Opinión

El pueblo tunecino ha hablado mediante el voto y ahora es turno de la política

Kais Saied, presidente de la República de Túnez

La sociedad tunecina ha estado inmersa durante seis semanas en la más intensa demostración práctica de la ansiada democracia lograda por la Revolución de los Jazmines que, a su vez, pusiera fin a los periodos autocráticos del país desde su independencia. Las tres elecciones celebradas desde el pasado 15 de septiembre, dos para elegir presidente y otra para configurar la cámara legislativa, han forjado el futuro político inmediato de este país y creado el contexto sobre el que se desarrollarán las principales gestiones en una sociedad ávida de resultados.

Como presidente de la República, el pasado miércoles 23 ya fue investido el jurista Kais Saied, que, a pesar de conseguir un apoyo masivo en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, no dispone de partido en el Parlamento y debe tomar un rol mediador en la próxima formación de Gobierno. En el tradicional discurso tras la toma de posesión, Saied hizo referencia tanto a los derechos de los hombres como de las mujeres y marcó sus objetivos principales en la reducción del endeudamiento, la lucha contra el terrorismo y en acabar con la corrupción. Estas declaraciones se han recibido con optimismo e ilusión tanto por la sociedad del país como por la comunidad internacional, pues todos coinciden en el diagnóstico de estos problemas como los grandes retos del país norteafricano. No obstante, también existe preocupación en ciertas organizaciones no gubernamentales, como Amnistía Internacional, en la propensión a la pena capital que el nuevo presidente ya emitió en campaña.

En el panorama legislativo, la voz popular ha generado una Asamblea de Representantes del Pueblo muy fragmentada con hasta 20 partidos presentes. Nuevos grupos políticos saltan a la palestra en perjuicio de Nidaa Tounes, el anterior partido vencedor que pasa de 83 a 3 escaños, y del partido islamista Ennahda, que a pesar de ser el vencedor desciende 17 escaños por la irrupción de otros partidos de índole religiosa. También es de resaltar el papel que ha obtenido Qalb Tounes con 38 diputados, el partido del competidor a la presidencia, Nabil Karoui, es la segunda fuerza de la cámara y podría llegar a obtener importante poder en el futuro Gobierno. No obstante, el encargado de alcanzar la mayoría de 109 diputados es el movimiento Ennahda que se alzó vencedor con 52 asientos, la heterogeneidad parece apuntar un futuro ingobernable, pero la experiencia de la anterior legislatura nos indica que los vetos no son muy recurrentes y que cualquier acuerdo es posible. 

La disposición de la cámara y la figura del presidente está determinada por la voz popular a través de los sufragios de las últimas semanas, la democracia tunecina toma recorrido y la configuración del Gobierno, así como la elección del jefe de Gobierno, depende ahora de la Asamblea emanada de las elecciones. Las negociaciones están encabezadas por el partido vencedor el movimiento islamista Ennahda que, aunque todavía le faltan el doble de sus votos para alcanzar cualquier acuerdo, tiene como segundo partido con mayor representación, Qalb Tounes, que no ha planteado vetos. La pasada noche del viernes 25 de octubre, el líder del segundo partido en la Asamblea, y competidor a las presidenciales, fue recibido en el palacio de Cartago y resaltó su interés en que se forme un Gobierno cuanto antes con un amplio apoyo parlamentario. Nabil Karoui se muestra abierto y optimista ante el futuro político, aunque todavía está siendo investigado por serios delitos económicos. Con esta perspectiva se inicia el juego político y los acuerdos entre partidos y movimientos que tratarán de conseguir los Ministerios más relevantes como el del Interior, Exteriores o Asuntos Religiosos, mientras el presidente observa con perspectiva una Asamblea en la que no tiene influencia política directa.

Los próximos acuerdos de Gobierno serán cruciales para escenificar las simpatías o, al menos, tolerancias que se profesan los partidos presentes en la Asamblea tunecina, muchos de ellos muy noveles para poder haber demostrado sus estrategias políticas. Además, se configurarán los posibles frentes laicos-islamistas o conservadores-progresistas en las futuras leyes que afrontará el poder legislativo de la República tunecina.