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Opinión

Gobernantes fagocitados por la guerra

G7

Estamos en una economía de guerra. Las bolsas están previendo un escenario ennegrecido que termine en recesión… otra vez esa maldición. Este martes 5 de julio, los mercados bursátiles volvieron a desplomarse ante las malas previsiones cortoplacistas: así, en España, el IBEX-35 cayó 2,48%; en Francia, el CAC-40 se desplomó 2,68%; en Alemania, el DAX30 perdió 2,91% y en Reino Unido, el FTSE 100 cedió un 2,86%.

Ante la inflación, los precios de los carburantes, el costo de la luz por las nubes y la incertidumbre, el 43% de las familias en España han cancelado sus vacaciones de verano. Todos temen la conclusión de la temporada estival y la llegada del otoño e invierno porque intuyen será un cierre de año muy complicado.

Hay un punto de inflexión con la invasión a Ucrania, es la vuelta a la Europa de toda la vida: la de la guerra, los racionamientos, la sangre, el sudor y las lágrimas que han marcado a las generaciones más inmediatas la de los abuelos y los padres que vivieron en sus carnes los estragos de las guerras del siglo pasado. Las generaciones jóvenes de este competido y competitivo siglo XXI están viendo ante sus ojos cómo el peor de los espectros se alza nuevamente ante sus ojos. Ellos serán los más afectados, los grandes damnificados.

No hay un pronóstico optimista. En España, podrían quebrar 600.000 empresas si se agudiza la crisis energética y en definitiva el dictador ruso cierra totalmente el grifo del gas para ahogar principalmente a los países de Europa del Este.

Los ciudadanos de toda Europa están nerviosos porque otro frenazo económico –tras el golpetazo en seco provocado por la irrupción de la pandemia en 2020- tendrá graves consecuencias económicas y por supuesto, sociales. Y desde luego, no quedarán indemnes los políticos que pagarán en las urnas todo este desastre.

A colación

Sí, hay inquietud y la opinión pública no va a perdonarlo. Me parece altamente preocupante la notable debilidad de los gobernantes que están tomando todas las decisiones –sin referendos de por medio– de cómo responder a la atroz invasión rusa a Ucrania, según lo decide Estados Unidos, para sus propios intereses.

En Reino Unido, el primer ministro Boris Johnson, está prendido con alfileres a Downing Street. Cada día más debilitado, no lo quieren ni sus propios correligionarios del Partido Conservador; la renuncia casi al mismo tiempo de sus ministros de Economía y de Sanidad revela la debilidad en la que se encuentra sumido.

En lo personal me parece muy llamativo: no recuerdo un consenso más firme por parte de los países miembros de la OTAN para hacer frente a los apetitos militares rusos y no recuerdo a tantos países aplicando una serie de férreas sanciones a Rusia con la finalidad de hacerle entender al Kremlin que debe retornar a la senda del diálogo, de la negociación y del respeto a la soberanía de un país retirando sus tropas.

Ya la irrupción de la pandemia implicó un dilema para los gobernantes entre decidir la bolsa o la vida cuando los confinamientos; ahora, con la invasión a Ucrania, están ante un nuevo dilema: la economía o frenar a Putin. Y la respuesta es clara porque muchos han decidido pegarse un tiro en el pie para decirle al dictador ruso que no puede ir invadiendo países sin enfrentarse con fuertes consecuencias.

Lo que pasa es que, hacia adentro, estas medidas en forma de bombas de sanciones están dejando graves consecuencias económicas para todos los países. Y ya están siendo bastante impopulares.

Muy difícilmente Johnson terminará este año sin otra moción de censura esta vez impulsada por el Partido Laborista y apoyada por los conservadores que no lo quieren más, porque ya no se sienten representados por él, ni por sus decisiones.

En este Titanic, en el que todos estamos metidos, a ningún político se le ve un liderazgo sólido. En Francia, el presidente Emmanuel Macron, ha perdido la mayoría en el Congreso y tiene un panorama de ingobernabilidad para los próximos cinco años; y encima enfrenta el descontento de un amplio bloque formado por varias izquierdas, socialistas, comunistas, ecologistas y la Francia Insumisa que convergen en la necesidad de someter a Macron a una moción de censura y hacerlo a un lado del Gobierno.

En España, el presidente Pedro Sánchez, tiene un Gobierno de coalición entre el PSOE y sus socios de ultraizquierda de Unidas Podemos que es dinamita pura; la más reciente decisión de aprobar mil millones de euros en un crédito extraordinario para incrementar el presupuesto de Defensa ha abierto una crisis de Gobierno porque hay dos visiones equidistantes de cómo manejar el actual conflicto militar. Para Sánchez, pasa por la realineación con las sanciones y con la OTAN por las armas y el apoyo a Ucrania y Unidas Podemos está totalmente en contra de dicha posición.

En Alemania, en cuanto la economía entre en recesión, el canciller Olaf Scholz tendrá una grave crisis política –sumada a la crisis socioeconómica– por todos los sacrificios a los que deberá someter a la población en un invierno sin calefacción.

Y en Estados Unidos, el Partido Demócrata recibirá un batacazo en las Legislativas de noviembre próximo como prueba del descontento de la gente hacia las decisiones de Joe Biden. Los norteamericanos no querían verse envueltos en otra guerra y por eso salieron de Afganistán. Es verdad, Rusia es el agresor, decidió invadir a otro país y ha desatado un enorme miedo en Europa porque Putin podría no parar en Ucrania. ¿Qué va a pasar cuando Johnson, Macron y Scholz ya no estén? ¿Qué va a pasar si en 2024 sigue la guerra y Trump regresa a la Casa Blanca?