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Opinión

El rey de Marruecos participa en la Cumbre Árabe de Argel

El rey de Marruecos, Mohamed VI, durante el discurso de la Fiesta del Trono

Para el rey Mohamed VI, o se toman en serio las cumbres árabes o no se celebran. Mantenerlas sólo por la forma es inútil. La Cumbre Árabe de Argel, prevista para principios de noviembre, se juega mucho: unificar a los países árabes en torno a una visión común de paz renovada, prosperidad posible y trabajo conjunto para superar divisiones y disensiones.

La celebración de una cumbre árabe requiere movilización, un esfuerzo considerable a la vez que un compromiso. Los esfuerzos de Argelia en este sentido son encomiables. Pero la tarea de todos los países árabes es hacer que sea un éxito, primero con la presencia de sus jefes de Estado y luego con su disposición a tomar decisiones valientes.

El mensaje de Su Majestad a los hermanos argelinos y árabes es claro: dejemos la retórica belicosa, las causas de discordia, la desinformación continua y las voces de disensión, y esforcémonos para que la cumbre de Argel sea todo un éxito. La mano del rey de Marruecos seguirá tendida al Gobierno y al pueblo argelinos, pero esta vez desde Argel y con todos los hermanos árabes alrededor de la mesa.

Incluso se ha informado de que se han establecido contactos en nombre de Marruecos con los países del Golfo para que la representación sea de alto nivel para que la Cumbre de Argel sea un éxito. Su Majestad no cedió al discurso negativo que quería hacer descarrilar la cumbre o posponerla indefinidamente sólo porque se celebrara en Argel. Existen diferencias entre Marruecos y Argelia, por supuesto, pero ¿por qué sacrificar el trabajo común árabe sólo porque la cumbre se celebre en Argel?

Además, qué gran oportunidad para decirse la verdad. ¿Qué le molesta a Argelia del comportamiento de Marruecos y viceversa? No sólo está la cuestión del Sáhara: hay fronteras y espacio aéreo cerrados, relaciones a media asta, retórica belicosa por ambas partes y un pasado compartido con sus momentos de gloria y dolor.

Pero los retos son también enormes para ambos países: la integración magrebí, que tarda en materializarse, la lucha contra el terrorismo, el crimen organizado y la delincuencia transfronteriza, la inestabilidad en el Sahel, la cuestión libia, el desarrollo de África Occidental, etc. Parece utópico hablar de estos temas en un contexto de máxima tensión que se ha desvanecido a nivel de redes sociales e incluso a nivel de eventos deportivos. Pero como decía Churchill, nunca hay que dejar pasar una crisis sin realizar algún bien. Los nombramientos de la historia son raros: los argelinos crearon el nombramiento trabajando desinteresadamente para celebrar la Cumbre y Su Majestad honró este esfuerzo diciendo que firmaría. No dejemos pasar este momento inédito y reunamos, argelinos y marroquíes, las aspiraciones de los dos países hermanos.

Además, los problemas que requieren el trabajo conjunto de los árabes son múltiples y complejos. Siria, Yemen, Libia y Somalia son focos de tensión y guerra constantes. Sudán, Irak y Líbano atraviesan períodos políticos, económicos y de seguridad difíciles.

Y, por supuesto, también está la cuestión palestina: una causa que sólo puede salir ganando si se mantiene alejada de las maniobras políticas y de la manipulación mediática. La Iniciativa de Paz Árabe lanzada por el difunto rey Abdullah de Arabia Saudí y adoptada por la Cumbre de Beirut en 2002 sigue sobre la mesa y puede ser reiterada y readoptada por la Cumbre de Argel. No habrá una normalización efectiva de las relaciones con Israel mientras no se cree un Estado palestino con Jerusalén Este como capital.

Lo mismo ocurre con Irán: mientras siga interfiriendo en los asuntos de los países árabes a través de sus milicias y minorías chiíes, Irán será considerado una fuente de problemas y una amenaza para los países de la región.

Pero hay cuestiones estratégicas que se debatirán en la cumbre: la seguridad alimentaria y energética, la integración económica (basada en las buenas prácticas desarrolladas por los países del CCG y la Convención de Agadir), la renovación cultural árabe y la adopción de un nuevo modelo de desarrollo...

La Cumbre de Argel puede ser un nuevo comienzo para la acción conjunta interárabe. Un nuevo impulso con una nueva visión y un nuevo enfoque. La nación árabe merece que estos líderes estén en la cita con la historia.

No podemos sino celebrar la valentía del rey de Marruecos, que ha barrido con una mano las cuestiones divisorias y está dispuesto a abordar los verdaderos problemas de la nación árabe: la seguridad, el desarrollo, la juventud y los retos del cambio climático. De la mano de sus hermanos argelinos y árabes, Su Majestad el rey quiere dar el ejemplo de un liderazgo que no quiere ser prisionero del pasado ni rehén del presente. Quiere lanzar el reto de afrontar el futuro de la nación árabe con valor y determinación. Sólo uniendo los esfuerzos de todos los países árabes podremos superar las divisiones entre naciones y construir el sueño de un espacio árabe próspero, rico, sostenible y pacífico. Nuestros hijos y ciudadanos se lo merecen y lo esperan.