Opinión

El codiciado metapoder digital

Atalayar_ Redes Sociales

¿Hasta qué punto cedería usted su intimidad en aras de la seguridad nacional  o bien de preservar la estabilidad de su nación ante una amenaza de cualquier índole? La vorágine de las redes sociales en la Sociedad de la Información -avanzando a un ritmo trepidante- de alguna forma nos ha expuesto a todos a una especie de Gran Hermano.

Cada vez nos cuesta más abstraernos de participar, pero también es difícil salir de esa burbuja digital en la que, cualquier comentario, acción o reacción, dejan un rastro que, aunque muchas veces, se insiste en que es necesario legislar en pro del derecho al olvido, desde luego no es fácil acogerse a él. 

La Era Digital es como un cometa con una estela de claroscuros en las que se encuentran tanto cosas buenas como malas; aspectos positivos y negativos con los que la Humanidad deberá lidiar y acostumbrarse.

Por ejemplo, Facebook hizo realidad que millones de personas se encontrasen con tantas otras que conocieron a lo largo de su vida: compañeros del barrio, de la generación escolar; graduados de la universidad, parejas sentimentales y, por supuesto, unió a familias que hacía tiempo no se veían o bien ni siquiera se conocían porque ignoraban sus lazos de sangre. 

El lado chocante es que, como tantas otras redes sociales, permiten el anonimato lo que viene bien a gente que se hace un perfil falso para insultar, coaccionar, amedrentar, acosar, estafar y cometer otras fechorías como la pederastia, el acoso sexual o el ‘ciberbulling’. Las redes vienen bien a psicópatas.

De acuerdo con el informe más reciente elaborado por Internet Trends, en 2017, un  51% de la población mundial contaba con acceso a internet, de un total de 7.700 millones de seres humanos.

Cada vez se habla menos por teléfono, pero en cambio se mensajea más por las diversas redes sociales disponibles, de hecho, la adquisición de más smartphones está correlacionada con contar con un mejor dispositivo móvil con mayor capacidad para descargar sitios como WhatsApp, Telegram, Twitter, Instagram, Facebook; etcétera.

Un dato por demás llamativo tiene que ver en cómo Youtube y los videos en Facebook o las transmisiones en vivo por las distintas redes sociales que lo permiten han desplazado el uso de la televisión tradicional; por ejemplo, en Estados Unidos, el smartphone “superó al dedicado en la televisión” con 226 minutos de promedio diario.

“África y Oriente Próximo, juntos, cuentan con el 13% de los usuarios globales de internet, con una penetración del 32%. El porcentaje de acceso a internet se incrementa en las regiones de América Latina y el Caribe (62%) y América del Norte (89%)”, según el análisis publicado.

Entre 2020 y 2025 (este pronóstico se realizó antes de la pandemia) se esperaba que el volumen de nuevos datos registrase un incremento de hasta el 32%.

Muy seguramente el panorama ha cambiado acelerando la interconectividad porque el teletrabajo, el aula virtual y la necesidad de informarse de otra forma en las redes sociales en muchos hogares ha dejado  más tiempo apagado la radio y la televisión tradicional.

De acuerdo con dicho informe, en 2018, en la Unión Americana el uso de la telefonía celular tuvo una media de 6,3 horas al día en consumo de internet, sobre todo.

A colación

Y hay más datos interesantes: el 30% del tiempo se consume en Facebook; un 27% en YouTube y un 25% en WhatsApp; el potencial es enorme, y si no hace mucho se hablaba de los medios de comunicación como el cuarto poder, la era digital es el metapoder.

Implica un maná que, bajo control, podría ser un arma social potencial para amedrentar a la población con el pretexto de su seguridad o bien de preservar la seguridad nacional. Por eso le pregunto, amigo lector, ¿cedería usted su intimidad en las redes sociales para recibir mensajes del gobierno alertando de una urgencia o de una amenaza? España tiene un anteproyecto de Ley para llevarlo a cabo. 

La intención es que todas las plataformas de mensajería se acojan a las obligaciones que ya tienen las operadoras de telefonía para transmitir alertas públicas a los ciudadanos en caso de grandes catástrofes o emergencias inminentes; el Gobierno español justifica que no violará la intimidad de las personas… no imagino una regulación así en manos de dictadores o sátrapas.