Opinión

El turismo no es el enemigo

Anwar Zibaoui 

El turismo no puede separarse del contexto local, nacional o mundial en el que opera.  Sean epidemias, guerras, crisis económicas, o populismo, lo que ocurre en su entorno le afecta. Mientras algunas ciudades añoran a los visitantes, en otras crecen las quejas por la llegada masiva de turistas, sobre todo, en aquellas ciudades que apostaron y se consolidaron como lugares de referencia. Se olvida que los beneficios del turismo no solamente son económicos. Es una herramienta poderosa para aprender, interactuar con otra gente y otras culturas. Este contacto derriba estereotipos y contribuye a una mayor tolerancia. Pero, sobre todo, enriquece y aporta creatividad, estímulos, talentos y mejora de capacidades, todo ello imprescindible en un mundo global.

Demonizar el turismo, y culpar a objetivos fáciles es un enfoque simplista ante un desafío complejo. Es preciso huir de las emociones, dejar las tácticas a corto plazo y plantear estrategias con luces largas. Menos apelar al miedo ante lo diferente, y más políticas que alimenten la concordia, y que hagan de este mundo un lugar mejor. 

El sector del turismo ha vivido un crecimiento espectacular en los últimos 70 años. Sus inconvenientes, en caso de estar mal gestionado, no pueden distraernos de las grandes oportunidades que ofrece si está bien administrado. Por su carácter transversal, impacta en otras 70 actividades económicas, y representa el 10% del PIB y el 10% del empleo.

El año pasado, se alcanzó un récord de 1.400 millones de viajeros, y para 2026 se esperan 1.800 millones de turistas. Si esto es una bendición o un desastre, dependerá de cómo se administra. Si es responsable, el turismo estimula el crecimiento inclusivo, crea empleos y pymes, atrae inversiones e impulsa los entornos.

Ciudades que prosperaron por la apertura, el intercambio, el comercio y el turismo, se enrocan hoy en hacer de los turistas un chivo expiatorio, En el turismo, una percepción puede no ser cierta, pero sus consecuencias lo son. Las reputaciones negativas no son fáciles de borrar y las percepciones pueden destruir esta industria. Una vez que se perciba que una ciudad no es hospitalaria perderá, no solo aquello que no quiere, sino mucho mas.  

Hay que centrarse en buscar soluciones a largo plazo. Que los beneficios alcancen a todos los ciudadanos. Mejorar la distribución del turista, disminuir la estacionalidad, aliviar la presión en los centros. Hay que trabajar con la industria, no en su contra.

El turismo no es el enemigo, pero si lo es su mala gestión.