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Opinión

Draghi pierde a su mejor aliado: el crecimiento económico

Mario Draghi

Acaban de conocerse las previsiones de crecimiento de la Comisión Europea para el año 2022 y confirman lo peor que le puede suceder a un gestor económico del prestigio de Mario Draghi: el crecimiento económico va hacia abajo y cada vez se percibe más cercano un horizonte de recesión. Así, para una economía que en 2020 perdió 9,0 puntos de su Producto Interior Bruto (PIB) y que en 2021 (con el Gobierno Draghi “in carica” desde el 13 de febrero de ese mismo año) recuperó nada más y nada menos que 6,6 puntos, ahora la previsión de crecimiento para 2022, que ya había sido rebajada por el ministro de Economía y Finanzas (Daniele Franco) al 3,3% hace un mes, se va a un pobre 2,4%. Dentro del llamado “big four” (Alemania, Francia, Italia y España), solo los alemanes tienen previsto un crecimiento menor (en concreto, un 1,6%), con la diferencia de que los alemanes no perdieron nueve puntos en 2020, sino tan solo 4,6; y de que en 2021 crecieron hasta un 6,9%, es decir, tres décimas por encima de Italia.

Frente a esta realidad, la Comisión prevé que Francia crezca en este año un 3,1%, mientras España (que es la que tiene más margen para crecer porque fue la que más perdió en 2020 y la que, a su vez, menos recuperó en 2021) en este momento se mueve en la cifra del 4%. Cifras que, en todo caso, da la impresión de que en cuestión de semanas de nuevo serán revisadas a la baja, lo que seguramente debilitará aún más la figura de Mario Draghi como gestor.

Ciertamente, todos sufren las consecuencias de la guerra que se lleva librando en territorio ucraniano y que tiene su punto de inicio en el pasado 24 de febrero, ya que el encarecimiento de la energía y la dependencia de las fuentes rusas está teniendo un impacto directo sobre los costes de producción y sobre el poder adquisitivo del consumidor, cada vez más menguado. El problema, en el caso de Draghi, es que, por mucho que él defienda que lo único que hace es alinearse con la política de “mano dura” de la Unión Europea hacia la Federación Rusa, ha sido él en persona, junto con el presidente francés (Macron), quienes han decidido priorizar la derrota de Putin a una posible paz negociada o incluso a un abandono de Ucrania a su suerte, como sí sucedió, en cambio, con la antigua Yugoslavia entre 1991 y 1995.

Lo más llamativo es que, a pesar de esta realidad, la “maggioranza” que sostiene al Gobierno Draghi, y que implica a todos los partidos importantes excepto los Hermanos de Italia de Meloni, sigue sin moverse: nadie sale de la misma. Eso sí, no se oculta a nadie que todas las formaciones políticas, sabiendo que ya se ha iniciado la cuenta atrás para unas elecciones generales que podrían tener lugar en la primera mitad de marzo de 2023, se han metido en campaña y el “desmarque” de lo que hace Draghi cada vez se oculta menos.

Y es que, en esencia, aunque todos hablen de quieren la “paz”, en realidad cada uno tiene una manera diferente de concebirla: para Draghi (cuyos apoyos más fuertes son este momento el Partido Democrático (PD) e Italia Viva) “paz” es sinónimo de derrota del Ejército ruso, ya sea que decida retirarse a sus fronteras o que pierda en el campo de batalla con el cada vez más envalentonado Ejército ucraniano. En cambio, para Salvini “paz” es sinónimo de sentarse a negociar con la Federación Rusa, contra los deseos del gobierno ucraniano, y ceder, si es necesario, la parte más oriental de Ucrania (Donbass, Donetsk y Lugansk, fundamentalmente).

Fiel a su manera de concebir la política, el líder de la Lega ha comenzado a azuzar el malestar creciente en la sociedad transalpina con la subida constante del coste de la vida, que está mermando el nivel de riqueza disponible para una economía con fuertes desigualdades entre su zona más septentrional y la más meridional. Con lo que, en la práctica, por mucho que tres de los suyos integren en este momento el Consejo de Ministros presidido por Mario Draghi, el político lombardo está haciendo campaña contra el economista y financiero romano. Y es que es mucha la diferencia de lo que se juegan ambos: para Salvini estas elecciones que tendrán lugar en principio a comienzos del año que viene (si no se anticipan a los últimos meses de 2022) son seguramente su última ocasión de convertirse en primer ministro, tras una carrera política que dura ya casi tres décadas y donde ha sido concejal, eurodiputado, diputado, senador, ministro del Interior y hasta viceprimer ministro. En cambio, Draghi solo pone en riesgo sus posibilidades de ser presidente de la República, para él algo anhelado, pero que quedarse sin ello no supondría mayor problema con las importantísimas “magistraturas” que ya ha ostentado, entre las que destacan haber sido gobernador del Banco de Italia, presidente del Banco Central Europeo y “premier”, por mencionar las últimas que ha desempeñado.

No obstante, Salvini no es el único problema para Draghi: también lo es el alicaído Movimiento Cinco Estrellas. Es el otro partido que se ha ido posicionando en contra de la postura del primer ministro en relación con lo que está sucediendo en Ucrania. Como a Salvini, a este peculiar partido le gusta tirar de demagogia y populismo, y ha enfocado sus críticas hacia el excesivo gasto militar que, a su parecer, debería destinarse a mejorar la calidad de vida de sus conciudadanos. Y todo ello a pesar de que las autoridades comunitarias acaban de reconocer que en los últimos años la mayor parte de los Estados miembros han ido reduciendo sus presupuestos respectivos en materia de Defensa. Pero, al igual que Salvini, de momento se niegan a abandonar la “maggioranza” que sostiene al Gobierno. 

Los más relevante de todo esto es que precisamente estas dos formaciones (Lega y Cinque Stelle) son aquellos sin cuyos votos Draghi no podría gobernar: ¿a qué esperan, entonces, para abandonar el Consejo de Ministros y pasar a la oposición en la que ya se encuentra la romana Meloni? Sea cuales sean sus razones, ambos se encuentran muy preocupados por su horizonte electoral. Recordemos que en un Parlamento que va a pasar de 945 miembros a solo 600, Salvini necesitaría un tercio de los votos en las elecciones para que sus grupos en ambas Cámaras revalidaran escaño, cuando las encuestas le están dando menos de lo que logró en marzo de 2018 (claramente por debajo del 20% del voto directo). Peor es aún la situación de Cinco Estrellas, que requeriría del 50% de los sufragios emitidos para que los diputados y senadores que lograron escaño hace cuatro años pudieran volver a sentarse en los mismos.

La realidad es que aún falta mucho tiempo para saber de qué manera va a concluir todo esto: mientras la guerra continúe su curso, la gestión económica del Gobierno Draghi irá hacia abajo; pero, si Putin es derrotado en las semanas venideras (lo que resulta plausible viendo que los rusos van de revés en revés), para finales de año se puede haber comenzado a dar la vuelta a la realidad actual. Eso lo sabe Draghi, y por ello no hace más que pisar el acelerador en forma de aumento de las sanciones económicas contra la Federación Rusa. Veremos cómo acaba todo esto, pero la realidad es que el prestigio de Draghi se puede tornar en creciente impopularidad. Y, mientras, Salvini y Cinco Estrellas recuperando parte del apoyo perdido. La única realidad es que se ha entrado en la cuenta atrás para las elecciones generales y el inicio de la XX Legislatura de la República italiana nacida el 2 de junio de 1946. Lo que supone, en la práctica, que los partidos se sienten cada vez más libres de apoyar a un Draghi que, eso sí, sigue contando con la plena confianza del presidente de la República, pero ya se sabe que en un país donde el Parlamento tiene tanta fuerza la clave está en lo que decidan los partidos políticos. De momento, todos siguen apoyando al actual Ejecutivo, pero, ¿hasta cuándo llegará este apoyo? Lo sabremos en meses venideros, pero ahora resulta cada vez más claro que el viento sopla cada vez más fuerte en contra del Gobierno Draghi: es lo que tiene, en suma, gobernar y tomar decisiones arriesgadas.

Pablo Martín de Santa Olalla Saludes es profesor del Centro Universitario ESERP y autor del libro ‘Historia de la Italia republicana, 1946-2021’ (Sílex Ediciones, 2021).