Opinión

Draghi saca galones ante la Unión Europea

Atalayar_Draghi

Parece claro que ha comenzado una nueva etapa en las relaciones entre Italia y la Unión Europea. Porque ahora está al frente del Gobierno italiano no un político de bajo nivel o de mínima relevancia, sino una de las figuras más prestigiosas del mundo financiero y económico mundial. Y así se está poniendo de manifiesto a lo largo de las primeras semanas de este banquero y economista como presidente del Consejo de Ministros italiano. Y, ciertamente, las autoridades comunitarias comienzan a sufrir las consecuencias de ello. Porque la realidad es que a Draghi no le está gustando nada la manera de actuar de la Unión Europea y no piensa consentir que se siga funcionando con esa forma tan ramplona de actuar que distingue a las autoridades comunitarias. Prueba de ello es que hace unas semanas abroncó sin mayores contemplaciones a la presidenta de la Comisión (la alemana Von der Leyen) a cuenta de la vacuna AstraZeneca y ahora ha pasado directamente a realizar una advertencia seria: o se comienza a actuar de otra manera, o su Gobierno comenzará a ir por libre. Hay mucho dinero en juego, la tercera economía de la eurozona está más endeudada que nunca y solo faltaba que la actividad económica no volviera a recuperarse porque la burocracia comunitaria sigue actuando a un ritmo que no se puede consentir para la gravísima situación que se vive.

Debe tenerse en cuenta que Draghi es una persona muy poderosa, pero no en el sentido de riqueza personal o de otro tipo, sino en el de que, debido a sus años al frente del Banco Central Europeo (2011-2019), forjó una agenda de contactos que le hacen tener mucha más influencia de la que se cree. Por poner un ejemplo, su sucesora al frente del BCE, Christine Lagarde, le consulta permanentemente sobre cómo gestionar esta entidad porque, además de que la labor de Draghi al frente del BCE no pudo ser más exitosa, Lagarde es jurista y no economista ni banquera, por lo que posee importantes lagunas de conocimiento que Draghi le ayuda a cubrir. Pero no sólo Lagarde le consulta. También numerosos inversores, agencias de calificación y no pocos jefes de Estado y de Gobierno.

Pero es que, además, Draghi sabe que este es su momento para liderar la Unión Europea. En Alemania, la CDU, partido que lleva tres lustros gobernando el país ya sea de manera individual, en “gran coalición” o con los liberales, está sin líder y acaba de sufrir los dos primeros descalabros electorales en los comicios al gobierno de dos ‘lands’. En el caso francés, Macron acusa el degaste de cuatro años al frente de la Presidencia republicana y comienza a ocuparse de una muy posible reelección presidencial, ya que tiene elecciones convocadas para mayo de 2022. Y qué decir del caso español, la otra economía europea importante dentro del grupo de las llamadas ‘big four’: quien escribe estas líneas no quiere ni pensar en las primeras conversaciones que Draghi pueda mantener con Pedro Sánchez. Mientras el primero es todo un doctor en Ciencias Económicas por el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachussetts (Estados Unidos), Sánchez lo es por una universidad privada que casi nadie conoce (mejor no la citamos) y su tesis doctoral, aunque realmente no es ningún plagio, produce vergüenza ajena. Tanto es así que Sánchez se ocupó de dejarla en depósito en esta universidad para que solo aquellos a los que él diera permiso pudieran consultarla, sin saber que alguno de los miembros del tribunal se lo acabaría dando a la prensa, lo que finalmente así sucedió. Generando el consiguiente estupor entre la población española sobre la cualificación real de quien es la segunda autoridad del país.

Draghi, en cambio, sabe perfectamente lo que tiene que hacer y básicamente se juega su prestigio. Ha logrado el apoyo parlamentario de todas las fuerzas importantes y ha conformado lo que podríamos denominar el “gobierno de los mejores”. Como hombre de Estado que es, seguramente poco le preocupe el quedarse sin ser Presidente de la República: él no dejará la presidencia del Consejo de Ministros hasta que la economía esté más que encarrilada, y puede que para ello necesita agotar la legislatura, para lo que quedan casi dos años completos.

Este discreto, pero decidido primer ministro sabe que está ante una ocasión única para revertir los problemas que afectan al país. Y si la Unión Europea sigue actuando con la misma parsimonia con la que lo ha hecho hasta ahora, que no cuenten con él. De ahí que haya recordado que, por mucho que se cuestionara la vacuna de AstraZeneca, su mismísimo hijo, que reside en Reino Unido, ya se le ha puesto, y a él, que le toca hacer lo mismo dentro de poco (recordemos que ya tiene 73 años), no se lo pensará dos veces (el presidente Mattarella, por cierto, ya se ha vacunado también con AstraZeneca). Y si hay que tirar de la vacuna rusa (la llamada Sputnik), lo hará sin contemplaciones.

El objetivo es claro: en cuestión de semanas se debe estar vacunando a 500.000 italianos por mes, y se debe llegar al verano con el 80% de la población inmunizada. Y lo va a hacer con o sin la ayuda de la Unión Europea. La pregunta ahora es fácil de adivinar: ¿quién se atreve a llevar la contraria a Draghi entre los mandatarios de la UE? Absolutamente nadie. Porque el único que puede hacerlo, que no es otro que el holandés Mark Rutte, reciente vencedor en las elecciones generales celebradas en los Países Bajos, lidera un país que tiene en torno al 27% de la población de la que hay en Italia, y su economía viene a ser en torno a un 20% de la transalpina. Así que ni Rutte se atreverá a llevarle la contraria. Y es que Draghi ha decidido sacar galones, consecuencia de una extraordinaria carrera tanto en el mundo privado de las finanzas como de las instituciones tanto italianas como europeas.

Ciertamente, ha comenzado un nuevo tiempo. Ahora la tercera economía de la eurozona está gobernada por el mejor, rodeado a su vez por los mejores (Cingolani, Cartabia, etc.), y, mientras los apoyos parlamentarios se mantengan, Draghi irá de manera paulatina liderando una Unión Europa que aún no ha salida de la llamada “emergencia sanitaria”, pero que ya sufre las consecuencias de la “emergencia económica”. En el caso transalpino, la ciudadanía puede al fin respirar tranquila. Gracias a dos democratacristianos (Mattarella y Renzi, el segundo haciendo caer el Gobierno anterior y el primero encargando a Draghi conformar el siguiente), él pudo ser primer ministro. Y ahora será él quien decida lo que se deba hacer sin la más mínima cortapisa a su labor. ¿Por qué no haremos en nuestro país lo mismo cuando tenemos personas con el mismo nivel de preparación? Una “domanda” ciertamente difícil de responder: la cruda realidad es que, de momento, es lo que nos toca. Afortunados en esta ocasión, ciertamente, los italianos.

Pablo Martín de Santa Olalla Saludes es profesor de Historia Europea en el Centro Universitario ESERP y autor del libro ‘Italia, 2018-2023. Del caos a la esperanza’ (Madrid, Liber Factory, 2018).