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Opinión

Extorsionar a Occidente: una política y una estrategia del Estado iraní

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Hace 43 años, el pueblo iraní se levantó por enésima vez contra el Sha por su libertad. Pero en ausencia de fuerzas progresistas y democráticas, encarceladas o ejecutadas, los mulás pudieron utilizar la cadena de mezquitas y el espíritu religioso dominante para robar al pueblo su revolución y fundar una teocracia. A pesar de ello, la resistencia a la tiranía nunca ha cesado. A los países occidentales les interesa hacerse eco de ello.

En los últimos años, con las revelaciones post mortem de Ali Montazeri, los levantamientos populares en Irán han seguido creciendo. En el último año persa, tres levantamientos en Juzestán, Baluchistán e Isfahan, y más de 11.000 protestas y manifestaciones han seguido afirmando la voluntad del pueblo iraní de lograr por fin una verdadera democracia en beneficio de todos. En 2019, hasta 1.500 jóvenes insurgentes fueron asesinados por orden del Líder Supremo, Alí Jamenei. Y la violenta represión de este deseo de libertad ha sumido al régimen iraní en una crisis generalizada de legitimidad.

Las cancillerías occidentales se están disparando en el pie

A primera vista, podría pensarse que las democracias occidentales se han pronunciado a favor de la democracia en Irán, de acuerdo con sus principios de libertad, igualdad y fraternidad. La realidad es muy diferente. El año pasado, los Gobiernos de Estados Unidos y Europa mostraron una gran flexibilidad para llegar a un acuerdo con el régimen iraní. Estados Unidos aceptó levantar parte de las sanciones, mientras que el representante de la UE asistió a la toma de posesión de Ebrahim Raisi a pesar de su pésima reputación. Hay que recordar que fue un funcionario muy activo en 1988, durante la masacre de 30.000 presos políticos, cuando estuvo entre los patrocinadores de las ejecuciones sumarias en las cárceles de Teherán.

El resultado de estas flexibilidades políticas occidentales es catastrófico en muchos sentidos. En primer lugar, Irán está aprovechando para acelerar sus pasos hacia la adquisición de la bomba atómica. El objetivo es claro: poder producir rápidamente armas nucleares y aumentar así su fuerza y poder militar, especialmente contra Occidente, para aumentar la extorsión y promover su modelo teocrático en todo el mundo.

La otra gran consecuencia de esta debilidad diplomática occidental se puede ver sobre el terreno. En el último año, el régimen se ha endurecido aún más. En primer lugar, elevando a Ebrahim Raisi a la Presidencia del país y, mientras continuaban las negociaciones nucleares, duplicando el número de ejecuciones de mujeres y jóvenes menores de 18 años en el momento de su detención, en comparación con el mismo periodo del año anterior. Pero Kazem Gharibabadi, secretario de Derechos Humanos del Poder Judicial de los mulás, no se siente ofendido. Por el contrario, afirma que "hay que tener en cuenta que no existe ninguna obligación internacional de garantizar que los menores de 18 años no sean condenados a muerte".

La escalada perpetua

Al mismo tiempo, el Estado iraní continúa con su lógica belicosa. Sigue entrenando y equipando a sus milicias presentes en otros países, proporcionándoles numerosas armas, incluidos los drones, ataca el aeropuerto de Qatar, dispara repetidamente cohetes contra la Embajada de Estados Unidos en Bagdad o contra sus bases en diversas partes de Irak. La respuesta estratégica de los mulás a la culpable contención diplomática de Occidente es nada menos que la incitación a la guerra.

En casa, la economía se hunde. De hecho, el régimen ha aumentado el presupuesto de la CGRI en un 220%. Con la misma lógica, el Líder Supremo prefiere reforzar su maquinaria policial y militar en lugar de prever alguna inversión para mejorar los medios de vida del pueblo. El empleo, la vivienda, la salud, la educación y el bienestar de la población son cuestiones secundarias. Muy secundario.

La posición explosiva del país

El hecho es que la prioridad de este régimen es, efectivamente, construir una bomba. Y esta situación no hace más que aumentar el descontento cada día. Según las estadísticas de los medios de comunicación oficiales del régimen, al menos el 60% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. La tasa de inflación es superior al 50%. No hay fondos disponibles para la mitad del presupuesto de este año. Incluso los economistas del régimen creen que el deterioro de la situación económica ya no se puede controlar. Lógicamente, los levantamientos de diversos sectores de la sociedad iraní continúan. Y el hecho de que sigan aumentando a pesar de la fuerte represión del Estado muestra la enorme acumulación de problemas políticos, sociales y económicos sin resolver y el deseo urgente de esta sociedad iraní de un cambio real y de libertad.

El Líder Supremo y los mulás están convencidos de que la obtención de la bomba resolverá todos los problemas. Por supuesto, la bomba será inútil contra las sublevaciones que no saben gestionar más que con la represión violenta, pero les permitiría pedir un rescate a Occidente, extorsionar mayores concesiones e incluso grandes sumas de dinero, mientras promueven su modelo político islámico. La teocracia quiere tanto el levantamiento de las sanciones como el mantenimiento de sus estructuras para enriquecer y construir la bomba atómica. Como consiguieron en el acuerdo de 2015. El pastel y comerlo también.

A falta de una política firme por parte de Occidente, los mulás están dando largas a las negociaciones para ganar el tiempo que necesitan para enriquecer uranio y construir la bomba. Con ello, las cancillerías occidentales se están poniendo en peligro al permitir que un peligroso enemigo se fortalezca militarmente y adquiera armas nucleares. Sin embargo, la historia europea ya nos ha demostrado lo costosas que pueden ser las vidas humanas si somos negligentes y complacientes con la diplomacia. ¿Podemos creer por un momento que los gobiernos occidentales estarían satisfechos con el hecho de que el fascismo religioso y el banquero central del terrorismo también tengan armas nucleares? Porque seamos claros, el abandono de la bomba atómica por parte del régimen iraní es una ilusión. El Estado iraní ha sellado definitivamente su destino con la bomba.

Durante años, el pueblo iraní y su deseo de libertad y pan han sido ignorados por Occidente. La situación explosiva de la sociedad y de la juventud insurgente es hoy el factor más importante capaz de determinar el futuro de Irán. Apoyar el movimiento popular por la libertad y los derechos humanos en Irán es la forma más segura de evitar el riesgo que los mulás suponen para el mundo occidental, obteniendo la mejor garantía de que el régimen iraní no conseguirá la bomba atómica, y, mejor aún, garantizando la seguridad y la desislamización en Europa.

Hamid Enayat es un analista, activista de derechos humanos y opositor político iraní afincado en Francia.

  • Ali Montazeri, entonces segundo al mando del régimen y posible sucesor de Rouhollah Jomeini, se manifestó en contra de la fatwa emitida por el Guía Supremo (Jomeini) que disponía la ejecución sumaria de todos los presos políticos en el verano de 1988. Sus declaraciones de entonces se hicieron públicas en el verano de 2016, gracias a una grabación publicada en internet. Esta cuestión fue un tema importante en la campaña presidencial de 2017, durante la cual algunos candidatos, entre ellos Ebrahim Raisi, declararon que no se arrepentían de este período oscuro en sus actividades políticas.
  • Ebrahim Raisi fue uno de los miembros más activos de la tristemente célebre Comisión de la Muerte, encargada de aplicar la fatwa de Jomeini.
  • CGRI: Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, bajo el control directo del Líder Supremo, totalmente ajeno al control de la vida pública del país.