Opinión

El dilema de la libertad y la democracia

Democracia Coronavirus

Hace unos días tuve la magnífica ocasión de entrevistar a Antonio López Vega, director del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset, acerca de cómo será esta sociedad postcoronavirus; afortunadamente ha sido una interesante charla de la que quiero compartirles algunas luces.

Para el también escritor español no hay que transmitir miedo, esgrime Antonio López Vega, porque toda crisis es “también una oportunidad”, la propia palabra de origen griego que “quiere decir momento decisivo” en una de sus acepciones. Aunque reconoce que hay muchas cosas en juego, no solo los valores heredados de la Revolución Francesa y de las modernas democracias, sino también el papel que cada uno asumirá en su propia individualidad frente a la libertad y a la democracia.

“Con la urgencia sanitaria por el coronavirus me parece que se cierra un ‘gap’ -agujero- que, digamos, se había iniciado en este período en 2001 con los atentados del 11 de septiembre; recordemos que antes de los hechos terroristas viajábamos por el mundo con cierta flexibilidad y después de los mismos se dio una primera discusión acerca de la dejación de nuestra libertad y de esa dignidad individual atesorada a lo largo de mucho tiempo en pos de garantizar que no sucedieran más eventos terroristas”, reflexiona.

Nuevamente observamos que con la pandemia vuelve a darse un replanteamiento de la libertad individual en aras del bien común y de la colectividad y para López Vega esto trae a colación la discusión de esa relación de la libertad y su delimitación por mantener la seguridad, en esta caso, sanitaria. “La sociedad comprende que hace una dejación de sus libertades a la hora de salir de casa o de relacionarse con los demás; lo primero que se plantea aquí es cómo el ser humano está o no dispuesto a ceder uno de los valores esenciales por otro que también ha ido ganando terreno como valor supremo como es la salud”, comenta.

Recientemente el filósofo francés Bernard-Henri Lévy deslizaba la disyuntiva de los nuevos valores frente a los exaltados por la República francesa y quizá “esté dándose un nuevo planteamiento” que cambie dicha jerarquía.

Al directivo académico le hice la pregunta del millón de dólares, ¿será la sociedad postcoronavirus menos libre y menos democrática? En su opinión, como historiador, lo que enseña el pasado en momentos tan complejos como los que vivimos actualmente es que, al final, saldrán reforzados los movimientos conservadores y algunos más extremistas.

“Son posiciones reaccionarias que se afianzan porque el miedo de la sociedad en general tiende a paralizar una serie de políticas que, en otros momentos, delegamos en aras del bienestar y en partidos socialdemócratas… Pero en una contracción no son momentos para políticas expansivas y claro tiene toda la razón desde la lógica económica por tanto nos encontramos en un dilema: tenemos por un lado que la reacción natural de los cuerpos electorales es hacia votar conservador en tanto que la reacción de los individuos también puede ser hacia y suele ser el afianzamiento de cuestiones que durante décadas se venían fraguando en la historia”, reflexiona.

En voz del directivo académico, en términos sociales y políticos, la actual encrucijada es fascinante “porque vamos a asistir a un momento en donde el mundo no será como había sido previamente al coronavirus”; y prevalece la tentación reaccionaria, conservadora, nacionalista y autoritaria que “ya estábamos viendo en políticas” como la de Estados Unidos o el propio Brexit o en diversos países en Europa.

A colación

También el coronavirus ha expuesto varias formas de organizarse para gestionar en unos países mejor que otros la emergencia en la salud pública. Hay una operación desde determinados poderes fácticos para mostrar la idea subliminal de que en países con algunas ausencias de libertades civiles se ha gestionado mejor la crisis sanitaria; pero cada uno responde a sus propias tradiciones culturales diversas.

Asimismo, cada país ha impuesto su propio código sanitario para tratar de controlar la expansión del virus con determinado protocolo improvisado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) e igualmente pone en marcha monitoreos por GPS de su población y rastreos en redes sociales bajo la justificación de cortar la transmisión del virus; cada vez hay más gente en Europa que empieza a quejarse de sentirse observada y perseguida.

Decía el filósofo español José Ortega y Gasset que cada hombre tiene que decidir en cada instante lo que hará en el siguiente y que no hay un yo separado del mundo real. ¿Será nuestro yo inmediato uno que esté atado a un Gran Hermano monitoreado y espiado para saber si la gente está sana o puede contagiar a otra?

Para López Vega, esta cita de la razón vital orteguiana es una cumbre en la prosa en español y en la cima de las metáforas: “Me gusta mucho una cita que es aquella en Meditaciones del Quijote de Ortega y Gasset en la que dice ‘yo soy y mi circunstancia y si no la salvo a ella, no me salvo yo’; para mí es donde está la clave de lo que me plantea… cada uno debemos tener nuestras herramientas para vivir nuestras vidas como realidad radical, como un ente pleno para enfrentar los desafíos que nos planteen las circunstancias”.

¿Cómo será la sociedad al final de esta crisis sanitaria que nos ha abierto en canal en todos los sentidos? Y que nos pone a los seres humanos ante la disyuntiva de salvar la vida o salvar a la economía…
 

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