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Opinión

Educación, pasaporte para la innovación y el éxito

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Si bien el desempleo continúa siguiendo una curva ascendente, una gran mayoría de las empresas se quejan de la escasez de talento, tienen dificultades para encontrar candidatos con el conjunto adecuado de habilidades.

Los sistemas educativos de muchos países mediterráneos están produciendo muchos graduados con habilidades que no coinciden con los exigidos por las empresas y que se necesitan en un mercado laboral competitivo. Hablamos de una generación de graduados y licenciados sin la formación y capacitación adecuada para contribuir productivamente a la economía.

Para resolver esta cuestión apremiante, gobiernos, empresas y el mundo educativo deben unir esfuerzos para alinear las habilidades con las necesidades. Las empresas pueden desempeñar un papel importante en el proceso de creación del empleo mediante el aprovechamiento adecuado de sus propios ecosistemas. El sector académico tiene que adoptar un enfoque más práctico y desarrollar programas de formación adecuados, centrándose en las prioridades inmediatas, al mismo tiempo que conduce reformas sistémicas de largo plazo. Asimismo, los gobiernos deben cambiar el marco: desde una posición de mando y control a una de comunicación y convocatoria. Se necesita un nuevo paradigma y solo trabajando todos en una asociación múltiple se puede aspirar a obtener resultados significativos.

El Mediterráneo debe prepararse para manejar las batallas globales de innovación, conocimiento y sostenibilidad. En la región, el desafío económico más inmediato no es la diversificación, ni los nuevos regímenes fiscales, es la creación de suficientes empleos productivos y sostenibles para su juventud. Al mismo tiempo, existe el reto de dotarse de la combinación de los talentos y habilidades que nos harán más competitivos en la revolución digital y la industria 4.0.

El cambio es un estado predeterminado, hay aprender a prepararse para ello, y nos enfrentamos a cambios sin precedentes, algunos de los cuales traen consigo amenazas de magnitud global y en escalas que pueden medirse en décadas. El alcance de la actual pandemia de COVID-19, por ejemplo, es una llamada de atención.

En este contexto, la educación se convierte en un recurso cada vez más importante para que el cambio no sea temido o inesperado, y esto plantea la cuestión del acceso universal. Cuanta más parte del mundo reciba una buena educación, mayores serán las posibilidades de enfrentarse a los cambios que ofrecen oportunidades y desafíos.

Las escuelas deben brindar una educación que produzca estudiantes que asuman riesgos sin miedo al cambio: innovadores, creativos, analíticos, tecno entusiastas, éticos y resistentes. Estos son los jóvenes futuros líderes del mañana. Una buena educación es una provisión tan importante y vital como tener casa, comida o sanidad.

Los jóvenes están preparados para hacer avanzar la sociedad y la economía, sin embargo, sin acceso a oportunidades de educación y capacitación de calidad, no pueden participar en la fuerza laboral del siglo XXI. El pasaporte para ganar es ofrecerles educación en los entornos más desafiantes, con las habilidades y la certificación que necesitan para crear un mundo mejor y más sostenible.

El progreso económico está relacionado con actividades de formación e innovación, y hay una correlación entre progreso social y la actividad empresarial. La innovación es el camino para la supervivencia y el desarrollo, el combustible para el progreso constante, y el modelo para el ascenso de una empresa o una nación.

La principal clave para la innovación es la formación. Las empresas que invierten en ofrecer a sus empleados los conocimientos adecuados son las que crecen. Los gobiernos deben hacer lo mismo, mejorando las cualificaciones y fomentando la innovación entre sus empleados y en el sistema educativo. Pero, además, los gobiernos han de reequilibrar el gasto, aparte de invertir infraestructura tangible y apostar de la misma forma por los intangibles como la educación, la investigación y el desarrollo.

Y, en este marco, la Universidad debe reducir la brecha entre el aula y la empresa, a través de programas prácticos que desarrollen las habilidades para la creación de empresas, la toma de decisiones y la gestión de riesgos.

Sacar provecho del potencial humano de un país equivale a disponer de una estrategia a largo plazo para hacer frente a la rapidez de los cambios del entorno y que garanticen el respeto de los derechos de los grupos e individuos.

Hay que definir las características de las políticas nacionales o regionales en materia de gestión del capital humano para un desarrollo sostenible, articular los compromisos y las prácticas de los protagonistas políticos y económicos en los ámbitos de la educación, la formación y el empleo, haciendo balance en términos de mejoras entre lo que se puede hacer y las perspectivas que se deben prever.

Los acontecimientos de los últimos años en ambas orillas del Mediterráneo están marcando la dirección que deben tomar los gobiernos: impulsar la formación continua y profesional y crear puestos de trabajo capaces de jugar un papel en un mundo abierto y global. El desafío es construir juntos una sociedad del conocimiento y la innovación basada en la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Así pues, sin una buena educación no hay orden de enseñanza y sin una buena enseñanza no hay buena formación y sin una buena formación no habrá desarrollo económico. La educación y la formación son los valores claves del éxito de toda nación. Lo contrario condena a un país a permanecer en el subdesarrollo, aunque el país disponga de recursos naturales o riquezas.

La educación es una fuerza poderosa que puede acelerar el crecimiento económico, mejorar la distribución de los ingresos, facilitar la movilidad social, y reducir la pobreza: algo que debe ser prioridad en la agenda política.