Opinión

España con Argelia

Javier Fernández Arribas

Más de un centenar de empresarios argelinos han venido a España estos días con motivo de la Reunión de Alto Nivel (RAN) entre los gobiernos de los dos países, encabezados por el presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, y el primer ministro argelino, Abdelmalek Sellal, y varios de sus ministros. La foto política es la que suele ser más difundida por los medios de comunicación porque es la llave que abre las puertas. Esta es la realidad de un país vecino como Argelia que ofrece múltiples oportunidades a todos aquellos empresarios españoles que quieran entrar en un productivo entramado de procedimientos que requiere contactos, buenos planteamientos, paciencia y mucha seriedad. El acercamiento entre empresarios de las dos orillas del Mediterráneo es mucho más que necesario e interesante, representa una gran oportunidad de abrir caminos de cooperación que fructifiquen en buenos negocios rentables para las dos partes. Las cifras de comercio bilateral se han duplicado en los últimos tiempos pasando de 5.700 millones de € a más de 13.000. Hay que dar un paso más hacia adelante para intensificar la cooperación española en una Argelia que es consciente de que debe y tiene que diversificar su estructura económica y capacidad exportadora para no depender exclusivamente del sector energético: gas y petróleo. El desarrollo de las infraestructuras es vital para mejorar la estabilidad y el nivel de vida de unos ciudadanos que han pasado por momentos muy duros de enfrentamientos internos y que lucha cada día por mejorar sus expectativas de futuro. Es necesaria una mayor flexibilidad en los protocolos oficiales y en los procesos empresariales para que se pueda dinamizar una relación que debe alcanzar un elemento trascendental y clave para todo: la confianza. El conocimiento mutuo resulta imprescindible para lograr un entendimiento que permita agilizar lo más posible las relaciones comerciales, energéticas, turísticas y de seguridad antiterrorista. España ya ha superado el dilema de tener que elegir entre los dos grandes socos del Norte de África para evitar susceptibilidades. Los dos son estratégicos: Argelia y Marruecos, y cada uno debe entender que no existe exclusividad ni celos a la hora de valorar la acción española de cara a los dos países. El problema más relevante es el Sáhara Occidental y, dentro del marco de la ONU, lo que España debe impulsar es el entendimiento entre los políticos argelinos y marroquíes, como demandan los empresarios y los ciudadanos de ambos países.