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Opinión

El Frente Polisario perdería unas elecciones en el Sáhara Occidental

Sáhara

Una de las causas que empujan a los dirigentes del Frente Polisario a rechazar la posibilidad de aceptar la autonomía como base de la solución al conflicto en el Sáhara Occidental es su convicción de que, en el caso de poder presentarse como movimiento político, perdería las elecciones que necesariamente se celebrarían en el territorio. 

En el esbozo de Plan de Autonomía presentado por Marruecos ante el Consejo de Seguridad de la ONU hace ya 15 años, y en las posteriores precisiones hechas para detallar el desarrollo concreto de la iniciativa marroquí, juega un papel fundamental la realización de unas elecciones políticas democráticas, libres y limpias, bajo el amparo de observadores exteriores, de países y organizaciones internacionales. Dichos comicios estarán destinados a elegir a los representantes a diferentes niveles de los órganos del gobierno autónomo, en sus diferentes modalidades aún por negociar y definir. 

En el caso de que el Frente Polisario aceptase la propuesta del plan autonómico, estaría obligado a presentarse a las elecciones, directamente como movimiento político legalizado, o indirectamente apoyando alguna formación autóctona que respondiese a su programa y objetivos. En caso contrario, el movimiento independentista quedaría relegado al ostracismo. 

El rechazo a abrir esta nueva vía de diálogo y concertación basada en la formulación de la opción autonómica es debido a la convicción de una mayoría de dirigentes del Polisario de que sufrirían una severa derrota en las urnas; sea los dirigentes del Frente a título individual, sea el movimiento en su conjunto, solo recibirían el apoyo de un sector minoritario de la población saharaui. 

Esta alternativa no es aceptable para un movimiento que ha vivido del apoyo y la solidaridad internacional, que ha mantenido un elevado estatus social, que ha dado a sus hijos una educación selecta en escuelas superiores y universidades europeas y americanas, que ha recibido pasaportes, préstamos y facilidades para instalarse en España, en Francia o en Italia, y podría perder tales privilegios.  

En dichas elecciones autonómicas, además de los partidos nacionales marroquíes, que tienen todos ellos representación regional, participarían agrupaciones políticas saharauis nacidas en el territorio en los últimos años o producto de escisiones en el seno del Polisario, como el Movimiento Saharauis por la Paz, Jat Achahid y otras defensoras de la identidad saharaui y sus valores ancestrales. 

Frente a un abanico amplio de partidos y movimientos políticos y asociativos, el Polisario sólo sería apoyado por un pequeño grupo de militantes y simpatizantes. 

En cuanto a la población saharaui que actualmente reside en los campamentos de Tinduf, y que volvería al territorio tras decenas de años de exilio, no hay ninguna certeza de que acepte seguir bajo el control político y organizativo del grupo independentista. 

Esta perspectiva de fracaso solo podría ser solventada con un acuerdo previo entre el Polisario y el Gobierno marroquí, que garantice al primero su supervivencia y otorgue a sus dirigentes una cómoda renta de excombatientes. Lo cual no es seguro que ocurra.