Opinión

El general Said Chengriha conduce a Argelia a un callejón bélico sin salida

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El jefe del Estado Mayor del Ejército argelino, el general Said Chengriha, está llevando el país a un callejón sin salida, cuya única salida previsible y deseada por el veterano militar, verdadero centro de decisión del poder en Argelia, es la guerra contra su vecino Marruecos.

Las últimas decisiones adoptadas por Argelia en relación con su vecino magrebí del oeste, ruptura de relaciones diplomáticas; expulsión de empresarios marroquíes y cese de empresas mixtas; cierre de carreteras vecinales al tránsito en la zona fronteriza; ocupación ‘manu militari’ de aldeas de la zona limítrofe tradicionalmente habitadas por ciudadanos marroquíes; cierre del espacio aéreo argelino para aviones civiles y militares marroquíes; no renovación del gasoducto Argelia/Marruecos/España; todas estas decisiones tomadas por el Alto Consejo de Seguridad argelino, lo han sido en realidad por la imposición sin discusión del general Chengriha a sus homólogos militares y a la Jefatura del Estado bajo su tutela.

En todo este tiempo, en los tres últimos meses, Argelia no ha conseguido obtener un apoyo explícito de ninguno de sus aliados tradicionales a esta política aventurera y suicida. Rusia, su aliado estratégico más fiel desde hace medio siglo, y en cuya Academia de Estado Mayor Voroshilov, Said Chengriha realizó estudios, no ha apoyado ninguna de estas medidas, ni la ruptura de relaciones diplomáticas, ni la incipiente reapertura de hostilidades. Moscú, lo mismo que La Habana y que Pekín, han reiterado llamamientos a Argel para recuperar el diálogo con Rabat y resolver sus diferencias en base a la negociación política. En Argel, lejos de escuchar los llamamientos de la Unión Europea y del secretario general de la ONU, António Guterres, suenan tambores de guerra. El general Chengriha impone y arrastra tras de sí al Estado Mayor del ANP, con una concepción militarista, desprovista de visión política y estratégica.

Circulan rumores de que en el entorno del generalato argelino existe un profundo malestar ante este ‘diktat’ del jefe de Estado mayor, que no ofrece ninguna salida al “conflicto bilateral” salvo el enfrentamiento armado. Quizás el general Chengriha quiere de este modo saldar su vieja deuda con Marruecos, de quien fue prisionero en el enfrentamiento militar de Amgala en 1976. La humillación que recibió el entonces teniente del ANP, la expresa con una política visceralmente anti marroquí, que ha practicado durante decenios al mando de la Tercera Región Militar de Bechar y de la zona de Tinduf que alberga las milicias armadas del Frente Polisario.

El único apoyo implícito que está teniendo el general Chengriha es el del líder del Polisario, Brahim Ghali, para quien, según saharauis cercanos al mismo, un choque armado entre Argelia y Marruecos “sería salvador para la causa saharaui”.

La designación del político Staffan de Mistura como enviado especial del secretario general de la ONU para el Sáhara Occidental, ha sido bien recibida por los Gobiernos marroquí y argelino, por el Frente Polisario en su momento, y por otros actores del conflicto como el Movimiento Saharauis por la Paz, el régimen mauritano y diversas instancias internacionales. Sin embargo, parece muy probable que el general Said Chengriha obligue al Ejército argelino a posicionarse en contra e impedir que el presidente Abdelmadjid Tebboune tenga las manos libres.

Entre los analistas diplomáticos occidentales y las oficinas de los servicios de inteligencia, se asegura que mientras Said Chengriha esté al mando absoluto del Ejército, que es el que tiene el verdadero poder en Argelia, no habrá solución ni política ni negociada ni en el Sáhara, ni en el Magreb.