Opinión

España, ante una década decisiva y dejar de ser un problema para la UE

Atalayar_Banderas UE España

“España es el país de la Unión Europea con el mayor impacto negativo a causa de la pandemia; que tiene 220.000 empresas cerca de la quiebra; un 15,4% de paro con un 40% de desempleo juvenil; una deuda pública del 120% y un 11% de un déficit público insostenible. No podría hacer frente a todo ello si no fuera por el paraguas de la UE y los fondos europeos. Una oportunidad que no puede desaprovecharse, lo que sucederá si no se acometen urgentemente las cinco reformas inaplazables: laboral, fiscal, pensiones, educación y administraciones públicas”. Tal es el diagnóstico del presidente del Círculo de Empresarios, Manuel Pérez-Sala, al presentar sus propuestas para que España afronte una década decisiva.

Era la primera convocatoria presencial del Círculo de Empresarios, combinada con una nutrida asistencia telemática, que contó con la participación de forjadores de opinión como la abogada Miriam González Durántez, la periodista Marta García Aller, el profesor y analista político José Ignacio Torreblanca o el filósofo Javier Gomá, todos ellos moderados por otro periodista, Fernando Jáuregui.

Desde su actual residencia en California, Miriam González reforzó el diagnóstico del Círculo señalando que “España se ha convertido en un enorme problema para la UE, a la que calificó como una Unión convertida cada vez más en una Unión para el trasvase de recursos”. Además de las grandes reformas enunciadas, González se mostró convencida de que España debe afrontar simultáneamente otros dos retos fundamentales: la desigualdad y la reforma de la enseñanza en las universidades, convertidas progresivamente en aparcamientos de jóvenes sin futuro y consiguientes fábricas de parados.

El documento del Círculo reclama a los gobernantes que afronten los desafíos anteponiendo la capacidad de gestión a la ideología con la vista puesta en el largo plazo y no sólo en las próximas citas electorales. Algo que le dio pie a José Ignacio Torreblanca para señalar que la actual y creciente crisis de representatividad democrática nos afecta a todos los países regidos por el menos malo de los sistemas de reparto y alternancia del poder. El fenómeno tiene una especial incidencia en la UE, que ha de resistirse a potencias que cuestionan nuestros valores y principios y ponen a prueba la resistencia de una Unión que aparece fragilizada. A este respecto, es muy importante que la UE redefina y reafirme su soberanía estratégica. “A España y a la UE nos tienen tomada la medida –dijo, aludiendo a las crisis con Marruecos y Turquía- lo que exige ese esfuerzo por conformar esa soberanía estratégica imprescindible”.

Torreblanca calificó de “cenizos” a los que condenan los avances tecnológicos y propugnan soluciones como imponer una fiscalidad dura y específica a los robots, sin darse cuenta de que una lavadora, un teléfono móvil o una hoja de cálculo, por ejemplo, también son robots. Exigió también a la clase política esfuerzo por “reparar” la democracia y construir consensos, porque “esta vez sí que es diferente [a todas las oportunidades desaprovechadas en el pasado], pero no la pifiemos porque ya no va a haber otra”.

La útil y necesaria contribución de la Filosofía

¿Qué hacía un filósofo en una presentación como esta? Sin duda, demostrar que la sociedad en su conjunto no puede prescindir sin la alerta permanente de quienes reflexionan sobre el ser humano y su papel central en el mundo. Así, Javier Gomá recordó la tendencia habitual a identificar a la democracia como sistema que inexorablemente lleva a la prosperidad, para desmentir que esta última sea el elemento distintivo de aquella. “Lo que verdaderamente identifica a la democracia es la dignidad”, afirmó con rotundidad, contraponiendo en su afirmación modelos de innegable prosperidad como el de la China de Xi Jinping, pero en donde el respeto a la dignidad de las personas deja mucho que desear.

A preguntas de Atalayar sobre la tendencia de los gobiernos a multiplicar el número de funcionarios públicos para paliar la enorme destrucción de empleos como solución al problema que más angustia a la mayor parte de la población, la práctica totalidad de los participantes asumió la sentencia de Albert Einstein: “Cuando se aplican las mismas recetas es una locura esperar que se produzcan resultados diferentes”.

El corolario del documento y de las conclusiones es que la UE en general, y España en particular, han de reponer al crecimiento en el centro de la agenda política, lo que requiere las profundas reformas que otros países están acometiendo: Macron en Francia, Draghi en Italia o Biden en Estados Unidos sin ir más lejos. Ello exige liderazgo y una ciudadanía ilustrada, que es en realidad el verdadero contrapoder.