Opinión

El amateurismo de la diplomacia española

Atalayar_Aracha Gonzalez Laya

Hay situaciones desconcertantes. Es el caso del comportamiento de la diplomacia española en el asunto Ghali, Alias Benbatouche, que mostró un preocupante amateurismo para el propio Estado español. En este asunto, España salió mal parada.

En política, hay un adagio que dice "gobernar es prever". Sin embargo, en este caso, este gobierno no planeó nada y no dejó de "tambalearse", con declaraciones contradictorias y comportamientos de lo más desconcertantes.

No tenía previsto que la recepción de Ghali enfurecería al gobierno de Marruecos y a los marroquíes. Incluso antes de esta reacción, la ministra de Asuntos Exteriores declaró que esta acogida, por "motivos humanitarios", no tendrá consecuencias para las relaciones hispano-marroquíes. Hacer tal declaración es fruto de una ingenuidad indigna de una jefa de diplomacia, o un total desconocimiento del apego del pueblo marroquí a sus provincias del sur.

El amateurismo ya se manifestaba cuando la misma ministra acordó con su homólogo argelino aceptar a Ghali en territorio español con pasaporte diplomático argelino, con un nombre falso. Al hacerlo, el argumento de que el gobierno español admitió a Ghali en su territorio por "motivos humanitarios" ya no es admisible. En efecto, si este fuera el caso, era necesario asumir y hacer que Ghali ingresase a plena luz del día con un documento oficial y con su verdadero nombre.

El amateurismo es también el subestimar la eficacia de los servicios marroquíes que, sin embargo, han salvado a España de muchos baños de sangre.

El amateurismo es convertirse en cómplice frente al mundo entero por hechos graves, violando el principio de separación de poderes, fundamento de toda democracia. La diplomacia española ha conspirado contra Marruecos con un poder tambaleante, cuyo pueblo reclama una segunda independencia y la posibilidad de ejercer su derecho a la autodeterminación, el de dejar de estar bajo la autoridad de un poder militar.

El amateurismo apareció, recobrando protagonismo, cuando fue necesario devolver a Ghali a su país de origen, es decir, Argelia. Con la garantía ofrecida de que este individuo no estaría inquietado en España, los generales argelinos enviaron un avión militar para traerlo de regreso, incluso antes de que terminara su audiencia. Es prueba de la duplicidad de las autoridades españolas, mientras la vicepresidenta del gobierno español decía a la prensa que no sabía nada sobre la llegada de este avión, al que las autoridades militares de su país no habían dado permiso para aterrizar. ¡Qué mascarada!

El amateurismo salió a la luz cuando este gobierno hizo de la entrada de inmigrantes en Ceuta una lectura superficial, llegando a querer involucrar a la Unión Europea en un conflicto bilateral, sabiendo que Europa no quiere ni puede tener una relación de confrontación con Marruecos. El comportamiento inmaduro del gobierno español ha llevado a las autoridades marroquíes a decir que Marruecos no es ni el gendarme de Europa, ni su conserje, y que los esfuerzos de seguridad y financieros que está desplegando para frenar la inmigración ilegal masiva a Europa se hacen en el marco de una asociación sincera e inequívoca basada en la confianza.

Ahora, el amateurismo incluso está tocando el fondo del asunto del Sahara, que es la verdadera razón de la crisis entre los dos países. Contrariamente a las decisiones del Consejo de Seguridad, que ha acogido desde 2007 la propuesta de Marruecos para resolver este asunto, España se declara comprometida con "una solución política en el marco de Naciones Unidas".

Pero ¿qué es esta solución política, si no es la autonomía bajo la soberanía marroquí, que el Consejo de Seguridad ha declarado, desde 2007, acoger con beneplácito y que es objeto de la adhesión de más de 40 Estados?

El amateurismo nos lleva a plantearnos esta pregunta: ¿es el gobierno español lo suficientemente ingenuo como para pensar que Marruecos algún día abandonará su Sahara donde ha invertido y sigue invirtiendo miles de millones de dólares?
 
Al pensar de la manera que lo hace, el Gobierno español va contra la corriente de la historia y muestra un amateurismo espantoso y una falta de realismo.

Rachid Lazrak, es doctor en derecho público y diplomado del Instituto de estudios políticos (IEP Ciencias Po) de Paris. Es profesor universitario en Marruecos y autor de varios libros entre ellos :LE CONTENTIEUX TERRITORIAL ENTRE LE MAROC ET L ESPAGNE

Artículo publicado anteriormente en Le 360.