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Opinión

El filo de la navaja

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“El camino de la salvación es como andar por el filo de una navaja”. Le dijo el hombre santo al que fue a buscar en las montañas el protagonista de “El filo de la navaja” (W. Somerset Maugham), superviviente de la Gran Guerra, herido en el alma y desde entonces atormentado por el azar de la vida y la muerte en las trincheras. La salvación y la paz coinciden en las dimensiones estrechas y la prolongada extensión de su filo. El equilibrio y el abismo caminan juntos en la vida, como lo hacen los planes de la estrategia y la negociación en la guerra.  

La polarización cuando la intervención en Irak (2003); el uso de la fuerza en Georgia (2008), la anexión de Crimea (2014), el Donbass, de ahí en adelante. El comercio energético invasivo, con grandes inversiones y acuerdos que alcanzaran a países relevantes de Europa Central, Alemania e Italia. La actividad desinformativa y la influencia social y política, a través de entramados mediáticos y grupos de activistas desestructurados, pero con capacidad de actuación simultánea o sucesiva en episodios de protesta frente al deterioro económico y la debilidad social: la crisis en Grecia, el independentismo en España, el Brexit en el Reino Unido, los chalecos amarillos en Francia. La construcción de un discurso alternativo al Euro-Atlántico para promover el desgaste de las instituciones europeas y americanas. Un conjunto de fenómenos aparentemente incoherentes y carentes de un plan.  

El tejido sucesivo de unas alianzas blandas en Asia. Complementarias a las estrategias autónomas de potencias emergentes, China o India. Permeables con los intereses comunes de hacerse más fuertes, pero impermeables con los objetivos de Rusia. Y de manera simultánea, recuperar el posicionamiento perdido en Siria y abrir la puerta de la cooperación con potencias regionales como Turquía e Irán. Y, sucesivamente, construir una red de alternativas políticas en América Latina, siguiendo un modelo de choque populista, experimentado en la Guerra Fría, pero reconfigurado en la era de las democracias mediante la acción política. Y multiplicar también la presencia en África a partir del uso de mercenarios, inversiones, apoyos a gobiernos débiles o a grupos insurgentes. Planes para una guerra híbrida y global. 

Quién puede pensar que este conjunto de acontecimientos es producto del azar y no una respuesta planeada para cuestionar y debilitar el orden occidental. Liderado por la todopoderosa potencia norteamericana y su entramado aliado de avatares, imbatible en el cara a cara pero vulnerable en escenarios alegales y multidominio, que se construyen a partir de las fisuras demagógicas de la propia democracia liberal: permeable en sus fronteras territoriales y digitales; incapaz de implantarse en un marco globalizado; invadida por la incertidumbre; y acomodada en su obsesión por llegar a fin de mes.   

Estados Unidos, con sus avatares, también desarrolla planes de seguridad y defensa en Europa, Asia y a nivel global. Ralentizados por la estrategia de responder a los atentados de las Torres Gemelas y recomponer su vulnerabilidad frente a la acción terrorista (2001-2008). Y luego por la crisis económica y la necesidad de recomponer su imagen y sus alianzas en Oriente Medio (2008-2016). Pero esa prioridad de la lucha antiterrorista no impidió que los planes Euro-Atlánticos incorporaran en la OTAN a países del centro y del este y de la Europa Báltica en distintas ampliaciones y negociaciones en 1999, 2004, 2009, 2017, 2020 y 2022. Y que, a partir de 2017, con la nueva doctrina de seguridad, Estados Unidos afrontara la nueva dinámica internacional de rivalidad y competición entre potencias como una prioridad estratégica focalizada en Asia, pero con una orientación también europea y global. El refuerzo de las alianzas occidentales y la creación de otras nuevas (Aukus, Quad), la visión multidominio, el uso de la inteligencia y de operaciones híbridas (Maidán) han sido utilizadas igualmente en la política norteamericana. El filo de la navaja en las relaciones internacionales se ha estrechado tanto en una década que ha terminado provocando la caída al abismo de Ucrania.  

Esta prolongada rivalidad entre potencias ha estado planificada de forma explícita a veces y otras veces de manera más sutil, en los últimos años. Los analistas y algunos políticos, los menos, han advertido sobre el camino que tomaba el curso de la historia, pero la sociedad no ha sabido comprender su significado. Ahora cuando se ha visto que la guerra en territorios occidentales no es solo posible e imaginable, sino probable y evidente, la posibilidad de la paz resulta improbable e incomprensible. Aunque los planes de negociación existen, como existen los límites sobre el uso de la fuerza y las limitaciones en los objetivos de los contendientes. El filo de la navaja es estrecho y prolongado. Pero solo pueden recorrerlo los supervivientes.