Opinión

El coronavirus, aciertos y errores para atajarlo

UME

Comienzo a escribir este trabajo, aunque lo publicaré más tarde, cuando en España oficialmente tenemos 11.137 casos de infectados confirmados, 491 fallecidos y 1028 recuperados. Estamos en la tarde noche del día 17 de marzo del 2020 y es la tercera jornada de reclusión en casa como consecuencia del dilatado en el tiempo desde su anuncio hasta su puesta en práctica efectiva, del famoso decreto de “estado de alarma” que tantos esfuerzos le costó sacarlo al bloqueado gobierno de Sánchez como si del parto de una inepta primeriza y asustada parturienta se tratara. 

Soy consciente que es muy pronto para sacar conclusiones, estudiarlas, analizarlas adecuadamente, ponerlas en limpio y en claro para que puedan servir de algo el día de mañana como compendio de las más importantes Lecciones Aprendidas y que queden grabadas a fuego en la memoria de la humanidad en general y los españoles en particular, para no volver nunca más a incurrir en tamaños despropósitos y viles acciones más propias de marrulleros o trileros que viven de engañar a las gentes de buena voluntad, quienes por costumbre se fían de sus gestos, acciones y palabras.  

Es mayoritario el convencimiento de que ahora es el tiempo para la acción común y unificada, del esfuerzo personal aunado para que este se acumule y convierta en colectivo como la única manera de salir de este pozo infecto, cosa que comparto al cien por cien, y también se dice que ya tendremos tiempo de analizar los pros, los contras, las malas acciones y los muchos o pocos fallos habidos por las autoridades; para pedir responsabilidades al que corresponda, cosa que no comparto en absoluto.

Digo y mantengo que no lo comparto en absoluto, porque cuando uno hace mal las cosas, a sabiendas que lo hace, se dice que prevarica o que actúa de mala fe. También mantengo que un buen dirigente debe ser capaz de aprender en cabeza ajena, de tomar el toro por los cuernos con toda la valentía posible y necesaria, caiga quien caiga a pesar de que se ponen en peligro cientos o miles de vidas y millones de puestos de trabajo, hasta llevar al país a una grave crisis humanitaria y sanitaria, y que en la adopción de las medidas necesarias, no se puede esperar ni un solo segundo en denunciar la situación, ponerse a trabajar con sinceridad y en plasmar en negro sobre blanco todas o la mayor parte de las circunstancias que nos han llevado a ello por acción, omisión, incapacidad o simplemente, por haber mirado para otro lado a pesar del conocimiento de la gravedad del tema que nos acechaba; intentar corregirlas de inmediato y actuar apropiadamente en consecuencia.

Al no ser España el primer espacio físico donde la pandemia apareció como epidemia y tras el hecho de que se han tenido más de tres meses por delante con ella pululando por el mundo; viendo como crecían sus efectos desbastadores y las formas más o menos drásticas adoptadas fuera para su control, lucha y erradicación; así como, el pánico creado y el consiguiente caos, social, sanitario, económico y moral que conlleva, no es de recibo asegurar, como hoy mismo acaba de hacer el presidente Sánchez en la presentación de sus medidas económicas, que hace “unos pocos días nadie sabía el alcance de esta situación” o una expresión similar. Un gobierno bisoño, social-comunista, poco entrenado, mal capacitado, totalmente dependiente de fuerzas contrarias o enemigas de la unidad de España y sumido en el fatal encontronazo desde el día de su parto, no es precisamente el mejor tipo de gobierno para lidiar con una res como esta con afilados y descomunales pitones.

Está bien claro, que ante tamaña figura, no se puede saltar al ruedo con un trozo de trapo rojo deshilachado intentando engañar al morlaco y al púbico al unísono con medidas de risa y dejando la responsabilidad de la faena en los mozos de estoques amparándose en la manida “experiencia científica” de personas, cuya capacidad y formación intelectual no pongo en duda; pero si su capacidad moral por la falta de sinceridad, excesiva dependencia política o por una serie de razones que se me escapan a mi entendimiento; que en su conjunto les llevara a asegurar públicamente el mismo día 7 de este mes -en vísperas de la manifestación del 8M- que si su propio hijo le pidiera consejo sobre asistir o no a dicho evento, lo dejaría tranquilamente a su elección, cuando, él y el propio gobierno, -máximo y primer interesado de su celebración como acto reivindicativo y significativo de ambos  partidos- sabían desde hacía días que la UE y la propia OMS desaprobaban no aconsejaban oficialmente todo tipo de acto multitudinario. Acto, que jaleado por el propio gobierno, se celebró a bombo y platillo sin guardar ninguna precaución ni medida profiláctica entre la mayoría de las asistentes y del que ya conocemos varios casos de contagio entre las más sobresalientes de ellas -ni más ni menos que la esposa del presidente del gobierno, la pareja de su vicepresidente segundo, a la sazón ministra de igualdad y de otra de las ministras del mismo gabinete- por lo que a la vista de estos resultados, no es ninguna exageración suponer que varios cientos o miles de los contagios presentes y actuales en Madrid, proceden de entre aquellas despreocupadas asistentes a tan nefasto y totalmente imprudente acto.

España ha sido un país que voluntariamente ha permanecido de espaldas a todas las recomendaciones, ejemplos y actuaciones de los demás; a pesar de conocerse bien las medidas profilácticas que otros países empezaban a aplicar sobre los llegados en masa por vía aérea, buques o carretera; en nuestro país no se tomó ninguna medida, ni siquiera sobre aquellos procedentes de países súper infectados como China e Italia. Hasta los aficionados valencianos acudieron en masa al epicentro de la infección en Italia a presenciar con alegría un partido de futbol; hoy muchos de aquellos hinchas y la mitad de la plantilla del equipo están en la lista de los contagiados. Se montó todo un show y parafernalia para aislar en cuarentena, a pesar de no mostrar ningún síntoma, a algo más de una docena de compatriotas, que tras múltiples peripecias llegaron a España procedentes del epicentro de la infección en China. Se les aisló en la planta de neurología del hospital G. Ulla con todas las cadenas de radio y televisión emitiendo en directo sus “partes de guerra” y hoy, sin embargo, pocos días después de aquella tentativa de sucia y vil propaganda, la inmensa mayoría de contagiados, pasan sus penas solos en casa con la esperanza de que un alma caritativa les haga un poco de caso y les acerque sus curas y necesidades primarias.     

No hay que dejar pasar por alto las declaraciones de la Vicepresidenta económica y ministra de economía, Calviño quien el mismo día 3 de marzo aseguraba, con toda tranquilidad y una amplia sonrisa en la boca, que “las repercusiones económicas del coronavirus iban a ser mínimas para la economía española”; palabras que, días más tarde, y a preguntas del periodista Herrera en su programa matinal, trató de desdecir o restar importancia y llegó incluso a decir que dichas palabras fueron fruto de informaciones procedentes de “organismos oficiales externos a su ministerio” y discernimiento, ya que ella sí que pensaba que el efecto iba a ser importante. Mendaz como nadie, nos engañó por unos días y veremos cuando esto acabe, donde quedó el falso prestigio con el que Sánchez envolvía a su vicepresidenta cuando trataba de endosársela a la Unión Europea para un puesto de importancia. Ya no se le ha vuelto a escuchar ninguna declaración más.

Nuestro presidente tras tantos consejos de ministros extraordinarios y entre uno y otro, además de tratar de adornarse con vacíos y falsos discursos muy propios mandatarios del siglo pasado, se ha dedicado a exponer una serie de medidas, materiales y físicas y económicas que empezaron como si pretendieran frenar una hemorragia de la femoral a base de tiritas de las que se venden en cualquier centro comercial. Hoy tras ese continuado postureo al que nos tiene cansados y acostumbrados, aquellos 400 millones anunciados, aparte de entregar lo que el estado debe a las autonomías por el pago anticipado del IVA, la broma se ha tenido que convertir dos cientos mil millones. En concreto, Sánchez ha anunciado la “movilización” que no puesta en efectivo a disposición inmediata, de una línea de “avales” del sector público que supondrán 17.000 millones de financiación que pretende alcanzar los a 200.000, si se incluye al sector privado que deberá aportar unos 83.000 millones. El Gobierno se ha visto forzado a incrementar la irrisoria cantidad inicialmente prevista, a instancias de empresarios y bancos y arrastrado por lo ya anunciado días antes por Alemania (500.000 millones) y Francia (300.000 millones).

Todo apunta a que el socio comunista de este gobierno, a la vista de que ya nadie duda que la crisis originada por la infección ha llevado sus proyectos de presupuestos a la situación de papel mojado; por lo menos, salva su cara y saca una de sus grandes promesas y sueños, hacerle poner a los bancos 83.000 millones de euros en juego en forma de avales y créditos hipotecarios y de otro tipo que se verán casi abocados a tragárselos. Casualmente la misma cantidad, que desde hace años -la pasada crisis del 2008- el susodicho piensa que estos se llevaron calentitos y que pagamos todos los ciudadanos, cuando no fue esta banca, sino los nidos de cuatreros en los que los políticos habían convertido a aquellos Cajas de Ahorro, que tanto bien hicieron durante años de independencia y cuantos disgustos nos aportaron cuando la clase política puso sus zarpas en ellas. No obstante, y a pesar de estas aparatosas cifras –que ya veremos si, cómo y cuándo se hacen realidad o son solo simples intenciones o promesas, como suele ser habitual en este gobierno- los autónomos, que son el 80% del empleo privado en España, se sienten tremendamente defraudados por las leoninas condiciones que les exige para recibir alguna subvención o dilación de algunos de sus pagos y obligaciones tributarias para con el Estado.

Se ha montado un gabinete de crisis con Sánchez a la cabeza, la ministra de defensa, el de sanidad, el de transporte y el de interior, quienes, sin representación alguna de su socio de gobierno, ni la presencia de alguno de sus muchos vicepresidentes, tratan de solventar los problemas del día a día y la evolución de la situación según los acontecimientos se desarrollen. Un gabinete, que inicialmente tomó, entre otras, la decisión de desplegar a efectivos de la UME, allí donde no se pudiera ofender sensibilidades de los nacionalistas ni separatistas vascos y catalanes, indispensables para mantener este gobierno apoyado sobre alfileres. Hay que ver el mal trago que ha pasado el día 18 la ministra de defensa para no explicar y tratar de soslayar esta situación a preguntas de nuevo en el programa de Herrera por las mañanas que es, a día de hoy, de los pocos incisivos y críticos con la situación y el retraso y eficiencia de las medidas adoptadas.  

Menos mal, que las quejas y comentarios de algunos –entre los que me encuentro- y los certeros consejos de otros, han hecho cambiar casi por completo la misión y los cometidos asignados a esta unidad de élite en situaciones graves de crisis por otras algo más acordes a su formación y capacidades, que las inicialmente previstas. Misiones iniciales, que consistieron en mantener el orden y el acatamiento del decreto de estado de alarma por los ciudadanos en las calles, cuando dicho cometido ya venía siendo llevado a cabo perfectamente por las FCSE, quienes no han tenido muchos problemas para su cumplimiento debido al mayoritario acatamiento cívico de los españoles de forma individual y colectiva. Cambio o ampliación de misión que además de ser más acorde a su entrenamiento, como digo, supone un menor índice de alarma en la mente de los españoles, nada acostumbrados a ver a sus soldados patrullando con fusiles por la calle ya que esa imagen les retrotrae a amargos tiempos pasados que, aunque fueron muy cortos aún no, del todo están olvidados.

Se debe mencionar como un gran acierto, poner el centro de farmacia militar a funcionar a pleno rendimiento para la generación de productos farmacéuticos de primera necesidad y muy efectivos para luchar contra esta enfermedad; un centro casi nuevo, fruto de la reciente reunificación de varios centros de producción farmacéutica militar en uno nuevo y más capaz, pero que este gobierno, tenía trabajando durante estos dos años a algo menos del 10% de su capacidad real por falta de presupuestos para la defensa. De entre las medidas adoptadas y mencionadas en el decreto algunas han durado horas, como la apertura de las peluquerías, por las grandes posibilidades contagio que este tipo de establecimientos supone o la apertura de los bancos que, tras días renqueantes, han cerrado casi todas sus puertas al público y te ofrecen sus servicios por la red, la telefonía móvil, las tarjetas o el uso de los cajeros, mientras alguien los rellene.   

El ínclito Torra, el hombre que ya ha sido repetidamente apeado de su puesto, aunque nunca lo ha aceptado ni acatado, también está asomando la patita en este tema del estado de alarma, cosa que tampoco acepta y pretende obtener del gobierno una independencia del resto de España aprovechando la coyuntura de esta crisis. Obstinada cerrazón la del catalán que está poniendo a prueba los nervios y la capacidad de contención de un presidente muy débil y pillado por todos sus flancos, que pretende nadar y guardar la ropa al mismo tiempo, para no ofender a sus asociados ni allegados. En cualquier caso, salvo unas bravas, aunque forzadas palabras de la ministra de defensa, nadie del gobierno ha querido mirar de frente a este impresentable sujeto y tomar las medidas legales ante tamaña irreflexión al no acatar una decisión y situación de tal calado.   

Es por todos bien sabido que hacer cualquier tipo de previsión o diagnóstico sobre la evolución del número de contagios y bajas en un proceso tan abierto y arriesgado que depende mucho del número de pruebas realizadas (test) sobre el personal que cree o aparenta dar síntomas; pero para nuestro presidente, esto es pan comido. Anunció el mismo sábado que en España hasta se podría llegar a los 10.000 infectados en su pico máximo y he comenzado con el parte de bajas a tres días de aquello, de donde se desprende que la previsión más catastrófica de Sánchez ha sido superada en menos de 24 horas y aún nos queda mucho por ver y llegar. Hablando de los test para diagnosticar la infección, hay que decir que en este tema también fuimos poco previsores y muy deficientes en su obtención y almacenamiento, pronto se ha probado que la cantidad disponible de ellos es mucho menor de la necesaria y las citadas pruebas se viene realizando de forma bastante selectiva, no están al alcance todos, salvo tal como parece, que se forme parte de determinadas elites entre las que se encuentran los políticos, que hasta se las repiten si no dan positivo a la primera y los deportistas de alto rango como se ha denunciado recientemente. Una práctica nada ejemplar, nada democrática y que dice bien poco de las autoridades políticas y sanitarias. 

Cada vez que Sánchez nos da una conferencia o rueda de prensa tras sus consejos de ministros extraordinarios, suelta la misma perla, a la que la primera vez, el sábado pasado, no le di mucha importancia por entender que era una presunción más de las muchas que tiene este personaje del marketing; perla, que, según sus propias palabras, consiste en la obtención de la VACUNA para erradicar completamente este virus como fase final de la actuación de este gobierno.

Hoy, durante su exposición en materia de medidas económicas ha anunciado que va a poner a disposición de la ciencia española 40 millones de euros; al decirlo tan solemnemente, he entendido que Sánchez está plenamente convencido, de que con esa irrisoria cantidad de dinero, nuestros científicos del CSIF serán capaces de adelantar y superar los grandes esfuerzos en medios de todo tipo y de ingentes cantidades de dinero en todo el mundo dedicadas en este momento a dichas tareas incluso el mismo día que China anuncia haberla descubierto. Me alegra que nos tenga a todos en tan alta estima nuestro presidente, pero me sabe mal que nos venda historias e ilusiones inalcanzables para nosotros y que lo haga, además, de tal vil manera. Se nos vendió y reiteró a bombo y platillo por cualquier dirigente nacional, regional o local que nuestra Sanidad no solo estaba en la Champions League mundial, sino que había ganado dicha copa de forma reiterada durante varios años y lo seguía haciendo. Poco duró la alegría en casa del pobre, en muy pocos días hemos descubierto que faltan: camas, profesionales formados y material adecuado para tratar infecciones e infecciosos; desde el día 11 se ha paralizado casi por completo (doy fe personal de ello) la sanidad pública para casos y patologías arrastradas durante tiempo y habituales que tienen su mucha importancia para la salud diaria de las personas.

Todas las especiales, sin excepción, han sido bloqueadas y solo atienden a los casos urgentes o de mucha gravedad en las consultas hospitalarias. Si ya nuestro sistema sanitario hospitalario normal estaba muy atascado y funcionaba con grandes demoras y deficiencias por problemas de desajustes entre deseos y capacidades, tras este inexplicable parón forzado para todas las especialidades, aunque estas no tengan nada que ver con las dolencias del coronavirus, el tapón creado, hará que en todo el presente año, si no más, no se alivie el atasco originado por no continuar con las necesarias consultas de hospital[1]. Igualmente, nadie ha pensado en que hay enfermedades y patologías que precisan de una atención más frecuente de los especialistas; enfermos externos con graves problemas físicos, psíquicos y psicológicos a los que el enclaustramiento es totalmente contraproducente; al igual que determinado tipo de atenciones y cuidados para las personas mayores quienes en un alto porcentaje tienen francamente dañados sus sistemas cognitivos y precisan de especial compañía y determinados cariños de sus familiares cercanos. 

Hoy se ha sabido que en una misma residencia de ancianos han muerto hasta 17 ancianos en casi plena soledad. Nadie habla, salvo algunos casos individuales y solidarios de los millones de personas mayores que viven solas en sus casas, con o sin pareja y que ahora se deben aislar mucha más y no disponen de nadie que les ayude a suplir sus necesidades mínimas de supervivencia o de afecto y sociabilidad. Alguien tendrá que parar esta sangría afectiva, física y psíquica porque de lo contrario, tras 30 ó 40 días de cuarentena, como mínimo, es muy probable que haya muchas más bajas por patologías arrastradas por pacientes que no han tenido nada que ver con el coronavirus.

Aún sigo sin entender lo que se ha tardado por el gobierno en cancelar o trasladar grandes fiestas y concentraciones de personas en actos deportivos, festejos y tradiciones colectivas arrastradas durante siglos. Nadie, por lo impopular de estas medidas las ha querido plantear cara a car, con crudeza y realidad, manteniendo falsas esperanzas en corazones y mentes a los que siempre hay que decirles la verdad. Tampoco entiendo tanta patraña de aquellas fases en las que los responsables de la sanidad nos decían que estábamos en diversas fases iniciales denominándolas de contención y de contención reforzada cuando ellos sabían mejor que nadie, que no era verdad. Las escenas de pánico ante las grandes superficies y supermercados por el acaparamiento masivo y desproporcionado de alimentos son una prueba de la desconfianza de las personas en las promesas sobre la garantía de los abastecimientos; síntomas mucho más claros cuando son aquellas cadenas de establecimientos las que han puesto sus normas de comportamiento para sus clientes y el horario de apertura y cierre. La gente no lo tiene nada claro.

El mantenimiento de las cadencias de los medios de transporte públicos en las grandes ciudades a pesar de la prohibición de desplazamientos sin causa muy justificada supone un esfuerzo inútil de mostrar una normalidad a pesar de su costo, que se convierte en un acto depresivo, cuando uno por alguna causa debe usar dichos medios.

La quiebra masiva de pequeños y medianos comercios provocará una inmensa desaparición y pérdida de empleo; la aplicación de los socorridos ERTEs no es más que una artimaña, de aplicación exclusiva en las grandes y medianas empresas que aunque con las medidas adoptadas, quiere mostrarse como una especie de vacaciones pagadas, todos sabemos que muchas de aquellas tendrán grandes dificultades de abrir de nuevo en las mismas condiciones o de mínima normalidad tras echar el cierre y haberse perdido tantos miles de millones en bolsa y la mayor parte de sus negocios o clientes.   

Por último, y a sabiendas que voluntaria o inconscientemente me dejo muchos puntos en el tintero y que este no es más que un estudio inicial (habrá más) de los muchos errores y pocos aciertos vistos hasta el momento; quisiera destacar la gran irresponsabilidad y falta de ejemplo del presidente Sánchez y su vicepresidente Iglesias al estar en cuarentena y no guardarla de forma pública y notoria. NO se nos puede obligar a tantos millones de españoles a quedarnos en casa aún sin síntomas y ellos, en cuarentena por sus respectivas parejas infectadas, salir en público con personas a cierta distancia por aquello de aparentar no sé qué cosa y, con ello mostrar su poca formación cívica y ciudadana.

 

Nota del autor

A la hora de cerrar este trabajo, las cifras oficiales son: 13.716 infectados (2.500 casos nuevos), 558 fallecidos y 1081 recuperados. El presiente Sánchez admite que «lo más duro está aún por llegar» para pedir «sacrificio» y «unidad».                        
[1] Hoy mismo he estado en visita programada grave y urgente en uno de los más grandes hospitales madrileños y parecía Sarajevo en los años del conflicto por lo solitarios que estaban sus pasillos y la mayor parte de las consultas vacías. Cosa, que según tengo entendido, no ocurre en la denostada sanidad privada.

 

Nota de edición

Este sábado, 21 de marzo de 2020, se contabilizan en España 24.926 casos y 1.326 muertes.