Opinión

Estados Unidos pone a salvo a sus colaboradores en Afganistán

AFP/ ANPREET ROMANA - Regimiento de Marines de la 2ª Brigada Expedicionaria de Marines en el Campamento Dwyer en la provincia de Helmand en Afganistán

Los Estados Unidos han iniciado un plan para la evacuación de millares de personas que colaboraron de alguna manera con sus Fuerzas Armadas en Afganistán. El primer avión con doscientos pasajeros ya partió del aeropuerto de Kabul e inaugura un puente aéreo que contempla alrededor de setecientos vuelos con destino a distintas ciudades norteamericanas.

La Administración de Biden no quiere que se repitan las represalias que sus intérpretes, guías y demás servidores sufrieron en otros lugares como Vietnam cuando se retiraron las tropas a las que ayudaban. Las crónicas de los corresponsales en Afganistán coinciden en que los talibanes controlan cada vez más provincias y el ambiente de los antiguos colaboradores de militares y civiles extranjeros están atemorizados.

Una delegación de técnicos que continúa trabajando en Kabul en este programa, elabora las listas de las personas a evacuar junto con sus familias. Las cifras ya registradas se anticipa que son superiores a las que se contemplaban de partida. El proceso contempla el traslado a diferentes Estados de la Unión donde tendrán estatus de refugiados,  recibirán ayuda para instalarse e iniciar una nueva vida.

Cuando unas semanas atrás salieron las últimas unidades militares norteamericanas del país la inquietud que se creó entre el grueso de la población afgana está siendo muy grande, para algunos rayando en el pánico. Son muchos los ciudadanos que quieren marcharse lo cual obliga a los encargados de planificar la operación con mucha atención y cuidado para que no se cuelen intrusos ni se queden sin ayuda algunos comprometidos .

El fanatismo religioso que inspira a  algunos esperan con ansiedad la vuelta del Gobierno de los talibanes sólo es comparable con el  miedo  que se vive, especialmente en los ambientes urbanos,  entre quienes recuerdan muy bien lo que  previsiblemente les espera. Las mujeres que en estos años se han adelantado a cierta modernización de sus costumbres son las más preocupadas.

No solamente temen el regreso al burka obligatorio para salir a la calle como a y su alejamiento de la universidad y el retorno a la sumisión a sus maridos o padres que impusieron las autoridades talibanes cuando gobernaron, antes del 11 M, y que continúan a rajatabla en las provincias que van cayendo bajo su control.