Opinión

España-México: el populismo bloquea la economía

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México

Bajo el título esclarecedor ‘Los espejos del Manuelismo’, el autor mexicano Avelino Cortizo Martínez, que ostenta un Máster de Economía y Dirección de Empresas por la Universidad de Navarra en Barcelona, ha hecho un minucioso análisis de la situación socioeconómica en la que se encuentra México bajo el reinado del actual presidente Andrés Manuel López Obrador con algo más de dos años en la magistratura suprema del país.

Avelino Cortizo es un experto conocedor de la realidad mexicana; fundó la Comisión de Innovación y Desarrollo Tecnológico de la patronal mexicana y actualmente es presidente de una oficina de transferencia tecnológica. Vive entre Barcelona y Ciudad de México. 

El libro no es un debate ideológico, ni un análisis de los fundamentos teóricos, políticos e (o) históricos del populismo manuelista. Es una radiografía pragmática del país: dónde estaba México antes de la llegada de Manuel López Obrador, y donde se encuentra ahora. Un libro lleno de cifras, de hechos, de resultados empresariales, de logros y fracasos, enmarcados en la estructura política y administrativa del país. 

La presentación que hace del mismo Francisco García Blanch, ingeniero y licenciado en Ciencias Empresariales por el ICADE, no deja lugar a dudas: “A través del desmenuzamiento de los hechos que han conducido a esta situación de crisis, Cortizo nos aporta una visión certera del peligro global que hoy día se cierne sobre las sociedades posindustriales”. Ese peligro, para García Blanch expresamente y para Cortizo Martínez implícitamente, es el populismo. 

Cortizo sugiere pertinentemente que la detonación del manuelismo hay que buscarla en los errores de los Gobiernos anteriores, escribe García Blanch, pero nos recuerda que la debilidad de la condición humana es el principal apoyo sobre el que se construyen este tipo de movimientos de despotismo social.

Y como no hay nada nuevo bajo el sol, el presentador del libro con una prosa muy amena recuerda que el populismo, tan de moda en nuestras sociedades posindustriales, peronismo en Argentina, chavismo en Venezuela, manuelismo en México o podemismo en España, tiene más de 25 siglos de historia a sus espaldas. García Blanch enumera los antecedentes en el teoricón griego que se convirtió en arma política en manos de los demagogos; las ayudas sociales las practicaron también los romanos con su Pan y Circo; y más tarde en la Edad Media lo hicieron los feudales y la Iglesia con la sopa boba, bodrio o sopa de los peregrinos; o la comida del mogollón que se distribuía gratuitamente en los comedores de las órdenes militares. 

La crítica fundamental que hace el autor del libro, es el bloqueo al desarrollo económico que ha supuesto la eliminación de las ayudas a los pequeños y medianos empresarios, la falta de un sistema impositivo capaz de convertirse en motor de la economía y la creación de empleo, y la demagogia de las políticas populistas de subvenciones improductivas. 

Una interesante aportación de Cortizo son sus análisis sobre la utilización de los nuevos sistemas tecnológicos de comunicación por parte de la dirección de los partidos populistas, señala pertinentemente García Blanch, que se convirtieron casi en exclusivistas de este tipo de comunicación social. Hasta ahora nadie como los populismos ha sabido manipular las redes sociales y, por muy nativo digital que uno sea, la gente necesita certezas, que solo se las suministra el manipulador de las redes, como ha sucedido hasta el presente.  

La cuestión que se plantea el autor mismo y para nosotros el presentador, es si España lleva camino de seguir los pasos de México. La que en un tiempo no lejano fue la tercera o cuarta economía europea, se desangra hoy con 4 millones de parados y un desplome económico como no se conocía en décadas. 

A modo de advertencia, García Blanch nos recuerda el pensamiento del periodista y escritor italiano fundador del Corriere della Sera, Indro Montanelli, hace ya casi un siglo: los partidarios de los Gobiernos populistas se dividen en tres grupos: los que esperan formar parte de los que mandan, los que esperan recibir algo de los que mandan, y los que no entienden el fondo del mensaje, pero creen que les beneficiará apoyarles para que manden.