Opinión

Guerra civil en la derecha

Gobierno Presidencia España

Y en pleno toque de queda: (perdón, en plena restricción de movilidad nocturna), como nos ruega precisar el regente don Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Hasta el 9 de mayo todos en casa. ¡Cuán poco ha durado la Nueva Normalidad! Ahora parece que estamos sentados en la cúspide de una pandemia dinámica que puede ir a mejor o puede ir a peor. Depende. ¿De qué depende?  De nuestra responsabilidad. Desde el pasado domingo estamos atrapados no en la mitad de la nada sino en el centro de las mayores incertidumbres.

Humildad franciscana

El doctor Sánchez ha regresado de Roma tras visitar al papa Francisco no como un humilde siervo de la curia cardenalicia sino como casi un cisterciense.  Su sermón “urbi et orbi”, al filo del telediario, nos descubrió al más empático de los dirigentes españoles, preocupado por este maldito virus chino que no cesa ni se doblega y compartiendo el dolor con los sanitarios y las víctimas, aunque no hayamos podido contarlas todavía. Sánchez sufre por todos nosotros, excepto por los militantes de Abascal al que no ha llamado ni llamará para cumplir a rajatabla el mandato del “documento democrático” firmado con sus socios el primer día del Debate de la Moción de censura. Quiere una mayoría absoluta si es posible en el Congreso esta semana entrante sin asumir el “mando único” como ordena la ley, si no cogobernando con las 17 CCAA como le han exigido Urkullu y Aragonés. A eso le llama “levantar un muro de unidad” mientras, cual Pilatos, se lava las manos y transfiere la responsabilidad al Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, con Illa y Simón a la cabeza. Vergonzoso el comportamiento del primero en el confinamiento de Madrid al utilizar datos falsos e impropio el del irresponsable coordinador del (CCAES) al reírse en rueda de prensa “Bueno, es jueves, volvemos a hablar… de lo mismo… ja ja, ja… ¿Cuándo se acabe la pandemia de qué vamos a hablar entonces?”  Esa estupidez sin gracia con más de 60.000 muertos y más de un millón de contagiados, debería merecer su dimisión. Pero no lo hará. Eso es lo malo. 

Sánchez y el Papa

 

Hemos aprendido poco en este tiempo, aunque el presidente diga lo contrario. Ya hemos comprobado desde el 14 de marzo que el caos ha sido el denominador común en todas las Autonomías. Y que al igual que la Educación, las competencias deberían ser exclusivas del Estado. Nada se ha legislado desde el inicio de la pandemia como anunció Carmen Calvo, como nada se ha legislado para detener el golpismo galopante desde 2017 al acecho de que reverdezca en primavera. Ya sabemos que la unidad es la piedra filosofal de romper el espinazo al virus. El llamamiento a los gobiernos regionales, a los empresarios, sindicatos y trabajadores, a los partidos políticos y a los jóvenes “que quieren divertirse” se traduce en este mandamiento: a menos movilidad, menos contagio. Vale. Si no hay sanciones, es como el que oye llover. Sánchez tiene tanto talento para desviar el foco de atención que es capaz de “escuchar crecer la hierba”. Un mago del escapismo al que el bicho no obedece. Todavía.

A falta de conocer los detalles del BOE, Moncloa ha evitado el confinamiento general porque el dilema era sencillo: o más muerte o más ruina. Nada ha hablado el jefe del Ejecutivo del Legislativo y casi del Judicial de los sectores más castigados, en especial el turismo y la restauración. Cierto que se abre un período jurídico de estabilidad, pero no se cerrará hasta que no haya un acuerdo presupuestario que la propia ministra Montero retrasa hasta febrero del 21. La incertidumbre y la inacción de este gobierno han sido prodigiosas en los últimos meses. Mientras Europa buscaba soluciones en verano, el primer ministro se marchaba de vacaciones después de alentar a los ciudadanos a consumir desaforadamente porque “habíamos vencido al virus”. No era verdad.

Cuestión de Estado

En su comparecencia monclovita admitió -y esta vez su voz no se quebró- que “la pandemia es una cuestión de Estado”. Ya era hora. Si los españoles hubiéramos tenido acceso a las UCIS y a las morgues, hubiéramos conocido el dolor de cerca. Y la muerte siempre imprime sensatez y prudencia. ¿Por qué no conocemos el número de fallecidos todavía? ¿Son sólo una estadística y no una tragedia social y humana? Un tsunami humanitario.

Esta decisión política de no permitir retratar las “colas del hambre”, los féretros apilados en los palacios de hielo ni el interior de los hospitales va a desembocar en graves problemas mentales de inseguridad y miedo que necesitará a miles de psiquiatras que la sanidad pública no podrá pagar, para neutralizar tanta desesperanza y detener tantos suicidios.  De esta crisis no saldremos más fuertes sino más pobres y con mayores desigualdades porque ocultar la verdad, engañar a la gente, tratarnos como a niños, es propio de regímenes con escasa calidad democrática. No somos súbditos sino ciudadanos. De esta crisis tampoco saldremos más libres porque mientras nos sacude esta peste china no estamos elaborando ningún plan de futuro para recuperar el empleo, verdadero motor de la dignidad humana. Tres datos: el 30% de los establecimientos de la Gran Vía madrileña se venden o se alquilan; la mitad de los hoteles de Barcelona están vacíos y los barcos de recreo de Puerto Banús se venden a pérdidas con rebajas de hasta un 70 por 100. ¿Quién volverá a las barras de los bares y a los toros cuando las administraciones culpan a los taberneros de ser los culpables directos de los contagios y el ministro de Cultura, un tal J.M. Rodríguez, se ufana en que no ayudará al mundo del toro mientras la titular de Trabajo, Yolanda Díaz, deja a los profesionales fuera de las subvenciones, pero consiente los ERTES de los notarios y los registradores de la propiedad? Demasiadas preguntas sin respuesta. 

Completamos el panorama con la gran iniciativa de la ministra de Educación y FP, lsabel Celaá partidaria de conceder aprobados políticos (sociales) para expandir la ignorancia por decreto. Como nos enseñó la canciller Angela Merkel, “invertimos en educación porque los ignorantes nos cuestan más caros”. Visto el panorama no nos debe sorprender que los jóvenes no hayan oído hablar de Miguel Ángel Blanco, de Irene Villa y de Ortega Lara.  

No seremos nosotros los que, sin tener miedo a salir de casa, critiquemos estas medidas gubernamentales que tuvieron que llegar mucho tiempo antes tras una desescalada sin ningún control. Lamentamos que no la lidere el inquilino de La Moncloa porque una casa con 17 puertas mala es de guardar. Acataremos la disciplina y no nos relajaremos ni en Navidad. Estamos por el apoyo extraordinario… pero sin sectarismos, como le ha pedido el papa argentino. Por vez primera, tenemos que contarlo, hemos visto a un jefe de Gobierno hablar con claridad de un problema muy grave que va a condicionar nuestras vidas, las vidas de nuestros hijos y las de los hijos de nuestros hijos. Y la salida a la crisis depende de la dirección del primer paso que dé el Gobierno; esta vez parece que va en la buena dirección, como ya adelantó en Francia el presidente Macron. Una precisión: algunos expertos españoles no gubernamentales creen que España ha iniciado ya la tercera ola. El doctor Sánchez hablaba de la segunda ola. Siempre estamos en la retaguardia. ¿Para cuándo un comité de expertos españoles (no políticos) que marquen el ritmo y el rumbo de las medidas sanitarias eficientes, ahora que la tradicional gripe nos espera a la vuelta de la esquina de este octubre tan traicionero?

Congreso
Una moción que rompe la derecha

Después del estado de excepción (una alarma de seis meses eternos) decretado por el Gobierno de la Nación, parece que la moción de censura de VOX sucedió hace un siglo. Pero no. Aún resuenan las voces y los ecos. No es fácil distinguirlos. La iniciativa de VOX no ha desgastado al Gobierno social-comunista que se encontraba encantado de asistir a un espectáculo donde los votos no daban para derribar al dúo Sánchez-Iglesias. El protagonista no fue el candidato, Santiago Abascal Conde (Bilbao 14 de abril de1976) que tuvo el coraje de nombrar uno a uno a las 850 víctimas directas del terrorismo etarra, poniendo especial énfasis en los del PP, sino Pablo Casado Blanco (Palencia, 1 de febrero de 1981), presidente del primer partido de la oposición. Su discurso, calificado de brillante por el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, desconcertó a propios y a extraños. Mantuvo la decisión del voto hasta la mitad de su discurso. Fue un ataque “ad hominen” a su antiguo compañero de militancia, a quien le disparó sin piedad a bocajarro: “Esta moción no la dispara usted contra el Gobierno sino contra el partido que le ha dado trabajo 15 años”. Un rejón de muerte con banderillas negras con las que rompía todo tipo de relaciones y se “descolgaba” aparentemente de la foto de Colón. ¿Adiós al “trifachito”? 

Pablo Casado

 

Pablo I El Cruel, renació de las cenizas desde último congreso nacional en julio de 2018, rompió con todo el pasado conocido, olvidó que los diputados de VOX le han dado el poder en Andalucía tras cuatro décadas de corrupción institucional del PSOE, en Murcia, en Madrid Comunidad y en el Ayuntamiento de la capital. Y en varias decenas de capitales como Zaragoza y poblaciones como Majadahonda donde los populares gobiernan con los “extremistas” de Abascal, que no han exigido ni un diputado autonómico ni un concejal liberado en la capital del Reino.

Los diputados populares aplaudieron a rabiar la enérgica ruptura con VOX, aunque hubieran aplaudido con la misma energía si hubiera pedido la abstención, como hizo el PSOE en la moción de censura de Iglesias contra Rajoy. Abascal marcó un punto de inflexión y de responsabilidad al replicar desde el estrado, tras expresar su decepción por los ataques: “Ciudadanos andaluces, ciudadanos murcianos, ciudadanos madrileños; no teman. Seguiremos apoyando a sus gobiernos sin pedir nada a cambio como hasta ahora”.

La guerra civil ha comenzado en la derecha. Una pregunta clave: ¿Cómo va a conseguir el PP 176 escaños para ser alternativa real al gobierno de las izquierdas, separatistas y extremistas? Pasará una década, señor Casado hasta que la derecha pueda volver al poder. Usted con su NO Vox ha apuntalado al sanchismo y a UP en la carretera de La Coruña hasta el año 2030. ¡Qué error, qué inmenso error! Sobre todo, al conocer el primer día del debate el “documento democrático” firmado por todos los partidos de la mayoría Frankenstein consagrando un cordón sanitario al apestado VOX calificándolo de ultraderechista. Pero ni a usted ni a Arrimadas les invitaron a firmarlo. Son unos convidados de piedra. Era una continuación de la humillación sufrida por la única diputada del partido verde en el Parlamento vasco, Amaya Martínez. Le   aplicaron un aperthaid en tercer grado retirándole hasta el saludo. Solo ha faltado que la marcaran con la estrella de David. En esta crucifixión participaron el democristiano PNV, el PSE, Bildu y Unidas Podemos.

Casado se ha rendido a los sonidos de sirena de la moderación sin darse cuenta de que ha hipotecado su futuro como ha diseñado Iván Redondo desde su Factoría de Ideas de la Moncloa. El líder del PP ya no es de extrema derecha hasta que la próxima semana se niegue a apoyar al peor gobierno de nuestra democracia. “Hasta aquí hemos llegado”, enfatizó el líder popular. Cierto. ¿Con qué alianzas contará de ahora en adelante para sostener sus minorías mayoritarias? ¿Con un Ciudadanos paniaguado que puede traicionar en Madrid a Isabel Ayuso en el primer minuto de la restricción de movilidad nocturna?  El PP se ha aislado por ese “cambio copernicano” de 360º que alentó el líder de UP –quiso decir 180º, naturalmente- y está a partir de ahora tremendamente solo como le sucedió a la UCD. La izquierda le llamará facha de nuevo, señor Casado en cuanto no se avenga a su juego. Un juego siempre con las cartas marcadas como se ha visto en su deseo de controlar el poder judicial. ¿Cree usted que va a aceptar el PSOE que los de Iglesias no tengan cuota en el CGPJ, en el TS y en el Constitucional? Acuérdese cómo dejó usted en la cuneta a VOX en la composición de la Mesa del Congreso –hay tres representantes de Iglesias-Colau - y en las comisiones de la Cámara Baja.

Cierto que “los verdes” equivocaron su discurso en lo referente a la EU y en el apartado de las autonomías que nos retrotrae a las provincias. Pero el resto del discurso de Abascal –se ha distorsionado con que quiere cargarse al TC- está dentro del marco constitucional. Y en la lealtad al Rey.

Usted, señor Casado Blanco, con alma negra, se ha alineado con los sanchistas, comunistas, separatistas, nacionalistas y bilduetarras… y eso, muchos votantes populares decentes no se lo van a perdonar.  Ha pasado por alto los ataques de Iglesias a usted en Bruselas, no ha criticado al doctor Sánchez cuando dijo que “el terror de ETA era “una lucha armada”. El desmarque de VOX lo condena a viajar de ahora en adelante en una larga travesía por el desierto de la soledad. ¿Díganos con quién va a galopar en su nueva aventura desde el centro reconquistado?

Pablo Casado Congreso

 

La guerra civil ha comenzado en la derecha española con el consiguiente regocijo en toda la izquierda. Si realmente quiere marcar distancias empiece por renegar de Rajoy que nos ha dejado un legado perverso -más allá de si pía Bárcenas si su mujer entra en prisión-, y de los consejos de un Aznar anclado en Las Azores. Tras despedir a Cayetana, no hay una sola idea suya que ilusione al personal. En vez de ganarse el voto moderado, agrede a sus antiguos votantes. ¿Confía en arrancar votos al PSOE o a IU? ¿Y a Ciudadanos? Le faltan 87 escaños para gobernar. Casi el doble de los que tiene. Esta guerra fratricida en el centro derecha no terminará hasta que haya un pacto constitucional y se restañen las recientes heridas personales abiertas con el tercer partido de la oposición. Sabemos que la izquierda es capaz de pactar con cualquiera para conquistar el poder. La trayectoria de Pedro Sánchez le sitúa como a un “killer” para mantenerse unido al Falcon10D. Usted ha demostrado –y consta ya en el Diario de Sesiones, señor Casado-, que, si tiene que matar políticamente a alguien para sustituir al peor gobierno de los últimos 40 años, no necesitara ningún Bruto `para apuñalar a sus compañeros de viaje. Usted se basta solo (o en compañía de sus seis pretorianos con los que escribió su leyenda de hombre duro). Lo malo es que cuando haya acabado esta guerra de la derecha, España estará agonizando entre la pandemia y la ruina; entre la violencia y la desintegración.  Las mociones de censura las carga el diablo. Ya no vale preguntarse por qué hemos llegado hasta aquí. La realidad es que hasta aquí hemos llegado sin saber cómo proteger al rey Felipe VI –confinado en La Zarzuela- y a la heredera Leonor que dieron una admirable lección de patriotismo en la entrega de los Premios Príncipe de Asturias, llamando a la solidaridad. 

Familia Real

 

Los cantos de sirena de Adriana Lastra y de Sánchez –“el PP es un partido de Estado” no se compadece con el vaticinio de su socio de coalición, señor Iglesias. “la derecha no volverá al Gobierno de la Nación”. ¿Cuánto tiempo cree usted, señor Casado, que le concederá la izquierda para volver a identificarlo y señalarlo con sus socios de la Plaza de Colón? Yo se le diré: hasta que firme las condiciones de rendición para renovar los Altos cargos de la Judicatura, del Defensor del Pueblo y de RTVE. Cuando toda la maquinaria de propaganda esté lista para cambiar el régimen. Conocemos hasta dónde puede llegar el infinito egoísmo del doctor Sánchez; tras la  sublime actuación en el Congreso, usted es el otro nuevo rey de la selva. Su ambición llega hasta el horizonte y más allá.  Cuando estas guerras civiles y sanitarias terminen, necesitaremos pactos para salvar lo que quede de España.   Parafraseando al pastor luterano alemán Martin Niemöller, esperemos que “no sea demasiado tarde”.

Antonio REGALADO dirige BAHÍA DE ÍTACA en:  aregaladorodriguez.blogspot.com