al margen de actuación), y contará con la presidencia conjunta de los responsables de las principales instituciones comunitarias, evitando así la dificultad manifiesta a la hora de encontrar una “personalidad europea eminente que actuaría como presidente único e independiente” que presidiera la conferencia, según rezaba la propuesta inicial, y que ha sido una de las razones del retraso del lanzamiento. La iniciativa se debería haber lanzado el pasado 9 de mayo de 2020, como un compromiso de la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, en su discurso de investidura pronunciado en julio de 2019, y coincidiendo con la Cumbre de Jefes de Estado o de Gobierno de la Unión Europea, que se había previsto organizar bajo presidencia croata del Consejo de la Unión Europea en Dubrovnik. 

Lamentablemente en marzo de 2020 llegó la pandemia de la COVID-19, frenando en seco lo que parecía un avance imparable hacia un progreso que no paraba de abrirse camino ante multitud de desafíos y crisis, como la crisis económica global de 2008, de la cual nos empezábamos a recuperar, acompañada de la crisis del Euro en esta región del mundo, que puso en jaque a muchos de los países europeos, y creó división entre estos debido a las medidas de austeridad que se tomaron para paliarla. La crisis de los refugiados y humanitaria, que nos ponía ante el espejo de lo que es y debe ser Europa, haciendo sentir vergüenza de nosotros mismos como proyecto, inconscientes muchos de que la Unión Europea no tenía competencias para afrontarla y que las decisiones se tomaban en los Estados miembros, en algunos de ellos con mucho desacierto, todo hay que decirlo, y provocando una reacción ciudadana que invitaba a buscar soluciones y tomar medidas urgentes, demandando “Más Europa”. Algo hemos avanzado, aunque aún queda mucho por recorrer en este tema, y vemos cada día, con la misma vergüenza e impotencia, que el problema sigue presente. La crisis del Brexit, materializada el pasado 31 de diciembre de 2020, que nos mostraba cómo era posible lo imposible, y cómo la ineptitud de unos pocos ponía en riesgo un proyecto de unión cuyo círculo de estrellas sobre fondo azul parecía inquebrantable. Nunca tuvo más fuerza la premisa de que “la unión hace la fuerza”, sobre todo viendo lo que se nos venía encima. La crisis de los populismos y extremismos que resurgen de cenizas que pensábamos que se había llevado el viento, pero cuyos restos aún presentes en algunas mentes inconscientes, aprovechan las crisis, y la debilidad que éstas causan en las personas, como una oportunidad para despertar fantasmas que creíamos desaparecidos, haciéndonos temblar con incredulidad ante espectáculos, discursos y propuestas que podrían calificarse sólo como bochornosas, si no fuese por la temeridad que desprenden poniendo en riesgo nuestros valores y el modelo europeo que tanto nos ha costado construir para huir de la barbarie. El populismo y el extremismo no tienen cabida en una Europa que promulga la paz, la democracia, los Derechos Humanos, la solidaridad, la unidad, la igualdad, la diversidad, la integración y el progreso…esa Europa que muchos soñamos, en la que creemos y por la que luchamos.

Quiero creer que este año de espera no ha sido en vano y ha merecido la pena, pues nos ha permitido reflexionar, y la crisis causada por la COVID-19 en la que actualmente estamos, la mayor a nivel global en décadas, nos ha servido para reflexionar y dar sentido a una Conferencia que llega en un momento crucial, no de nuestra historia europea, sino de nuestra historia como Humanidad. No en vano se dice que la Unión Europea avanza a golpe de crisis. Creo sinceramente que nos enfrentamos a un cambio de era, y tenemos el privilegio de ser testigos, pero también la posibilidad y obligación, como ciudadanos, de ser actores clave para elegir el camino que queremos seguir. 

Europa será lo que los ciudadanos quieran que sea, y ahora es el momento de ponerlo en práctica. Actualmente nos encontramos en este periodo de transición entre lo que fuimos y lo que seremos, con la ventaja de que somos conscientes de ello y tenemos las herramientas para hacer posible el cambio a mejor. Algunas de las iniciativas lanzadas por la actual Comisión Europea han tenido el beneplácito del público: de los gobiernos, de las regiones, de los municipios, de los partidos políticos, de la sociedad civil, de la academia, de la industria y la empresa, y de la ciudadanía, pues responden a retos que intentan corregir nuestros errores del pasado. El Pacto Verde, con el objetivo de que la Unión Europea sea un proyecto de sostenibilidad, que cuide el medio ambiente y que consiga revertir el gran impacto y huella medioambiental que estamos dejando a nuestras generaciones venideras, y muy en línea con otra de las iniciativas banderas de este siglo, la Agenda 2030 y sus conocidos Objetivos del Desarrollo Sostenible, que poco a poco empezamos a abrazar -obligados nos veamos- pretendiendo un mundo mejor, y donde nadie se quede atrás. La nueva Estrategia Digital Europea, que llega en un momento clave, y a la que la pandemia de la COVID-19 ha dado especial sentido, y un gran empujón, pues según los expertos hemos avanzado más de una década en el uso de herramientas digitales hasta ahora infrautilizadas. Muchos hemos convertido lo digital en la cuerda de salvamento a la que agarrarnos ante la imparable caída que sufríamos. Una cuerda que estoy seguro acabará siendo una extensión de nuestro cuerpo, como lo son para muchos ya las pantallas y teclados que nos acompañan a diario en infinidad de tareas. Me gustaría también destacar el lanzamiento, hace tan sólo unos días, el pasado 18 de enero, de la primera fase de Nueva Bauhaus Europea, una iniciativa lanzada también por la presidenta Von der Leyen en su discurso sobre el Estado de la Unión de 2020. Pretende que la cultura y la creatividad generen el impulso que necesitamos hacia los objetivos que se buscan con el Pacto Verde, donde diseño, accesibilidad, eficiencia, asequibilidad, sostenibilidad e inversión sean los pilares para desarrollar un futuro donde nuestros valores sigan principios de sostenibilidad, estética e inclusividad. Por fin la Cultura encuentra su sitio en Europa, aunque siempre ha estado presente y sólo hacía falta mirar con el prisma adecuado.

Los ciudadanos deben marcar el rumbo de Europa, pues como decía Jean Monnet, “no coaligamos Estados, unimos personas”. Durante la crisis de la pandemia han puesto de manifiesto la Europa que quieren y la dirección en la que se debe trabajar, para que la Unión Europea tenga futuro. Sus miradas, y sus demandas, se dirigen a Europa cada vez que hay un problema, pues entienden que, como decía Ortega y Gasset, “Europa es la solución”. Pero Europa nació con las manos atadas, y tenemos en la Conferencia sobre el Futuro de Europa una oportunidad para liberarla y desatar todo su potencial. La ciudadanía demanda más competencias a Europa y los Estados miembros deben escuchar a sus ciudadanos y ceder competencias a Europa, especialmente en aquellos asuntos donde se ha demostrado que somos mucho más eficientes y obtenemos mejores resultados cuando trabajamos juntos (léase, competencias en materia de Salud pública, como se ha visto en la gestión de la pandemia de la COVID-19). 

Esta Conferencia sobre el Futuro de Europa debe permitirnos también crear una mayor integración, e incluso contribuir a desarrollar una identidad europea común, latente en nuestras conciencias, pero encerrada en nuestros estereotipos. Me refiero a que hay que dar alas a quien no nació para vivir entre paredes, muros o fronteras, y otorgar a la UE mayores competencias en materia de cultura. No teman aquellos que creen que sería el fin de la diversidad cultural europea y tenderíamos hacia una cultura homogénea, pues no en vano la Unión Europea tiene como lema “Unidos en la Diversidad”, y la diversidad cultural de cada rincón de Europa estará protegida y garantizada. Se trata de dotar a Europa de Alma, como clamaba Jacques Delors, y que mejor manera de hacerlo que a través de la cultura. La iniciativa de la Nueva Bauhaus Europea es un buen primer paso, pero no suficiente, si bien demuestra cuán importante la cultura y la creatividad pueden ser en nuestra vida en común, y, por lo tanto, cuán importante es que la UE pueda legislar y decidir en esta materia. 

Si hablamos de Alma, hablamos también de Humanidad, y hablamos de vida y valores que promulgamos, pero no podemos defender como europeos, pues carecemos de competencias para ello, tal y como ha demostrado la crisis de inmigración y/o refugiados que llevamos años viviendo. Esta es otra área donde la Unión Europea debe avanzar y ser fortalecida. Europa necesita también más competencias en materia de inmigración.  

Se trata en definitiva de aprovechar esta Conferencia sobre el Futuro de Europa para promover un cambio de modelo y completar el sueño europeo que iniciaron los padres (y madres, que también las hubo) fundadores de la Europa que hoy conocemos. La Conferencia debe servir además de antesala a una nueva Convención europea que, o bien nos permita modificar sustancialmente los Tratados para acomodar las propuestas realizadas en los párrafos anteriores, o bien, preferiblemente, nos lleve hacia una Constitución Europea que refuerce plenamente nuestro proyecto de integración. La decisión debe ser firme, pues en el mundo global actual es claro y manifiesto que sólo unidos podremos sobrevivir, y la Unión Europea es la mejor opción que tenemos para hacerlo posible. La Sociedad Civil organizada tiene un papel crucial en este proceso.

Miguel Ángel Martín Ramos, responsable de Asuntos Europeos y delegado en Bruselas de la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste y miembro del Consejo Científico de Citizens pro Europe