Opinión

El estado de alarma vs las alarmas

El estado de alarma Vs las alarmas

La palabra ALARMA viene definida por el diccionario de la RAE y en su segunda acepción se recoge como: “Aviso o señal de cualquier tipo que advierte de la proximidad de un peligro” y en su quinta como: “Inquietud, susto o sobresalto causado por algún riesgo o mal que repentinamente amenace”. Acepciones ambas que dan pie o sustento al conocido como Estado de Alarma y a la propia situación de creación de una Alarma por cualquier motivo; originada por organismos oficiales, públicos o privados, los diferentes medios de comunicación, las redes o las personas en base a noticias ciertas o falsas y muchas veces, mediante la tergiversación o exageración la realidad. Los estados de alarma, excepción y sitio en España vienen contemplados en la Constitución Española en su artículo 116, dos y posteriormente han sido desarrollados por la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, que en su Capítulo II recoge y define la situación y las circunstancias que acompañan al mencionado Estado de Alarma.

Pues bien, no descubro nada nuevo al decir que en España estamos sometidos a los preceptos que marca dicho estado o situación, que el gobierno ha definido y acotado en todos sus aspectos mediante un decreto hace siete días y que estos son de obligado cumplimiento para todos los españoles, excepto, al parecer -sin que medie causa justificada ni precepto legal alguno que lo ampare- no rigen para el presidente del Gobierno ni para su vicepresidente segundo, quienes debiendo estar en cuarentena obligatoria y aislados del resto de los mortales por el mero hecho de que sus respectivas parejas han dado positivo al virus. Al no hacerlo así, ellos predican con su mal ejemplo y es más, no lo hacen por mucho que algunos les intenten justificar y a pesar de que todos los españoles en cuarentena debemos permanecer confinados en nuestras casas o en recintos hospitalarios. Además, en un momento en el que la extensión y capacidad de los medios telemáticos es tal que permite hacer sus mismas labores sin necesidad de la peligrosa presencia de personas que estén real o potencialmente infectadas, tal y como hacen estos días otros políticos y cualquier otra persona que necesite comunicarse laboral o públicamente.

La obligada permanencia en los hogares de todas las personas no necesarias en ningún trabajo -recluidas en espacios no muy grandes por lo general- la necesidad de conocer el desarrollo de los acontecimientos y al avidez de noticias hacen que la gente pase muchos horas atenta a las noticias que se producen a diario, minuto a minuto y que la mayor parte de los medios y redes se encargan de hacernos llegar con presteza y todo tipo de detalle. Entiendo que la monotonía de las luctuosas noticias y lento pasar de las horas, minutos y segundos, hace que los plumillas y reporteros profesionales -aunque realmente, muchos de ellos sean becarios en prácticas- se esfuercen y deban ingeniárselas para obtener algún hecho o noticia relevante, de interés o que pueda impactar a esas mentes tan ávidas de algo nuevo.

Es en estos momentos, pasada la primigenia anormalidad y tras caer en la monotonía informativa, cuando los medios en directo o diferido suelen caer en la tentación de acercar los micrófonos e imágenes a cualquier persona que, ostentando cualquier puesto o cargo o aparentando serlo, quiera darnos una “noticia”, su opinión profesional o no o simplemente, su parecer sobre cualquier situación. Momento trampa en el que los alarmistas intencionados o no, hacen su agosto, aportando “experiencias o más bien opiniones”, normalmente no bien fundadas, que suelen provenir de personas de segundo tercer o cuarto nivel, que las hablan por referencias terceras, de oídas o que creen interpretar en su no mucho conocimiento y parecer. Cosas, que al no ser muy reales y hasta influidas por la tendencia nacional a la exageración y el protagonismo individual las suelen engrandecer al máximo sin ser capaces de dar fiables referencias o datos concretos ni cuantificados.

Muchas veces y eso es aún peor, todo este tipo de manifestaciones gratuitas, malintencionadas, inventadas o exageradas hasta niveles de difícil reconocimiento con la realidad, provienen de personas interesadas, encuadradas o adeptas a determinados partidos políticos o sindicatos que tratan de hacer leña del árbol caído, ávidas de insanas e injustificables revanchas y que suelen seguir la vieja norma que dice que en época de penurias todo viene para engordar la olla del convento. En definitiva, llevadas a cabo por personas ruines y falaces que, por desgracia no suelen ser perseguidas por la Ley, salvo en casos graves y fragantes o porque algún particular les denuncia y cuando, si a bien lo tienen los tribunales, finalmente son juzgados suelen ser eximidos de culpa o sometidos a irrisorias penas, por lo que es mejor no denunciar.

Hace días que surgió en Italia la noticia de que en sus hospitales, a falta de medios físicos, personales, camas y medicamentos; el personal sanitario cualificado se veía obligado al preceptivo triaje o clasificación de los pacientes que llegaban en masa a sus UCIs, pero no en el sentido literal del término, sino para decidir quién debería o merecía la atención médica y quién no, en función de su gravedad y escasez de medios, al estilo de lo que tristemente puede suceder con los heridos graves en el trascurso o al final de las batallas en las multitudinarias guerras. Situación que me imagino harto difícil para que aquellas personas que han proclamado su Juramento Hipocrático puedan actuar de dicha forma aun en casos de extrema gravedad o urgencia. Por lo que interpreto que como consecuencia del triaje, los doctores siempre tienden a salvar el mayor número de vidas y todas ellas de ser posible. 

Aquellas funestas, tristes e impactantes noticias producidas y lanzadas al mundo; aunque nunca corroboradas por ningún organismo oficial, parece ser que ya han llegado a España. Empiezan a oírse en alguna entrevista y en diversos medios; y lo malo, es que dichas entrevistas -sin corroborar el grado de experiencia, formación y veracidad del interlocutor- están llegando ya a medios y programas de máxima audiencia como esta misma mañana en un programa de una de las principales cadenas de radio donde ha salido un sanitario, representante sindicalista, no médico cualificado, con el mismo rollo y drama, poniendo en vilo y soliviantando los ánimos a los millones de oyentes de dicho programa.

Sinceramente, en estos momentos y aunque los susodichos hechos fueran verdad o incluso un solo caso aislado, desapruebo completamente este tipo de desagradables entrevistas por la alarma social que puedan crear; por el daño entre las personas afectadas y enfermas, que están pasando esta crisis solas en sus casas, los que tienen familiares hospitalizados y sobre todo, entre todas aquellas personas mayores (millones) que viven aislados en sus hogares a los que se les prohíbe ver a sus seres queridos y hasta se les aconseja que ni siquiera se desplacen en medios públicos cuando no tiene otro modo de hacerlo. Creo sinceramente que podían haber cortado la entrevista nada más oler el contenido y sesgo de la misma y no darle tanto pábulo y vuelo. Por otro lado, considero interesante que se haga un chequeo previo a las personas a entrevistar sobre su formación y tendencias sociales y políticas antes de lanzarlos a antena en horas de máxima audiencia.

Estado de alarma sí; pero crear alarmas innecesarias y graves es lo peor que se puede hacer en estos momentos en los que hay que cuidar y mucho la moral, el ánimo y el espíritu de superación de millones de españoles; sobre todo, de aquellos más sensibles a las noticias nefastas, falsas o no contrastadas oficialmente porque hacen mucho daño a millones de personas tan afectadas psicológicamente.