Opinión

En Marruecos, el amor es un crimen

Manifestaciones a favor de Hajar Raissouni

El pasado septiembre, un asunto del ámbito moral sacudió el reino antes de convertirse en un símbolo de las luchas de toda una generación. Hajar Raissouni, una periodista conocida por sus opiniones a favor del movimiento Hirak en el Rif, fue condenada a un año de prisión por relaciones sexuales ilícitas (fuera del matrimonio) y aborto. La activista finalmente recibió el perdón real y el caso debía resolverse tras este feliz resultado. ¡Pero no lo hizo! El indulto real no impugnó la condena, y las mujeres marroquíes decidieron que debían disponer libremente de sus cuerpos sin incurrir en delitos penales. 

La lucha por la libertad de la mujer en Marruecos es antigua y compleja. Es tan antigua como el patriarcado, cuyas profundas raíces solo se consolidan con leyes arcaicas y represivas. Aunque hubo destellos de esperanza en Marruecos con la Moudawana (importante reforma del código de la familia a favor de la mujer en 2004), los últimos mandatos gubernamentales sucesivos en el país, que llevan el sello del partido islamista PJD (Partido de la Justicia y el Desarrollo) no han ayudado en nada. Al contrario. Las leyes derivadas de una lectura literal del Corán dominan y son consentidas por la mayoría.

Pero la lucha por la justicia no está ligada a los números y la historia lo ha demostrado más de una vez. Sin embargo, para aquellos que quieran seguir con los números, aquí hay algunos: El año pasado 14.500 personas fueron procesadas por sexo fuera del matrimonio, más de 3.000 por adulterio y unas 170 por homosexualidad. Según el diario francés Le Monde “50.000 niños nacen fuera del matrimonio cada año, y 24 niños son abandonados cada día”. Además, en Marruecos, se reconocen entre 600 y 800 abortos cada día! ¡Estas mujeres son las madres, las hermanas y las hijas de aquellos que luchan por mantener estas leyes destructoras de la libertad! 

Entonces, ¿hasta cuándo debemos esconder nuestras caras? ¿Qué pasa con todos estos recién nacidos abandonados? Cuando algunos mueren, otros se quedan en la calle, sin más remedio que convertirse en delincuentes, lo que eleva la tasa de delincuencia en un país que lucha por la justicia y la equidad social. Marruecos debe poner fin a la política de meter la cabeza en la arena y reconocer a sus hijos, los considere o no legítimos. Un niño sigue siendo un niño fuera de las condiciones en las que fue concebido. 

Aunque Hajar haya recuperado su libertad, la maquinaria judicial que condena a las mujeres sigue funcionando y continúa aplastando a los ciudadanos más pobres y débiles. Es esta conciencia la que ha llevado a mujeres y hombres ante el Parlamento pidiendo a la legislatura que prohíba estas leyes obsoletas, que impiden a Marruecos alcanzar el rango de gran nación. Y es en este contexto de protesta en que nació el colectivo 490, que se proclama “Khareja 3an el 9anoun”, es decir: proscrito. “Somos forajidos. Violamos leyes injustas y obsoletas que ya no existen. Tuvimos sexo fuera del matrimonio. Hemos sufrido, realizado o sido cómplices de un aborto”, dicen las decenas de miles de firmantes. 

El colectivo se refiere a la ley 490 del código penal que castiga “de un mes a un año de prisión a todas las personas de sexo diferente que, no estando unidas por los lazos del matrimonio, tengan relaciones sexuales entre sí”. La campaña ‘El amor no es un delito’ se lanzó en diciembre pasado y ha sido ampliamente seguida y publicitada. Hoy en día la red está llena de videos de mujeres que han decidido expresarse sobre un tema que sigue siendo tabú. Los ciudadanos marroquíes piden la despenalización de los actos sexuales y lo reclaman mostrando el rostro y ya sin esconderse. Al final, el caso de Hajar Raissouni fue una caja de Pandora que recordó a todos su vulnerabilidad ante la ley. 

Para quienes lo recuerden, el colectivo 490 remite al Manifiesto de los 343 firmado por Simone de Beauvoir para despenalizar la interrupción del embarazo en Francia en la década de 1970. Además, el colectivo marroquí acaba de recibir el premio Simone de Beauvoir en París. 

El reconocimiento internacional es bueno, pero mejor es que se abra un debate nacional.