Opinión

En política exterior el lenguaje importa

Sáhara

Luego de las elecciones de los Estados Unidos, cuando el presidente Donald Trump quiso enturbiar el proceso y desconocer los resultados —al verse derrotado en su aspiración a un segundo mandato—, un gran número de países (probablemente la mayoría), expresaron su apoyo a la democracia estadounidense, respaldaron públicamente la institucionalidad y el proceso electoral de ese país, salvo contadas excepciones. Entre las excepciones, Marruecos, México y otros más. 

Tras el bochorno trumpista que tuvo lugar en el Capitolio y la posterior investidura de Joe Biden, hasta un trumpista consumado como el jefe de Estado mexicano, el presidente Andrés Manuel López Obrador, llamó al presidente Biden. Marruecos, transcurridos más de dos meses de que asumiera la nueva administración estadounidense, no lo ha hecho o no lo ha hecho públicamente. A finales de marzo, el presidente Biden invitó a 40 líderes mundiales a participar en la Cumbre del Clima a celebrarse virtualmente durante el 22 y el 23 de abril. El jefe de Estado de Marruecos, pese a su interés en este tema y habiendo acogido la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en 2016 (COP22) no figuró entre los invitados, a diferencia de otros árabes y de otros africanos. De todas formas, John Kerry, designado por Joe Biden como Enviado Especial de Estados Unidos para el Clima, sostuvo una entrevista telefónica con el canciller marroquí Nasser Bourita también a fines de marzo. Kerry afirmó que Marruecos es un gran socio en la lucha mundial contra el cambio climático y que él mismo experimentó el compromiso de Mohammed VI cuando Marruecos fue sede de la COP22. Así las cosas, el funcionario estadounidense subrayó que ambos países esperan profundizar su asociación en este campo durante la COP26 o Cumbre del Clima, a celebrarse en Glasgow en noviembre de este año. 

No está de más recordar que a pocos días de dejar la Casa Blanca, Donald Trump reconoció la marroquinidad del Sáhara Occidental, anunció inversiones millonarias para esa región y, también, en ese marco, Marruecos e Israel normalizaron relaciones. Acto seguido los líderes de Marruecos y de Estados Unidos se rindieron honores mutuos y exaltaron la amistad entre los dos países. Joe Biden no ha dado marcha atrás a la decisión de Donald Trump, pero tampoco ha celebrado públicamente el reconocimiento estadounidense a la soberanía marroquí sobre ese territorio disputado. Incluso algunos analistas estiman que, aunque el presidente Biden no dé marcha atrás a la decisión de su antecesor, se inclina a revitalizar el papel de las Naciones Unidas para hacer avanzar el proceso en ese marco. 

El exdiplomático Jamal Mechbal sostiene que “el reconocimiento de Estados Unidos a la marroquinidad del Sáhara Occidental es un acto soberano enmarcado en el Derecho Internacional, mientras que, del diferendo —como conflicto regional—, seguirá ocupándose el Consejo de Seguridad. No hay contradicción entre el reconocimiento de la soberanía de Marruecos sobre su Sáhara Occidental y el dinamismo y la revitalización que debe tener el proceso que se lleva en la ONU, considerando la centralidad que ha tomado la propuesta de autonomía como opción seria y creíble para una solución al diferendo territorial y sin perder de vista que la independencia de ese territorio no es una opción realista. Estados Unidos, a diferencia de otros países, ha dado señales de querer que se ponga fin a este asunto. La ventaja que hoy tiene Estados Unidos frente a Europa es que puede invertir e incluso participar en maniobras militares en el Sáhara Occidental sin ser cuestionado por sus propias instituciones como sí les ocurre a los países europeos. De hecho, no resulta exagerado decir que Estados Unidos e Israel aterrizarán dentro de algún tiempo en el Sáhara Occidental para, desde allí, expandirse al resto de África y contrarrestar el posicionamiento chino en el continente africano”, observa el experto marroquí. 

Por otra parte, el Departamento de Estado de los Estados Unidos también permite algunas inferencias. Léase el capítulo dedicado a Marruecos —en el reciente Informe que documenta la situación de los derechos humanos en diferentes países del mundo y que fue publicado a finales de marzo—. El Departamento de Estado no asume el lenguaje del gobierno Trump y refiere textualmente tanto al territorio disputado del Sáhara Occidental, como al Marruecos internacionalmente reconocido. Si la administración estadounidense estuviera convencida de que la decisión de política exterior asumida por Donald Trump fue un acierto, ¿Por qué distanciarse en el lenguaje y en los términos utilizados? ¿Por qué insistir en diferenciar el territorio disputado del resto del país? 

En política exterior, como se sabe, el lenguaje importa y la mesura y el silencio del Gobierno Biden en este tema llevan a suponer que respalde y/o estime revitalizar la búsqueda de una solución a ese contencioso territorial en las Naciones Unidas y particularmente a instancias del Consejo de Seguridad que se ocupa de esa controversia. La diplomacia marroquí ha mostrado un nivel de profesionalización considerable y ello le ha permitido importantes avances y logros durante estos años en materia de política exterior y, también, para su causa nacional. Sería poco afortunado y hasta parecería increíble que Marruecos hubiera apostado todas sus cartas a una victoria electoral inapelable de Donald Trump. ¿Espera Marruecos un posicionamiento claro de Joe Biden sobre el tema del Sahara como sugirió el corresponsal de EFE en Rabat? ¿Se quedó esperando Joe Biden una llamada por parte del jefe de Estado de Marruecos como corresponde con un socio y aliado estratégico considerando, además, la buena relación que Joe Biden ha tenido en el pasado reciente con este país norteafricano?

Entre tanto, la dictadura comunista de La Habana hace malabares y se acerca a Rabat, ahora quiere hacer negocios, eso sí, cuidando su histórica asociación estratégica con Argel que solo por concepto de misiones médicas le representa 65 millones de euros anuales. Cuba y Marruecos restablecieron relaciones en 2017, tras casi cuatro décadas de ruptura por el reconocimiento que hiciera el régimen castrista de la república virtual erigida en Argelia por el movimiento subversivo que reclama el territorio del Sahara Occidental. Dicho reconocimiento sirvió para que Cuba forjara sólidas relaciones con el Frente Polisario, auspiciadas y agenciadas por Argel, dedicándose a promover a ese movimiento en América Latina y en instancias multilaterales cuando le resultaba rentable movilizar a los países del Tercer Mundo para justificar excesos, excentricidades, extravagancias y despropósitos. ¿Habría sobrevivido el régimen castrista sin esos socios y amigos que durante décadas han acudido en su auxilio? Todavía está por verse si Marruecos y Cuba llegan a hacer transacciones y negocios importantes con trasfondo político, pero más allá del entusiasmo que exhiben algunos marroquíes, no se debiera minimizar que Argelia es un actor clave para el régimen de La Habana del que Cuba no parece dispuesto a prescindir. 

*Clara Riveros es politóloga, analista política y consultora en temas relacionados con América Latina y Marruecos. Autora de los libros Diálogo transatlántico entre Marruecos e Iberoamérica y Diálogos transatlánticos, Marruecos hoy. Directora de la plataforma CPLATAM que promueve ideas liberales y el seguimiento de la coyuntura política en los países de América Latina y el Magreb.