Opinión

Hezbolá el brazo político de dios

El lider de Hezbola Nasrallah

Tras haber alcanzado un grado de influencia sobre la política libanesa nunca antes visto Hezbolá se enfrenta a un cambio de escenario con el estallido de la llamada Revolución del 17 de octubre y la ocupación de las calles por las clases populares en el mayor estallidos social en la historia de Líbano y la presumible caída de una clase política caduca, sustentada por la corrupción y el clientelismo, que ha sumido al país en una catastrófica crisis económica. 
Desde mediados de los 70 los chiitas libaneses se habían identificado con el Movimiento Amal, partido político fundado por Musa Al Sadr en 1974. Al mismo tiempo, Al Sadr crea el Alto Consejo Islámico chiita con la finalidad de organizar en integrar en una organización a todos los colectivos y organizaciones chiíes en Líbano. A Musa Al Sadr le sucede Nabih Berri, actual presidente de la Asamblea de Representantes de Líbano, elegido líder de Amal en 1980. Es precisamente a comienzos de los 80 cuando comienza a gestarse la organización que posteriormente se convertirá en Hezbolá. Podemos considerar dos hechos como catalizadores del origen de Hezbolá, el primero es la revolución iraní de 1979 es, el segundo, la invasión israelí de Líbano en 1982.
Aunque hubo que postponer hasta 1985 la presentación en sociedad de Hezbolá, su bautismo de fuego tuvo lugar en 1983 con el atentado al cuartel del ejército de EEUU en Beirut. A lo largo de la década de los 80 y hasta el final de la guerra Hezbolá es un partido de base religiosa, mientras que Amal evoluciona hacia el activismo esencialmente político y posiciones laicistas. Sin embargo estos aspectos no son determinantes a la hora de acercar posturas a nivel político. En origen Hezbolá adopta la idea de la Umma, la comunidad islámica, y se somete a los dictados de la máxima autoridad religiosa del chiismo duodecimano, es decir del líder supremo iraní. Sin embargo la evolución política de Hezbolá lleva al partido de Dios a aceptar la idea del panarabismo como condición indispensable para la derrota de Israel. Esta idea, panarabismo entra en contradicción con la universalidad de la Umma, sin embargo, es esta idea en la que Hezbolá se apoya para abrazar la causa palestina, panarabista e islámica. Y es esta idea la que sustenta el nacionalismo de Hezbolá, cada vez más puesto en duda por la implicación con Irán y Siria.  

Los motivos para el enfrentamiento civil en Líbano son múltiples,  tantos motivos como compleja es la sociedad libanesa. Uno de ellos, aunque no el único, es sistema confesionalista imperante en Líbano, y clave en las protestas que actualmente se están produciendo en el país. Este sistema, confesionalista o de sectas,  desde 1926 articula el funcionamiento de la política y sociedad libanesas de acuerdo con las cuotas de poder establecidas a cada comunidad. Este sistema de confesionalismo político se refrenda en 1943 con la independencia real de la metrópoli, Francia, y es la base de los pactos que ponen fin a la guerra en 1989, los acuerdos de Taëf.
La guerra devastó Líbano desde 1975 hasta 1990 y en ella se enfrentaron en diferentes fases y con un juego de alianzas extremadamente cambiante, las diferentes facciones religiosas que componían la sociedad libanesa, la OLP (Organización para la liberación de Palestina), Israel y diferentes actores internacionales, como EEUU, Siria, las Naciones Unidas o la Liga Árabe. 
A mediados de los 70 la OLP se establece en Líbano, mueve toda su organización e infraestructuras al país de los cedros, donde, al igual que ya ocurriera en Jordania, fue ganando relevancia político militar hasta convertirse en el factor político determinante en el país. Hacia 1975 las tensiones entre las diversas facciones político-militares que operan en Líbano, en un creciente proceso de radicalización, terminan por estallar, el detonante es el ataque de las milicias del partido Kataeb, la Falange Libanesa de la familia Gemayel, a un autobús con refugiados palestinos. El gobierno del presidente Frangieh y el ejército son incapaces de impedir los sucesos que propician el enfrentamiento entre el Frente Libanés, que aglutina a las fuerzas cristianas y conservadoras reunidas en torno al Kataeb, y el Movimiento Nacional Libanés, izquierdista y musulmán. La potencia militar de la OLP constituye el elemento decisivo en el conflicto, decantándose del lado del Movimiento Nacional Libanés y aumentando las posibilidades de una intervención de Israel, que ve como la OLP ataca su territorio desde el sur del Líbano.
En 1978 se produce la primera invasión israelí del sur de Líbano, con el objetivo de completar el control de los recursos hídricos del alto Jordán. . La ocupación israelí dio lugar a la resoluci6n 425 (1978) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que pide la retirada de Israel del sur de Líbano. Israel se apoya en este momento además de en puntuales intervenciones de las IDF (Fuerzas armadas de Israel), en milicias libanesas anti palestinas. En junio se produce la intervención de la Liga Árabe , apoyada por EEUU y liderada por Siria, con una fuerza de interposición. Esta intervención provoca la retirada de las IDF del sur del Líbano, cediendo el territorio ocupado al Ejercito Libre del Líbano, y siguiendo de facto bajo control de las IDF. En 1982 se produce la definitiva ocupación israelí del sur de Líbano. Decidida a terminar con la organización e infraestructuras de la OLP en el sur del Líbano lanza la operación Paz para Galilea, con la intención de aislar Beirut de Damasco y cortar las rutas de retirada de la OLP hacia el norte del rio Litani, asegurándose de paso también el control del rio y sus recursos. Tras enfrentamientos con la OLP y el ejército sirio, las IDF cercan Beirut y ante la catástrofe humanitaria EEUU, Italia y Francia conforman una fuerza multinacional de intervención, que facilita la retirada del ejército sirio y de las fuerzas de la OLP.
En octubre de 1982 Hezbolá, bajo la denominación de Yihad Islámica, ejecuta su primera acción armada contra el ejército israelí en Líbano. En 1983 en el atentado contra los cuarteles de la infantería de marina de EEUU en Beirut, mueren 241 personas. Este hecho, unido al atentado el mismo día contra paracaidistas franceses, donde mueren 59 soldados, y el atentado de abril anterior contra la embajada de EEUU, con 63 muertos, llevan a Washington a replantearse su presencia en Líbano. Finalmente EEUU abandona Líbano, perdiendo la Falange Maronita uno de sus principales apoyos. En 1985 se presenta oficialmente Hezbolá. En ese momento se apoya en Irán y Siria, y se denominan a si mismo Resistencia Islámica. 
Los últimos años de la guerra son una pugna por el control de Beirut enfrentándose Amal apoyada por Siria y Hezbolá y entre las milicias cristianas comandadas por Michel Aoun contra el ejército sirio. En 1989 se negocian entre las partes implicadas en el conflicto, por iniciativa Saudí y americana, los llamados acuerdos de Taëf para poner fin a la guerra civil. Los acuerdos consensuaron el final de la guerra, una reforma política, la tutela siria de Líbano, apoyada por EEUU, el desarme de las milicias y la progresiva retirada de las tropas sirias del Líbano. Hezbolá no participó en la creación de las estructuras sectarias de reparto de poder recogidas en los acuerdos de Taëf, ese rol, político lo representó Amal.

Desde el fin de la guerra civil Hezbolá jugó un papel predominantemente militar, enfrentándose a Israel en el sur de Líbano. Pese a obtener representación en la Asamblea de representantes en las elecciones de 1992, el peso de la cuestión política quedaba en manos del otro gran grupo chií, el Movimiento Amal liderado por Nabih Berri. Ambos movimientos pugnaron en estos primeros años de postguerra por liderar a la comunidad chií de Líbano, siendo mediador ambas organizaciones el gobierno sirio. Esta mediación condicionaba la estrategia de ambas organizaciones tanto en el plano político como en el militar. Hezbolá se concentra en el aspecto militar y el enfrentamiento con Israel, mientras a nivel interno diversifica sus actividades, dividiendo la rama política y la militar, y emprendiendo una intensa actividad proselitista destinada a llegar donde el estado libanés no llegaba. Facilita a la población acceso rápido y gratuito a servicios sociales, servicio de salud, educación etc, sin atender al confesionalismo imperante en la sociedad libanesa. La eficacia de Hezbolá a la hora de atender las necesidades más básicas de la población, procuró a Hezbolá una fuerte base social no solo entre los chiíes, si no entre miembros de otras confesiones religiosas, convirtiendo, ahora sí, de facto a la organización chií en un auténtico estado dentro del estado. 
En el año 2000, la salida de Israel de Líbano suponía el final del camino para una organización para la que la ocupación del sur del país había sido razón de ser desde su fundación 20 años antes. Hezbolá era en estos momentos, la fuerza militar más importante de Líbano, con un alto grado de especialización, entrenamiento y plena operatividad, así como equipada con material moderno por Irán y Siria.. Políticamente se habían fortalecido, contaban con amplio respaldo electoral, sobre todo en el sur del país, pero con una base de votantes nada desdeñable en el resto de Líbano. De nuevo se plantea la necesidad de desarmar a las milicias en Líbano, cuestión retomada por Naciones Unidas en 2004. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas emite la Resolución 1559/2004 exhortaba de nuevo a todas las milicias libanesas a desarmarse y a la retirada siria de Líbano. Hezbolá recuerda su juramento por el que no se desarmarán y disolverán su rama militar hasta que todo Líbano esté libre de la ocupación Israel, lo que implica una complicada cuestión por resolver, las granjas de Shebaa. Estas granjas, al pie del Golán, están situadas en la confluencia de Siria, Líbano e Israel. Ocupadas por Israel desde la guerra de los 6 días y anexionadas en 1981/82, son reclamadas por Líbano como parte de su territorio. Es uno de los principales focos de enfrentamiento entre Hezbolá e Israel, que mantiene un fuerte presencia militar. 

En febrero de 2005, se produce el asesinato de Rafik Hariri, firme opositor a la presencia siria en Líbano. El gobierno libanés acusó a Damasco de estar detrás del asesinato como responsable y la sociedad se dividió en dos bloques enfrentados. Resultado de esta polarización surgen las dos principales agrupaciones políticas del país, la Alianza del 14 de marzo, que aglutina a partidos y organizaciones contrarias a la presencia siria en Líbano, lideradas por la familia Hariri, y la Alianza del 8 de marzo que lideradas por Hezbolá y Amal, agrupa a las organizaciones opositoras al gobierno Hariri, como el MPL (Movimiento Patriótico Libre), cristiano maronita, de Michel Aoun. 
La llamada Revolución de los Cedros o Primavera de Beirut, surgida en torno a la Alianza del 14 de marzo tras el asesinato del primer ministro Hariri, logra, tras conseguir el apoyo de parte de la sociedad libanesa y un amplio reconocimiento a nivel mundial, que Siria tras 29 años retire sus tropas de Líbano.
El gobierno liderado por Fuad Siniora -Movimiento Futuro- surgido tras las elecciones de 2005 incluye a organizaciones de ambos bloques. Es un gobierno en el que Hezbolá negocia su presencia a cambio del reconocimiento a la resistencia representada por la organización chií contra las intervenciones y violaciones de suelo libanés por parte del estado de Israel. Junto a este reconocimiento, se negocia que se respetará todo el armamento y equipamiento de Hezbolá y no se harán intentos de desarme de acuerdo con la Resolución 1559/2004. Es la primera vez desde el final de la guerra civil en que Hezbolá entra a formar parte de un gobierno. 
Durante el mandato de Siniora,  Amal y Hezbolá son el principal sostén del gobierno, mientras que el actual presidente de Líbano, Michel Aoun, encabezó la oposición, centrada en la contención de Hezbolá. La entrada en el gobierno supuso alcanzar, junto a sus aliados de Amal una importante cuota de poder, permitiendo a las organizaciones chiíes ser los garantes de la estabilidad, tanto social como gubernamental en Líbano. 

La intervención israelí en Líbano un año después de la retirada siria fue la respuesta de Tel Aviv a la perenne situación de tensión en la frontera con Líbano, desde donde Hezbolá hostigaba territorio de Israel. El desencadenante fue la incursión en Israel y el secuestro de dos soldados hebreos por parte de Hezbolá, que plantea su intercambio por un centenar de rehenes palestinos. 
Inicialmente las IDF plantearon una desproporcionada campaña aérea con apoyo artillero desde Israel y una intervención terrestre en Líbano para desalojar a Hezbolá de sus posiciones y limpiar el territorio de miembros de la organización chií. Sin embargo los israelíes se enfrentaron a pequeñas unidades de infantería de Hezbolá, muy bien entrenadas, que aprovechaban magistralmente las características del terreno y los entornos urbanos. Armados con armas anticarro, sistemas antiaéreos portátiles, morteros y una gran movilidad, apoyada en una estructura de mando descentralizada, Hezbolá infringió a las IDF la primera derrota contra un actor árabe en la región. La guerra con Israel supuso una gran victoria tanto militar como social y política para Hezbolá. 
La ONU emite la resolución 1701/2006 por la que pide la retirada de Israel de Líbano, el desarme de todas las milicias en Líbano, y el despliegue de una fuerza de interposición de la ONU, la FINUL (Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano) que vigile la frontera entre Beirut y Tel Aviv. Esta fuerza no es simplemente una fuerza de la
ONU, sino que se trata de unidades de 3 de las principales potencias mediterráneas: Francia, Italia y España. Se plantea un intercambio de prisioneros, la resolución a la cuestión de las Granjas de Shebaa y un trazado fronterizo definitivo, sin embargo no se condena la agresión israelí y se considera la petición de desarme de Hezbolá una estrategia tendente a presionar y disminuir la influencia de Irán en Líbano.  
La popularidad de la organización aumentó no solo en Líbano, si, no en toda en la región. A nivel militar la victoria consolidó la posición de Hezbolá a nivel estatal, como la fuerza de militar más importante de Líbano, demostró su capacidad de resistencia y de organización frente a fuerzas teóricamente superiores y convirtió a la organización chií en el actor no estatal más importante del Mediterráneo. 
A nivel político y social se consolida como la organización política más importante de Líbano, legitimando sus aspiraciones políticas en Beirut y recabando importantes apoyos por todo el país. Las primeras acciones de Hezbolá tras la victoria contra Israel estuvieron dirigidas a aumentar su presencia en el gobierno, alejándose de Amal y solicitando formalmente la conformación de un gobierno de unidad nacional, la capacidad de veto en la Asamblea de representantes para la organización chií y la renuncia a una comisión de investigación internacional para investigar la muerte de Rafik Hariri. La negativa del gobierno de Fuad Siniora a ceder ante las exigencias de Hezbolá, provoca la retirada del gobierno de todos los miembros chiíes, quebrando el sistema de cuotas y por tanto deslegitimando al ejecutivo. Nasrallah declara que Hezbolá formará nuevo gobierno y recibe el apoyo del presidente del gobierno Emile Lahoud, presionado por Siria. Decididos a forzar la situación con el gobierno, las organizaciones chiíes, encabezadas por Hezbolá, ocupan las calles de Beirut durante un año y medio. Durante este tiempo, en un alarde de fuerza, Hezbolá despliega en la capital a sus milicias armadas para forzar al gobierno a ceder ante sus exigencias. Hezbolá apoyado por Amal declara ilegitimo al gobierno, Nabih Berri, líder de Amal y presidente de la Asamblea de Representantes bloquea el parlamento. La crisis se resuelve mediante la intermediación de Qatar, que logra un acuerdo por el cual el gobierno libanés acepta el derecho a veto de Hezbolá a cambio de no volver a emplear la fuerza para resolver cuestiones estrictamente políticas. 
En las elecciones de 2009 Hezbolá sigue siendo la fuerza mayoritaria en el sur del país, pero en el resto de Líbano se constata una pérdida de apoyos debido al rechazo popular a la ocupación militar de Beirut el año anterior. Las elecciones las gana Movimiento Futuro, Saad Hariri es elegido primer ministro. Este gobierno es efímero, ya que dos años después el apoyo gubernamental a una investigación internacional sobre el asesinato de Rafik Hariri, provoca una nueva espantada de las organizaciones chiíes y sus aliados del bloque gubernamental debido a los lazos que unen a Hezbolá con Siria y a la más que probable implicación de la organización chií en el atentado. A pesar de todas estas circunstancias, en el plano político Hezbolá es hábil a la hora de llegar a pactos y alianzas a lo largo de todo el complejo espectro político libanes, incluyendo un acuerdo con el MPL del otrora furibundo opositor a Hezbolá, el actual presidente Michel Aoun y convertirse desde 2009 en un pilar básico de los gobiernos de Saad Hariri.
La victoria de 2006 consolidó la posición de Hezbolá dentro de Líbano a todos los niveles, social, político y militar, constituyendo la fuerza de combate mas importante de Líbano, y el actor no estatal más importante del Mediterráneo. Hezbolá es considerado por Estados Unidos como un grupo terrorista de fanáticos anti israelíes. En oposición la UE, que valora su papel político y social por encima del militar, legitimado por la amplia representación parlamentaria, su rol de actor clave en el sostén de los gobiernos libaneses, y por la intensa labor social desempeñada en Líbano. Hezbolá habla de poder y unidad de todo Líbano encabezado por la comunidad Chií, y ciertamente parece que dentro de las organizaciones políticas libanesas es la más cohesionada. Se ha convertido en una organización que ha evolucionado más allá de la estructura militar y de resistencia que era a principios de la década de los 90. Una organización militar más disciplinada, organizada y con más experiencia que las LAF (Fuerzas Armadas Libanesas). Una organización política de la que no se puede prescindir, y una organización social que provee de todo tipo de servicios básicos a la sociedad libanesa, llegando, como ya se ha mencionado anteriormente, donde el estado no puede o no quiere llegar. 
La negativa a entregar las armas de Hezbolá e integrarse dentro de las LAF, implica no solo la presencia de una fuerza militar superior a la estatal dentro de Líbano, hecho que implica la ruptura del monopolio militar que caracteriza a los estados modernos, si no que la disposición de Hezbolá a intervenir en la región de acuerdo a sus propios intereses, Israel, o a la de sus patrocinadores, Irán, dificulta notablemente la acción exterior de Líbano, dividido entre sus socios occidentales, Francia y la UE y EEUU y los regionales encabezados por Arabia Saudí. Desde la fundación de la organización, como una escisión chií a principios de los 80, Irán patrocina, dentro de su política de exportar la revolución, a la incipiente milicia libanesa. Hoy en día, lejos de las políticas de exportar la revolución islámica, Teherán continúa siendo el principal patrocinador de Hezbolá, a pesar de las dificultades económicas derivadas del conflicto con EEUU y Arabia Saudí. Hezbolá es la prolongación militar iraní en la región, permitiendo extender su influencia hasta las fronteras israelíes y convertirse a través de Hezbolá en una de las potencias vencedoras de la guerra en Siria, y hasta el momento en la potencia hegemónica en la región por delante de estados como Turquía o la misma Arabia Saudí.  

La presencia de Hezbolá en el gobierno de Libano

La presencia de Hezbolá en el gobierno de Líbano en este momento es más fuerte que nunca, el gobierno presidido por Michel Aoun, cuenta con 10 ministerios para su formación, el MPL, incluyendo exteriores y defensa, que unidos a otras tres carteras más favorables a Hezbolá y las tres de Amal, confieren al Partido de Dios capacidad de veto a cualquier decisión que quiera tomar el gobierno. Sin embargo se sigue cuestionando, como organización religiosa, su subordinación a la máxima autoridad religiosa iraní. 
Hassan Nasrallah ha ocupado el puesto de Secretario General de Hezbolá desde 1993 tras el asesinato del cofundador del grupo, Abbas al-Musawi. Nasrallah militante primero de Amal y posteriormente de la Llamada Islámica (Al Dawa al Islamiya), recibió la mayor parte de su formación ideológica en Nayaf con el clérigo chií Baqir al-Sadr e Irán. En 1982 ya en Líbano, rompe con Amal y crea Hezbolá, situándose al frente de la rama militar de la organización. Es una figura muy popular en Líbano, donde es percibido como el símbolo de la resistencia frente a Israel, aunque durante los últimos meses, su posicionamiento al lado del gobierno durante las protestas de la Revolución del 17 de octubre, y su decisión de enfrentar a su militantes contra los manifestantes han ensombrecido su otrora incuestionable liderazgo.

La relación de tutela de Siria con Líbano hace inevitables las repercusiones que en el país de los cedros tiene el estallido de la guerra en 2011 en su vecino del norte. Durante las llamadas primaveras árabes de 2011, Hezbolá declara su apoyo a todos los movimientos de protesta surgidos tanto en la región como en el norte de África, pero en el caso sirio, el apoyo a Al Assad es incuestionable y desde el comienzo de las protestas en Siria, se convierten en el principal apoyo regional del gobierno sirio. La posibilidad de un gobierno suní en Damasco surgido de una hipotética revolución era algo inconcebible tanto para Hassan Nasrallah, como para sus aliados gubernamentales, para los que cualquier desequilibrio regional podía, y puede, suponer la ruptura de todo el sistema político en Líbano. Desde este momento Hezbolá es blanco de los ataques del estado islámico y Al Qaeda, sufriendo atentados entre sus militantes, y enfrentándose a estas organizaciones tanto en Siria, como en los combates en el interior de Líbano contra grupos como el Frente Al Nusra. La guerra en Siria fue el bautismo de fuego de Hezbolá en una guerra convencional y su implicación es fundamental para supervivencia del gobierno de Al Assad. La implicación de Hezbolá absorbe parte del impacto del conflicto en sirio en Líbano. Sin embargo, aspectos como los desplazados juegan un importante factor desestabilizador en Líbano, tanto a nivel económico, como para el frágil sistema político libanés. La presencia de Hezbolá en Siria suscita el rechazo de parte del gobierno al que sustenta, que es firme opositor a la tutela siria en Líbano. Además, tanto presidente de gobierno como primer ministro consideraban que la presencia de Hezbolá en Siria también alteraría las alianzas internacionales libanesas, por lo que ante la negativa de Hezbolá a firmar un acuerdo para su no implicarse en ningún conflicto regional y su desarme, proceden a firmar entre el resto de fuerzas representadas en la Asamblea de representantes un acuerdo de disociación de los conflicto en países de su entorno. Líbano teme el rechazo de sus socios occidentales si se implican con el gobierno de Bashar al Assad, inseparablemente ligado a los intereses de Irán. De la misma manera, la élite política no desea complicar relaciones con Arabia Saudí, debido a los múltiples intereses económicos de las grandes familias libanesas.

El precedente al actual movimiento de protesta
El precedente al actual movimiento de protesta en Líbano, es la llamada revolución de la basura de 2015. El estallido social se produce cuando el gobierno, obligado por la emergencia sanitaria producto de la sobreexplotación, cierra el mayor vertedero de basuras de Beirut. Los propios ciudadanos de Beirut se organizan para detener el envío de basuras al desbordado vertedero, la reacción del gobierno es cerrarlo sin prever una alternativa ni ofrecer solución al tratamiento de residuos mientras esperaban que alguna empresa se hiciese cargo del problema. La basura comenzó a acumularse en la calles, produciendo de nuevo una emergencia sanitaria en la capital debido a las altas temperaturas del verano. Por fin el gobierno interviene recogiendo y repartiendo la basura por el país. De nuevo el sistema político se revelaba incapaz de dar solución a los problemas de la ciudadanía, que se organizaron, en un movimiento proto transversal, para protestar ya no contra la gestión gubernamental, si no contra la clase política y el sistema corrupto y clientelar basado en el confesionalismo. Las protestas, bajo el lema “Tu apestas”, agrupan a todo tipo de personas, sin importar confesión religiosa, incluso manifestantes de Amal se alinean en contra del gobierno. Las protestas derivan en graves enfrentamientos con policía y ejército. Como ahora, los manifestantes demandan el fin del sistema confesional en Líbano, la reprobación de toda la clase política, el fin de la corrupción y el saqueo del país por parte de una clase política alejada de la ciudadanía.  Se solicita la destitución del ministro de medioambiente y la dimisión del gobierno en pleno por la negligente gestión de la crisis de la basura y de la respuesta violenta de las fuerzas de seguridad en la calle. El gobierno es incapaz de gestionar nada, desde el tratamiento de basuras a la crisis economía o energética. Al enquistarse la situación y con los enfrentamientos en la calle aumentando, los manifestantes ocupan el ministerio de medioambiente, Michel Aoun, presidente de Líbano insta a los movimientos de protesta a negociar, solicitando la elección de unos delegados habilitados para representar las demandas de los diferentes grupos que articulan la protesta. Aunque el gobierno llega a un acuerdo para abordar la emergencia de la gestión de residuos, y la implementación de un nuevo plan para ceder la gestión de basuras a los municipios, la elección de estos delegados divide de nuevo a las organizaciones que encabezan la protesta, despareciendo ese atisbo de transversalidad que impulsó la protesta y eliminando la cohesión social que hizo fuerte la protesta frente a la división confesionalista. 
Las elecciones de 2018, las primeras desde 2009, incrementaron de nuevo la influencia de Hezbolá por todo el país. Aumentaron en número de parlamentarios y sus alianzas políticas se vieron reforzadas al convertirse el MPL (Movimiento Patriótico libre) en la principal fuerza política cristiana en la Asamblea de Representantes, al mismo tiempo que Movimiento Futuro perdía apoyos. A pesar de estas circunstancias, Saad Hariri mantuvo bloqueada la formación de gobierno al negarse a la inclusión en el gobierno de miembros de partidos que no perteneciesen a su bloque político. Hezbolá mantiene su estatus de ser el garante de la gobernabilidad de Líbano, con el presidente Aoun y el presidente de la Asamblea de representantes, Nabih Berri como principales aliados.
La revolución de 2019 es un punto de inflexión para Hezbolá a nivel político. El apoyo a las manifestaciones tiene una enorme repercusión en todo Líbano, incluso en el sur, bastión tradicional de Hezbolá y Amal. Desde que el 17 de octubre los libaneses se movilizan, miembros de Hezbolá y del Movimiento Amal han tratado de reventar las protestas, enfrentándose con los manifestantes en la calle. Hassan Nasrallah manifiesta la posición de Hezbolá el 19 de octubre, declarando un dubitativo apoyo al movimiento de protesta anti gubernamental y declarando que se opondrán firmemente a la dimisión del gobierno Hariri.  Se manifiesta contrario a las demandas de muchos seguidores de la organización chií, contrarios al sistema político corrupto libanés, al que culpabilizan de la crisis económica, y piden que Hezbolá se sitúe del lado de los manifestantes. Finalmente declara estar dispuesto, otra vez, a sacar a sus milicias a la calle para garantizar el orden. Sin embargo la realidad es que, desde que el 17 de octubre, en que los libaneses se lanzan a la calle, incluyeron a Hezbolá, poder en la sombra del gobierno Hariri, en el mismo saco que a toda la clase política libanesa que clamaban por derribar. Hezbolá, se encuentra tan bloqueado como el gobierno Hariri al que sustenta, por un lado se opone a nuevas elecciones y se muestra contrario a la posición de Saad Hariri de conformar un gobierno tecnócrata. Por otro lado los movimientos de protesta consideran que Hezbolá es parte del problema no solo por ser el sostén gubernamental, si no porque se opone diametralmente a cualquier cambio que suponga una ruptura con el actual sistema político en Líbano. Nasrallah declara en su segunda intervención ante los medios que todo el movimiento de protesta está contaminado por la injerencia extranjera y que responde a un plan de potencias extranjeras para desestabilizar Líbano ayudado por partidos y organizaciones libanesas. Hezbolá pone la diana en sus tradicionales antagonistas en política doméstica, las Fuerzas libanesas y el Kataeb, la Falange Libanesa de los Gemayel. Las potencias extranjeras son EEUU e Israel.  Hezbolá considera que las principales demandas del movimiento de protesta del 17 de Octubre están ya satisfechas, la marcha atrás en las medidas impositivas y medidas para combatir la corrupción. Pide a los manifestantes que abandonen las calles y retiren las barricadas de las calles para que el país recupere su actividad y advierte de nuevo de que no tolerará una caída del gobierno ni una cambio de sistema. Las últimas intervenciones ante los medios de Hassan Nasrrallah, a principios de noviembre echan más lecha al fuego, justificando los ataques a manifestantes por parte de seguidores de Amal y Hezbolá y desentendiéndose de algunos de los episodios as graves ocurridos en los enfrentamientos entre los partidarios de la Revolución del 17 de octubre y militantes chiíes, achacando estos ataques a ciudadanos hartos del ambiente revolucionario, que solamente pretendían despejar las calles para retomar su vida diaria. Igualmente insiste en la retórica de los enemigos internos y externos que mueven los hilos tras las protestas. Y termina advirtiendo a gobierno y comunidad chií, que Hezbolá, aunque el gobierno colapsase económicamente, siempre tendría la capacidad de mantener el sistema de ayudas y asistencia social, y de mantener su potencia económica, aunque terceros actores internacionales cerrasen el grifo al gobierno libanés. Toda una declaración de intenciones. Durante los casi dos meses de protestas en Líbano, nada ha podido calmar los encendidos ánimos de los militantes de Amal y Hezbolá que siguen enfrentándose enfrentan a diario con los manifestantes partidarios de la llamada Revolución del 17 de Octubre. Hezbolá no desea un cambio del eje político en Líbano, aunque para ello deba apoyar a un gobierno hostil. La crisis gubernamental y las dificultades de Irán para financiar a Hezbolá han logrado debilitar a la organización chií desde el comienzo de la crisis en Líbano en octubre, pero aún sigue siendo la organización más fuerte de Líbano a todos los niveles. 
También la neutralidad de las LAF ha podido, de alguna manera dificultar la posición de Hezbolá como árbitro de la política libanesa. Los aliados políticos del partido de Dios, el presidente del gobierno Michel Aoun y Movimiento Futuro pueden haber perdido influencia sobre el ejército, como se ha constatado con la negativa de las LAF a actuar contra los manifestantes, tal y como demandaba el presidente del gobierno, limitándose a mantener separados a manifestantes y militantes chiíes. Sin embargo tampoco podemos obviar la eficacia del sistema clientelar imperante en Líbano, y en que el máximo responsable de las Fuerzas Armadas de Líbano es primo del presidente Aoun. 
El actual apoyo militar de Hezbolá al gobierno de Bashar Al Assad es un factor de desestabilización, ya que pone en guardia a Israel y EEUU con respecto a Líbano, que ven con agrado la posibilidad de que un triunfo de los manifestantes en las calles supusiera una pérdida definitiva de influencia de las organizaciones chiíes en Líbano, en especial de Hezbolá. La desestabilización de Hezbolá implicaría un decisivo debilitamiento de la posición de Irán en la región, sin duda una victoria para sus antagonistas, sobre todo para Arabia Saudí después del fracaso de Yemen. La incapacidad para contener a su incomodo aliado en el gobierno, Hezbolá, ha provocado que Arabia Saudí haya retirado su favor a Saad Hariri, después del esperpéntico episodio en Arabia Saudí de finales de 2017, donde es retenido por las autoridades saudíes y presionado para dimitir como primer ministro de Líbano, acusando a Hezbolá de planear su asesinato. 
Partiendo de una milicia significada durante la guerra civil y en la posterior guerra, resistencia contra Israel, Hezbolá ha logrado constituirse en una suerte de organización política, símil chií de los hermanos musulmanes, facilitando a la comunidad, incluyendo no chiíes todo tipo de servicios sociales, desde sanidad a educación, lo que los ha llevado a constituirse en la organización política mas influyente del país. Su influencia en el gobierno y Asamblea de representantes, con capacidad de veto, les hace como hemos visto los auténticos garantes de cualquier gobierno libanés. Hezbolá siempre ha sido, desde una posición de fuerza eminentemente crítico con el sistema político libanés. Ha hablado de corrupción, clientelismo, ha criticado el sistema político de familias, lo que unido a sus características como organización política y social, convirtiendo al Partido de Dios, a ojos de una población hastiada del sistema y la clase política tradicional, en el único actor valido dentro de Líbano con capacidad para defender los intereses del pueblo cualquiera que fuese su confesión religiosa. A todo esto unimos el prestigio logrado con la resistencia anti israelí y la victoria de 2006 frente a las IDF en el sur del país. 
Hezbolá necesita la legitimación estatal, de otro modo no pasaría de ser una simple organización, por poderosa que fuese, considerada terrorista en todo el mundo, además para Hezbolá un cambio del eje político en Líbano sería catastrófico, se siente cómodo en su actual papel y no desea salir de su actual zona de confort. Aunque para ello deba apoyar a un gobierno hostil. El mensaje a la comunidad chií durante estos meses de protestas es claro, Hezbolá tiene capacidad para proteger a los chiíes y de seguir manteniendo el sistema proteccionista de ayudas y servicios a la comunidad, aunque el gobierno colapse. Sin embargo, la percepción, incluso entre los chiíes de que este mensaje está cargado de la misma retorica clientelista que ha envenenado al sistema político libanés, es signo de un debilitamiento de Hezbolá, que desde el comienzo de las manifestaciones observa cómo, parte de la militancia chií se ha unido y ha apoyado la revuelta antigubernamental contra el criterio de los líderes de la comunidad. Otro de los posibles focos de debilidad de Hezbolá es la alianza con el Movimiento Amal, partido chií, en principio rama política del chiismo libanés, pero pronto superada por la acción social, política y militar de Hezbolá. Amal, y su líder Nabih Berri, presidente de la Asamblea de Representantes no solo son percibidos como parte fundamental mas del sistema clientelar libanés, son acusados de corrupción y señalados como uno de los principales responsables de la perpetuación del sistema. Algunas voces en el parlamento, lideradas por el Kataeb piden la mediación de Rusia con Hezbolá para que ponga fin al bloqueo político permitiendo la configuración de un nuevo gobierno. Rusia mantiene buenas relaciones con Hezbolá y es el principal aliado de Irán en la región, incluso es posible que ejerza cierta influencia sobre la organización chií, pero se antoja complicado que la mediación rusa provoque un cambio en político con respecto a la situación en Líbano, cambio político de consecuencias indeterminadas pera Hezbolá, que como hemos visto, se encuentra muy cómodo en su posición actual.