Opinión

Francia declara “muerte cerebral” de la OTAN

El presidente francés, Emmanuel Macron

Emmanuel Macron es un político hecho con el viejo molde pero revestido de posmodernidad. Su acceso a la presidencia de la República se produjo en un momento de descrédito de los partidos tradicionales en Francia, UDF y Socialista, que cavaron sus propias tumbas al no conectar con los ciudadanos del país, siempre exigentes en su demanda de más Estado, más progresismo, más derechos y más subvenciones. Cuando las dos formaciones que se habían alternado en el poder durante décadas dejaron de serles útiles, los franceses las mandaron al sumidero de la historia y compraron el mensaje de un nuevo-viejo político, que conectaba con ellos a base de poner un nuevo lenguaje a la misma Francia de siempre. Y así fundó La República En Marcha, y con este partido instrumental ciudadano cabalgó hacia El Elíseo logrando el 66 por ciento de los votos en la segunda vuelta ante Marine Le Pen. Su gestión política dentro de sus fronteras y en el plano internacional le valen al presidente para seguir teniendo una alta valoración en su país: casi el 50 por ciento de popularidad, tras haber librado una batalla ante la opinión pública con los gilets jaunes, los chalecos amarillos que pusieron en jaque a su gobierno durante semanas. Le ha ocurrido como a Sebastián Piñera en Chile: la violencia en las calles le hizo rectificar su medida sobre el impuesto al carbono, pero a diferencia del país andino en Francia las protestas en la calle fueron disminuyendo hasta ser testimoniales en su convocatoria semanal en los Campos Elíseos, que ya casi no salen ni en breves de Le Monde. Por otra parte, el dominio como figura prominente europea parece haber iniciado el camino del relevo en el liderazgo de Angela Merkel, en aparente decadencia física y política.

Ahora Macron ha elevado la voz para denunciar, en una entrevista en The Economist, la confusa marcha de la Alianza Atlántica, con unas frases que no han dejado indiferente a nadie a ambos lados del océano: «La OTAN se encuentra en estado de muerte cerebral. Debemos clarificar cuales son las finalidades estratégicas de la OTAN. Europa debe dotarse de la capacidad militar indispensable para afirmar su autonomía estratégica». Sus alertas dialécticas van más allá del club de defensa occidental, e incluyen a la UE: «Europa desaparecerá si no se piensa y afirma como potencia, víctima de una fragilidad extraordinaria». Las declaraciones del presidente francés se enmarcan en su idea, proclamada desde hace meses, de una evidente decadencia de la hegemonía occidental en el planeta. Y en su convicción de que el proyecto europeo desaparecerá como civilización en beneficio de los dos polos opuestos que se atraen tanto como se rechazan: Estados Unidos y China. 

Las palabras de Macron revelan que no existe ahora en la Alianza una estrategia coordinada, un mando multilateral que tome las decisiones. Los ataques del presidente estadounidense contra la OTAN desde antes y después de asumir su cargo no han caído en saco roto, y suponen un golpe del que tres años después es muy difícil recuperarse como club de socios que confían los unos en los otros. La respuesta de EEUU ha llegado desde la misma capital alemana, en la visita conmemorativa del aniversario de la caída del Muro de Berlín que el secretario de Estado ha realizado estos días. Mike Pompeo, como la propia Merkel, cree que Macron exagera pese a hacer referencia a pruebas concretas de lo que considera un coma profundo en el seno de la Alianza: la retirada norteamericana de las tropas del norte de Siria y la consiguiente operación turca contra los kurdos. Ahora a la Casa Blanca le parece, ante las dudas francesas, que la OTAN es imprescindible y estratégica. 

Todos los puntos que alejan a Europa de la América de Trump salen a la superficie con este último episodio que siembra dudas sobre el futuro de las actuales relaciones supranacionales en el mundo. Si a ello unimos el escepticismo de la administración norteamericana, no exento de razón, sobre Naciones Unidas y sus cruzadas ideológicas, el dibujo que queda no mueve precisamente al optimismo, teniendo en la trasera a China, la otra gran potencia mundial, relamiéndose en sus calculados enfrentamientos de tira y afloja con EEUU sobre los aranceles y restando claramente protagonismo comercial a la economía europea. Tal vez no sólo sea la OTAN la que está en “muerte cerebral”.