Opinión

Duelo al sol entre cinco ministros europeos para el rescate de la crisis

Eurogrupo

Mutualizar la deuda. Esa es la intención de los países del sur de Europa que ha provocado la quiebra en el seno de la Unión Europea hasta el punto de que, después de dos días de reunión accidentada del Eurogrupo, algunos análisis empiezan a valorar la posibilidad de que la crisis del coronavirus termine llevándose por delante la moneda única o incluso el proyecto de una Europa Unida. El tiempo dirá si la sociedad continental que nace tras este desastre sanitario deja atrás la UE o no, pero de momento las discusiones son lo suficientemente enconadas como para pensar que la ruptura es posible. 

El debate se centra en la herramienta que se va a utilizar para apoyar a aquellos miembros que se vean en dificultades a la hora de afrontar la depresión económica derivada del cierre de sus actividades productivas. Hay blanco o negro. Los que quieren que se pida el rescate y los que se niegan a esa estigmatización, que dejaría tocado su futuro para muchos años. Estos últimos abogan por una colectivización de los gastos que supongan sufragar el coste de la crisis, la ayuda a las empresas y a los gobiernos que vean reducido su PIB y aumentado su déficit hasta límites que pongan en duda su pertenencia al club europeo. 

El fondo de rescate, conocido como Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM en inglés, de European Stability Mechanism), está en todas las discusiones. Popularmente, lo hemos conocido como “los hombres de negro”, el personal enviado por Bruselas para intervenir una economía en quiebra e imponer las terribles decisiones necesarias para remontar el rumbo. Antes de empezar a hablar, suelen decretar una reducción drástica de las pensiones y el salario de los empleados públicos. Y luego, ya con más tiempo, se sientan a hablar del resto de medidas. Alemania y Países Bajos señalan a las economías en dificultades para que lo planteen. La condicionalidad para acceder a ese rescate es la clave de bóveda de esta discusión. Alemania está dispuesta a rebajar las exigencias pactadas para el MEDE, pero Países Bajos se niega alegando lo que siempre ha alegado el norte de Europa respecto a los PIG’s del sur: que la fiesta derivada de sus decisiones equivocadas no puede ser sufragada por los que han hecho bien las cosas, como si no hubiera pasado nada. La Haya plantea como solución un sistema de donaciones a través de transferencias de dinero a los países más necesitados tras el virus. El presidente del Eurogrupo, el portugués Mário Centeno, ha deslizado la propuesta de una financiación del 2% del PIB de los países con mayores dificultades, sin que se le llame a eso MEDE para que no sean obligatoria las condiciones leoninas que éste comporta.

Los Eurobonos son la solución para España e Italia, con Francia arrimada a esta postura. Compartir el coste del coronavirus con la emisión de deuda común de los veintisiete y compartiendo además el riesgo y la financiación. El Gobierno de Giuseppe Conte se niega a que el rescate suponga el estigma habitual para su país, como ocurrió con Grecia, Irlanda o Portugal en el pasado. Y España apela, para defender la mutualización de la deuda, a la responsabilidad del proyecto europeo y a su ideario primigenio para exigir que todos los países corran con las consecuencias de su propia imprevisión, que la ha convertido en el país con más muertos por millón de habitantes y han obligado a paralizar la economía de forma traumática y con unas consecuencias que pueden durar una década y provocar el empobrecimiento de una generación entera. Teniendo en su seno a formaciones de extrema izquierda, ni España ni Italia quieren oír hablar de un rescate al que han convertido desde hace años en el origen de todos los males del universo. 

Un programa común de recuperación sería la “tercera vía”, con fondos aportados por el MEDE, el Banco Europeo de Inversiones y el BCE, que es la propuesta francesa más novedosa hasta ahora. Pero ¿cómo llegará esa liquidez a las empresas, a los autónomos europeos, a las familias? La insoportable burocracia de las instituciones europeas amenaza con la ralentización de todo este proceso hasta que llegue a regar lo suficientemente la economía de base. El dinero aportado por la sociedad a través de impuestos le sería devuelto a la sociedad a través de ayudas, necesarias para evitar la ruina total a las economías más dañadas. 

La batalla se ha librado durante esta Semana Santa en las instituciones europeas. Los protagonistas del duelo al sol han sido los cinco ministros de Finanzas cuyos nombres ya van siendo familiares para la opinión pública del continente: Bruno Le Maire, Nadia Calviño, Roberto Gualtieri, Wopke Hoekstra y Olaf Scholz. Detrás de ellos, los jefes de gobierno que tendrán que refrendar sus decisiones en los Consejos Europeos, aunque de momento las decisiones consensuadas brillan por su ausencia.