Opinión

Feliz Acción de Gracias a Estados Unidos

Donald Trump, presidente de Estados Unidos, con pavo de Acción de Gracias

Las familias norteamericanas celebran hoy una de las fiestas más importantes de su calendario, por encima incluso de la Navidad, de la llegada del Año Nuevo, y, si me apuran, incluyo el 4 de Julio. Es el Día de Acción de Gracias que llega siempre el cuarto jueves del mes de noviembre, una celebración que recorre todos los rincones del país-continente, desde Seattle hasta Miami, desde Maine hasta San Diego. Todas las confesiones religiosas aceptan esta fiesta transversal e inclusiva que tiene la particularidad de reunir a millones de familias que durante el año viven alejadas en puntos cardinales muy separados, y que viene acompañada por el mayor éxodo y utilización de transporte público o privado que se produce en el mundo en el transcurso de unos pocos días. Pese a que su presidente siga dando muestras de irresponsabilidad, esta vez publicando mensajes en Twitter en los que simula ser Rocky Balboa, los ciudadanos de la primera potencia mundial están ocupados y preocupados en estas horas tan sólo en su reunión familiar y en que todo salga bien en el esperado reencuentro. 

La tradición del Thanksgiving Day viene del siglo XVII, en 1621 para ser exactos. Los colonos europeos compartieron una cena con los nativos Wampanoag en la que agradecían la buena cosecha que la Naturaleza les había proporcionado aquel año. Las tribus originarias les habían enseñado a cultivar maíz, la caza y la pesca para sobrevivir tras la llegada del Mayflower con los primeros aventureros. No sólo aprendieron a cultivar esa gramínea, sino que extendieron sus campos de producción al grano, la cebada, los frijoles y la calabaza. Los indios participaron en aquella primera cena de gratitud aportando ciervos recién cazados y pavos, el origen de la utilización de esta ave como base de la cena de esta noche. Al lograr la independencia las trece colonias, instauraron el Día de Acción de Gracias, y, muchos años después, Abraham Lincoln la institucionalizó en fecha como la de hoy. No sería hasta 1941 cuando el presidente Franklin D. Roosevelt proclamara el día como festivo en todo el país. 

Pero tal y como ha desvelado la iniciativa de The Hispanic Council, la herencia española sobre Estados Unidos tiene también su huella en esta celebración tan destacada. Más de medio siglo antes de aquello, en la ciudad más antigua de América del Norte, Saint Augustine, los españoles ya habían hecho su particular acción de gracias a los pobladores primitivos del continente celebrando una misa y un acto de gratitud por su hospitalidad en forma de cena junto a los integrantes de la tribu Seloy. The Hispanic Council fecha ese evento, que es primer antecedente de esta fiesta, el 8 de septiembre de 1565. Saint Augustine es una villa con unos 10.000 habitantes, bañada por el Atlántico y verdadero refugio de especies salvajes de la península de Florida. Resulta sorprendente pensar cómo se puede considerar a los estadounidenses como agresores del medioambiente visitando zonas naturales multi kilométricas como las playas del sureste del país. El exquisito celo que las autoridades, instituciones y los propios ciudadanos ponen en el cuidado del entorno está a años luz del que desarrollamos en algunos lugares de Europa, incluso con el carácter liberal que le dan al otro lado del océano a las licencias para construir. El ser humano se mimetiza con los espacios naturales en uno de los países más ricos de la Tierra, que sin embargo será una vez más puesto como ejemplo de lo contrario en la COP 25 que está a punto de celebrarse en Madrid. 

Esa ciudad, decíamos, fue fundada por un conquistador español, Pedro Fernández de Avilés, en ese año del que datan los primeros vestigios de la cena familiar por excelencia en América. Y allí sigue la fortaleza que Avilés ordenó construir. La ciudad se convirtió en un refugio para los nativos que huían de los esclavistas británicos, que se habían establecido algo más al norte, en los territorios que hoy ocupa Charleston en Carolina del Sur. El trato que se recibía en las colonias españolas de la Florida era bastante más humano, hasta el punto de que se les permitía disponer de medios monetarios propios y tenían amplios derechos concedidos por la Corona. La leyenda negra tiene todavía mucho que aprender y sus defensores bastante que leer en los archivos históricos para comprender la importancia de lo español en América, y, concretamente, en los Estados Unidos, donde hoy las familias se reúnen a cenar en torno a un buen menú de pavo, salsa ‘gravy’ o de arándanos, puré de patatas y boniatos asados con especias, inmortalizando una tradición que nació, sí, de la influencia española en tierras de ultramar. 

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