Opinión

Grecia contra Turquía

Bandera Turquía y Grecia

Las políticas militaristas de Turquía intensifican los riesgos de un gran conflicto en el Mediterráneo. Son muy preocupantes los tambores de guerra que empiezan a sonar con más fuerza entre Grecia y Turquía y un conflicto entre los dos viejos enemigos mediterráneos nos puede involucrar a todos los europeos. El Gobierno de Atenas, a través de su ministro de Asuntos Exteriores, Nikos Dendias, ha dejado bien claro que si sufre un ataque armado por parte de su vecino turco invocará una sección del Tratado de la Unión Europea de 2009 que obliga a los Estados miembros a proporcionar ayuda y asistencia a otro país de la UE que se enfrente a una agresión armada. 

Grecia y Turquía han estado al borde de la guerra tres veces desde 1974. El objeto de disputa en este momento es la ambición del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan de apropiarse de una gran bolsa de gas ubicada en una zona del Mediterráneo en la que Chipre, miembro de la UE, insiste en que tiene derechos exclusivos. Erdogan ha enviado buques de guerra para proteger sus intereses en la zona y los de los turcochipriotas. 

La petición griega a sus socios europeos, por ahora, se limita a preparar sanciones económicas contra Turquía si sigue adelante con sus exploraciones de gas y petróleo frente a las islas griegas. Unas sanciones que podrían representar serios problemas para una economía turca que ya atraviesa graves dificultades. Grecia reclama derechos exclusivos en las zonas objetivo turco, que en el caso de Creta se encuentran muy lejos de la costa turca.  Para dar cobertura a sus ambiciones, Erdogan firmó el pasado mes de noviembre un acuerdo de frontera marítima con el Gobierno del Acuerdo Nacional de Libia, una de las partes del conflicto libio, liderado por el primer ministro Fayez Sarraj, dominado por los islamistas, aunque goce del reconocimiento de Naciones Unidas. 

La intervención militar turca evitó la derrota de Sarraj frente al mariscal Haftar en Trípoli y ahora ataca las posiciones costeras de Sirte. La presencia rusa en el conflicto libio, donde hay muchos intereses de varios países, es utilizada ahora por Erdogan para ganarse el apoyo del presidente norteamericano, Donald Trump. Sin embargo, la política agresiva turca en Siria, Irak y Libia, más sus planes en el Sahel y el Sáhara, choca ya abiertamente con países como Francia y Egipto que están dispuestos a enfrentarse al neo-otomanismo de Erdogan, además de varias naciones árabes. Tanto el presidente francés como el egipcio han trazado líneas rojas y una de ellas es la negativa a que las tropas turcas controlen Sirte. En su propio país, la popularidad de Erdogan desciende cada día más.