Opinión

El pejesapo

El pejesapo, una especie de pez de la familia Gobiesocidae.

Cuando uno ya peina canas -aunque pocas porque la mayor parte del cuero cabelludo ha ido desapareciendo con la edad- y puede asegurar que ha tenido una vida profesional, familiar y personal intensa y activa dentro y fuera de España, suele pensar que lo ha visto todo y ya nada le puede extrañar. Afirmación, y convicción nada cierta pues muchas veces resulta ser falsa. 

Siempre hay alguien dispuesto o disponible a enseñarte algo nuevo; a presentar alternativas a lo visto hasta la fecha o a mostrarse de cara al público de una forma que no es la que normalmente aparenta por lo que te acaba sorprendiendo. Así me ocurrió hace unos días, viendo tranquilamente en la televisión uno de esos programas que, con maestría y sencillez, ponen ante tus ojos las cosas menos conocidas del mundo salvaje y animal. Uno de los pocos programas que aún mantiene en antena la infumable -por politizada y profesionalmente ridiculizada- RTVE en su segunda cadena. Pues bien, viendo uno de ellos, dedicado al mundo animal marino aprendí quién era y cómo actuaba un pez que se conoce cómo el Pejesapo.

Un vertebrado, mitad pez y mitad sapo por su apariencia más que por la realidad, que con dicho nombre u otro algo popular, como el diablo negro no es muy conocido, aunque si por el de Rape (una de sus variedades o familias) ya que es un pescado muy sabroso, no muy barato y bastante apreciado por sus sabrosas y tiernas carnes y gustosos caldos. Un animal que se oculta de los demás amparándose en los fangos del fondo marino, se arrastra por ellos en busca de sus presas a las que da caza con paciencia usando todo tipo de artimañas y subterfugios propios y ajenos, cambia de color, ofrece parte de su cuerpo como apetitoso cebo para atraer a la presas cerca de su boca y no hay tamaño de potencial presa que le arredre a optar a su captura –incluso aquellas tan o más grandes que él- a las que engulle con fuerza y casi de un sopetón con una especie de original eructo final, más bien a modo de último empujón, que de pura satisfacción.        

Al visionar el documental, me puse a pesar sobre a quién o qué me recordaba aquel ser tan extraño, aprovechón y afortunado por lo malhadado de sus presas y de todo lo que pasa por su lado. Pronto, dejé mi duda despejada porque, la solución era bien clara. No es más que un perfecto silogismo, a modo de sencilla representación, sobre la forma de actuar los partidos políticos. Los partidos políticos nacen, crecen y se desarrollan al amparo o cobijo de una idea, corriente o tendencia -heredada, copiada o propia- central que les proporciona los parámetros necesarios para encontrar el nicho o núcleo original en torno al cual, una serie de amigos o afines se juntan para desarrollar su ideario, estatutos, objetivos, campo de acción y forma de actuar para profundizar lo máximo posible en la sociedad en busca de lo que se llaman votantes, seguidores, bases y simpatizantes; vamos sus bancos de pesca y sustento. 

Aquellos que les encumbran a la fama, les apoyan y proveen de todo tipo de estipendios y agasajos con los que normalmente viven, moran, pululan o habitan bien o muy bien a lo largo de su vida política y son la puerta giratoria que les abre nuevas y grandes posibilidades cuando acaban aquellas, a las que nunca hubieran llegado si no fuera por la fama, “prestigio” e influencias conseguidos tras su años medrando en la arena política.

Generalmente, sus idearios suelen ser poco originales, pues la mayoría se basan en tendencias más o menos sabidas, manidas y explotadas; aunque siempre pretenden presentarlas como novedosas o poco conocidas. Muchos de ellos, en realidad, provienen de determinados tipos de escisión de otros partidos ya existentes, creados para el amparo y retozo de descontentos, desechos de tienta o desesperados que, al ver que no triunfan en sus partidos de origen, se les pasa el tiempo y que al ser víctimas de un curriculum personal pobre de solemnidad o nulo en su totalidad, deben buscar la forma de asegurarse el sustento, presentando su candidatura o el apoyo y adhesión al surgido “nuevo” partido o líder con mucha ilusión, gran empeño y todo su tesón.   

En los últimos tiempos, los llamados políticos -aunque en realidad solo son meros aficionados- suelen ser personas cuyas actuaciones y reacciones deberían girar -aunque no todos lo consiguen- en torno a unos parámetros establecidos, admitidos y exigidos por y para la generalidad de las relaciones entre personas algo inteligentes y que actúan sólo o fundamentalmente de cara a la galería.    

Cada vez es más cierta la teoría de que el político no nace, sino que se hace. Para llegar a serlo, precisa de una no muy esmerada formación intelectual -incluso tienen tendencia a disfrazarla o exagerarla-, poca o nula experiencia laboral en trabajos que desarrolla cualquier mortal; pero sí de un tipo de formación especial, compleja y completa, que debe empezar lo más pronto posible como becario, suplente, palmero o animador integrado plenamente en lo que se suelen conocer como las “juventudes del partido” o sus centros de estudio. Formación, que algunos completan con otra muy personal en asuntos referentes a las reglas de cortesía, normas de urbanidad, declamación, liderazgo y un ligero baño de aparente ética y moral. 

Como la mayoría no son capaces de conseguir por sí mismos una formación y un poso de peso y prestigio, se ven obligados a rodearse de los llamados "asesores o consejeros" de todo tipo (imagen, expresión verbal y no verbal, economía, política, relaciones internacionales, modos, usos y formas incluso de vestir y un largo etcétera) para que sean estos y sus “sabios consejos" los que les lleven de la mano en los discursos, encuentros, declaraciones, reuniones, mítines, entrevistas y debates. Con ello, se consigue crear y alimentar unos personajes extraños que influyen en sus partidos con raíces y fundamentos falsos, impostados, manidos y llenos de “virtudes ajenas” que junto a teorías poco originales -copiadas y adaptadas a la situación o aparente exigencia del momento- dominan y trasmiten la opinión publicada, que pronto se convierte en pública, por la falta de formación y ningún interés de un semi aborregado electorado que, casi siempre vota con el corazón y muy pocas veces con la cabeza.    

Lo triste se convierte en patético cuando se comprueba que llevamos años en los que las normas básicas de relación y formación no se cumplen. Cansados de tantos años de bipartidismo, hemos inventado lo que ahora se conoce como el “bibloquismo”, o sea dos bloques –izquierdas y derechas-. Bloques, que proceden de arremolinarse, sin orden ni concierto, aquellas ya mencionadas escisiones y nuevas apariciones creadas por personajes destetados pronto o de mal modo, intranquilos o muy ambiciosos que no vieron correspondidos sus ansias y grandes desvelos y quieren dejar de ser tercerones (ni blanco ni negro) y sin futuro “político”.  

En un afán por desplazar y desalojar a los originales por considéralos caducos, perversos y corruptos, ha aparecido una amalgama de los llamados partidos políticos de nueva ola comandados por reciclados o nuevos frikis, aficionados y nada formados para el desarrollo de cualquier cargo político; quienes juegan y compiten entre sí por ponerse al frente en cada uno de los mencionados bloques, pisando, denigrando e incluso buscando engullir con señuelos a sus “colegas” de bando para finalmente ponerse, aunque no les corresponda, a los mandos del grupo.

Una vez nacidos como partidos, lo primero que deben hacer, es buscar sus habichuelas, sus seguidores, votantes, simpatizantes y algunos paganos para tratar de hacer mella en aquella madera de la que nació dicha cuña, que busca no solo su propio sustento y acomodo, sino un espectro propio donde engañar a todos a fin de medrar hasta lo más alto. Así, casi todos ellos, empiezan tímidamente, sin grandes pretensiones y con un radio de acción no muy grande, no sea que se les vaya de la mano. Tras una o dos legislaturas sin mucho ruido y con poco eco, al comprobar que pueden hacer caja, se dedican a morder la mano a aquellos que les dieron de comer o les enseñaron sus primeros pasos en esta profesión de bordes y aprovechados sin compasión.

No dudan en hacer sus correspondientes amagos de amistad eterna o de unirse en coalición; se autodefinen como socios preferentes y maldicen al contrario en ideología política tanto o más que el supuesto afín y “compañero de bancada” para dejar bien clara, cual animales de presa, su marca y olor. Pero como toda fachada e impostura, dura poco y pronto se derrumba; una vez se entra en clave electoral, se sacan lar armas, bagajes, uñas y dientes y cómo bien se dice que en la guerra todo agujero en trinchera, mejor atacar a aquel que nos pude hace sombra -el hasta entonces compañero- convertido en enemigo, que al auténtico adversario político.

Así, inexplicablemente, vemos en los grandes debates que los supuestos afines o compañeros, se baten cual gladiadores a muerte en la arena política, mientras que el adversario queda relegado a ser un mero espectador, comiendo pipas y viendo con alegría el devenir de la pelea ajena de la que el saca mucho provecho sin hacer nada apenas.  

Cuando pasan las elecciones, la primera y principal labor consiste en medirse las fuerzas resultantes con aquellas sus presas, para ver quién queda mejor situado en la manada y con ello puede aspirar a liderarla con todo privilegio y desprecio al que fue su mentor y compañero. Los tránsfugas, esos que aborrecen y abjuran de todo y a todos, que se lanzan a los brazos y el calor de su eteno enemigo cual repentinos conversos muy arrepentidos, son otro tipo de malaje, que había casi desaparecido, pero que, ahora de nuevo florece como amapolas en todos los campos y lugares, tienen también mucho que ver con este malhadado y poco ético comportamiento.     

Los tradicionales partidos tampoco están libres de pecado. Con esto de la remodelación y la mal llamada “regeneración política” se han dejado arrastrar por las modas y modismos impuestos por los nuevos en escena y han adoptado gran parte de los vicios y lacras de aquellos con una facilidad sorprendente y muy preocupante. Hoy en día, es difícil encontrar un partido político que no esté salpicado de escándalos, casos de corrupción, corruptelas o cacicadas a manos de aquellos que, no siendo ni habiendo sido nada; por el mero hecho de pisar moqueta, no han dudado ni un instante en adoptar posturas, gestos y apadrinar acciones que dejan muy lejos las limpias prácticas democráticas en partidos que se erigen como los catalizadores y padres de la transparencia, decencia y limpieza democrática. Los hay incluso, que encuentran en esta situación la oportunidad para hacer verdaderas alcaldadas.

Es bien fácil encontrar personas, que en cuestión de días u horas ya son claros rehenes de una gran falta de credibilidad; con amañados CVs adornados de falsas o muy dudosas tesis, masters postgrado y otras lindezas; autores de vacuas e inalcanzables promesas electorales; urdidores de mociones de censura contra natura y totalmente contrarias a lo pretendido con ellas. A patrocinadores de gestos ñoños, ascos y repulsas por no hacerse una foto junto a los otros, cuando, a la hora de la verdad, no recelan de los votos del repudiado para poder así ocupar un cargo que por sus fuerzas y capacidades propias les estaría vetado y, también cómo no, de falsos predicadores que sugieren o exigen al contrario como “brillante solución” lo que para ellos es un auténtico pecado.    

El mal uso de las redes por desconocimiento de sus capacidades o por dejarlas en manos de becarios, gentes de poca formación, escaso interés por dejar los puntos a defender totalmente claros y sin ofender a nadie, está siendo cada vez más patente, patético y muy generalizado; aunque, también puede ser la excusa para tapar barbaridades propias, que jamás debieron ser publicadas y menos a bote pronto, tras un calentón y sin un momento de reflexión. Malos ejemplos de lo acabado de referir hay muchos en la vida política española; aunque tengo la sensación de que se amplifican mucho más entre los partidos de los extremos o aquellos de ideología independentista o separatista. Los hay incluso que su trascendencia es tal que pueden suponer un grave problema para el futuro de su propia carrera política.  

Es tanta la maldad, el disimulo y hasta desparpajo en sus actos, que no dudan en rasgarse las vestiduras por corruptelas de tres al cuarto entre sus enemigos políticos y, sin embargo, miran para otro lado cuando los suyos roban o despistan a mansalva. Baste con mirar a Andalucía y compararlos con las portadas y editoriales en la mayoría de los medios de comunicación, una vez más, del sábado 3 de agosto sobre una posible petición fiscal de imputación en el caso más estirado, aprovechado y usado por tiros y troyanos -hasta para la moción de censura- de la historia del mundo y sabrán de que les habla este humilde artesano de la pluma.

Las grandes aptitudes para la simulación, el engaño y la hipocresía son muy importantes tanto para el pejesapo como para los partidos políticos a fin de despistar a los adversarios y facilitar que caigan en cualquier tipo de engaño. Estos días somos testigos de una de las mayores añagazas de la historia reciente y que viene de la mismísima mano del famoso Dr. “No es NO y que parte del no, no ha entendido”. 

Precisamente, el mismo día que se conoció el sustento del gobierno navarro por la estricta y calculada omisión de Bildu para facilitárselo al Partido Socialista, Sánchez apelaba públicamente a la coherencia y el apoyo de los llamados partidos “constitucionalistas” para facilitarle el gobierno de España, basando su discurso en tres elementos o pilares irrefutables: que así “lo hizo y sin problemas” su partido cuando lo precisaba el PP; favorecer que gobierne el partido más votado y evitar que el gobierno resultante quede forzado y en manos de separatistas o anti constitucionalistas y filoterroistas ¿Cabe más ignominia? Justamente las misas tres premisas que él incumple en Navarra.      

Estos males no solo son endémicos o propios de los españoles; su aplicación en el exterior es cada vez más grave e intensa en lugares donde la vida política se entiende o interpreta como una continua contienda. Por citar algunos ejemplos, en el Reino Unido es frecuente ver apabullantes salidas de tono entre los lores y los comunes en sus disquisiciones o performances ante intervenciones del gobierno y la oposición que obligan constantemente a mantener el orden y la calma entre los asistentes al acto. En la UE, el ambiente parlamentario también se empieza a calentar y las discrepancias son grandes y graves y hasta parece haberse llegado a una especie de guerra entre lo que deciden los líderes a puerta cerrada en sus consejos y lo que debe aprobar o no la Cámara. Las intervenciones, amenazas; así como el número y densidad de los mensajes de Trump tanto interna como externamente, sobrepasan los límites de la cortesía y la diplomacia para mantener un mundo en concordia y en paz y no constantemente a borde de la guerra nuclear o total. 

Aquellos grandes mentirosos con capacidad de proyección o repercusión mundial tienen mucho más peligro que los otros pececillos que solo suelen pescar o influir en peceras pequeñas, muy cerradas y sin apenas influencia exterior o nada desproporcionada. En este sentido en la arena internacional contamos con muchos en liza para alcanzar la corona de ser el más Fake o falso de todos. Haber hay muchos y para todos los gustos: Boris Jhonson, Trump, Putin, Netanyahu, Ali Khamenei, Macron, Kim Jong-un y Xi Jimping.

Los grandes cambios en los partidos introducidos por desgaste, evolución, reacción o al verse amenazados de ser engullidos por sus pares hacen que con el tiempo, no se parezcan en nada a sus orígenes. Estamos pues, de nuevo, en manos y amenazados por una especie política en plena evolución de recuperación que ya no usa la buena educación, su mejor preparación y el discurso cierto, sincero, garante y recurrente para convencer y levantar los ánimos de la población afligida en busca del bien común y el beneficio ajeno. Hemos vuelto a los tiempos de los trileros, los grandes populistas, los mendaces, los falsos, los que solo buscan la foto y los prevaricadores. De aquellos que se suben al atril con mendaces discursos, llenos de palabras embaucadoras y argumentos falaces con tal de mantener su poltrona y pingues privilegio; sin importarles que para ello haya que comerse al compañero, que se hunda la economía, se pisoteen los principios, se rompa la historia, se trocee la patria ni que la gente de tanto prometerle mucho pan y circo se quede hambrienta y tan aburrida como una ostra.