Opinión

El secesionismo cobra fuerza en las regiones anglófonas de Camerún

Atalayar_Paul Biya

Camerún enfrenta desde hace años el conflicto secesionista más grave del África subsahariana. Las dos regiones de habla iglesia del sur y el oeste del territorio demandan desde hace tiempo su independencia del resto del país, de habla francesa. Se trata de un viejo problema que comienza en 1960, cuando, ante la independencia, se impuso un acuerdo de unidad nacional entre los dos territorios que permanecían divididos desde la Primera Guerra Mundial.

Las diferencias culturales y lingüísticas enseguida despertaron las protestas de los anglófonos ante el Gobierno de Yaundé que no tardarían en convertirse en el conato de una rebelión generalizada que últimamente está adquiriendo carácter de guerra civil. La población anglófona (dos millones y medio de habitantes), conocida en tiempos de la dominación británica como Amban Land, comenzó las reivindicaciones protestando por el trato más favorable que recibían las regiones francófonas y exigiendo autonomía administrativa para, entre otras cosas, gestionar la enseñanza. Desde entonces, las exigencias no cesaron de aumentar.

La organización de guerrillas ocultas en sus frondosas selvas y combatiendo a base de atentados terroristas desencadenaron una violenta represión de los militares enviados por el Gobierno para liquidarlas. En el verano de 2017,  la lucha por la independencia se fue recrudeciendo y, el primero de octubre, los líderes de la sedición proclamaron con gran solemnidad la creación de la República de Ambazonia. Nunca llegó a constituirse una estructura de Estado, pero la secesión continuó cobrando fuerza y los enfrentamientos armados ya arrojan un balance de más de cuatro mil muertos y 70.000 desplazados hacia el exilio, en Nigeria y Chad.

El Gobierno no hizo especiales esfuerzos por buscar una salida autonómica y las intervenciones internacionales fracasaron reiteradamente. El presidente camerunés, Paul Biya, que a sus 88 años lleva 38 en el poder, se aferra a la idea de resolver el problema por la vía militar, lo cual suma todos los meses nuevas víctimas e incrementa el odio. Mientras tanto, las guerrillas siguen cometiendo atentados contra las personas y las sedes de los organismos oficiales. No hay datos precisos del número de guerrilleros, pero sí que cada vez son más los jóvenes que se incorporan a la lucha terrorista y en algunos casos en campo abierto.

Camerún cuenta con 25 millones de habitantes de los cuales reivindican la independencia más del 10%. La llamada República de Ambazonia, que no cuenta con ningún reconocimiento extranjero, integra las regiones más ricas. El país en su conjunto atraviesa una crisis económica que estimula el descontento general. Contribuye a acentuar la crisis la evidente incapacidad del presidente para arbitrar o al menos buscar soluciones.

Biya no procuró el entendimiento entre las dos colectividades cuando era un presidente joven y enérgico y menos se espera que lo consiga ahora que sufre las limitaciones que impone la edad y el desgaste de tantos años en el cargo, el más prolongado de África después de los 42 años de dictadura que ejerce Teodoro Obiang, el presidente de Guinea Ecuatorial. No deja de ser anecdótico que Camerún, país que cuenta con más de 350 lenguas autóctonas, esté al borde de la división por la incompatibilidad entre las dos oficiales.