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Opinión

Estados Unidos: rumbo a 2024

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Con un espectacular 59,4% de los votos, Ron DeSantis ha dado un contundente golpe en la mesa electoral de Estados Unidos. El gobernador republicano de Florida no sólo ha conseguido la reelección en un estado clave, sino que ha emergido de forma fulgurante en la carrera para la nominación presidencial de cara a los comicios de 2024.

DeSantis, un ariete contra las políticas del movimiento woke en su país, ha logrado convertirse en la esperanza de muchos republicanos que ven en él la opción de regresar dentro de dos años a la Casa Blanca con un perfil igualmente conservador, pero quizás menos polarizador que el de Trump.

Este último firmó en las pasadas elecciones legislativas de medio término (las midterm) un decepcionante liderazgo de su partido, habida cuenta de que el desastre demócrata previsto no se produjo finalmente. Como en tantos aspectos de la vida, y la política no es distinta, las expectativas son siempre fundamentales. Los republicanos, que estaban preparados para una noche de vino y rosas, se toparon con su derrota en el Senado y obtuvieron una escasa victoria en la Cámara de Representantes. La movilización del voto demócrata tras la derogación de la sentencia Roe contra Wade que garantizaba el aborto en el conjunto del país, explica en cierta medida este resurgir demócrata. Sin embargo, esta no es la única clave que permita explicar por qué los republicanos han firmado un papel tan decepcionante frente a unos demócratas liderados por un presidente mayor, impopular y castigado por una devastadora inflación que empobrece al ciudadano medio. Más bien habría que buscar la razón en el hecho de que los candidatos respaldados por Trump fueron en el menor de los casos excéntricos. Por esto se perdieron batallas decisivas como las de Arizona, New Hampshire o Pensilvania.

De manera que las opciones de Trump tras su derrota, aún no reconocida en 2020 y de este tropiezo en el 2022, se reducen frente a DeSantis. Pero este último no es el único nombre que suena. El exvicepresidente Mike Pence, favorito de los evangélicos, el senador también por Florida Marco Rubio que ya se postuló en 2016, o el exsecretario de Estado Pompeo, también podrían jugar un cierto papel en las primarias.

¿Y en el partido demócrata qué?

Biden acaba de cumplir ya 80 años lo que le convierte en el presidente más mayor de la historia, y sus traspiés y confusiones desde luego no ayudan a disipar las dudas sobre un posible deterioro cognitivo. No obstante, ha demostrado su eficacia electoral frente al trumpismo, razón por la cual no habría que descartarle fácilmente.

Por su parte, Kamala Harris se ha desdibujado completamente en estos dos años como vicepresidenta, que, si bien es un cargo más protocolario en EEUU, sí que le podría haber permitido desarrollar una mayor proyección pública.

En este contexto, resulta lógico que se haya comenzado a hablar de Gavin Newsom, alcalde de San Francisco entre 2004 y 2011, y gobernador actual de California desde 2019, reelegido este año con una imponente victoria.

Otros nombres que siguen sonando aún son los del secretario de Transportes Buttigieg y la senadora Warren, del ala más progresista de los demócratas, lo que no parece una buena candidatura para presentar en un contexto tan polarizado como el actual.

Por ende, el camino hacia 2024 no ha hecho más que empezar y los dos partidos no tienen en absoluto claro su ticket electoral. Estas próximas elecciones serán especialmente relevantes, ya que el violento ataque al Capitolio ha hecho inevitable vislumbrar que el grado de división y descrédito de las instituciones en la primera potencia mundial no deja de aumentar. El auge de los sectores más escorados en ambas formaciones, al que estamos asistiendo desde hace una década, debe frenar y para ello 2024 puede ser una gran oportunidad.