Opinión

Irak entre fuego cruzado

Imagen de la capital iraquí Bagdad

Foto: Ali Dab Dab @ALiDabDab13


Durante las últimas semanas Irak ha sido el escenario de una escalada militar entre Irán y EEUU. Aunque muchos análisis se han centrado en el rol y estrategia de ambas potencias, no tantos han prestado atención al impacto de los eventos en el propio Irak. La continua violación de la soberanía iraquí por parte de ambas potencias se suma a la situación de agitación política y social que experimenta el país desde octubre. 
Como Líbano, Irak ha vivido una pequeña revolución ciudadana, con un movimiento intersectario (aunque más extendido en las zonas chiíes) que exige mejores condiciones de vida y el fin de la corrupción y el clientelismo político. Como en Líbano, las manifestaciones han provocado la dimisión del primer ministro. No obstante, la respuesta de las fuerzas de seguridad iraquíes ha sido muchísimo más brutal y contundente y ha dejado, de momento, más de quinientos muertos.
El viernes 10 de enero el movimiento ciudadano ha vuelto a tomar las calles del sur de Irak, esta vez para exigir el cese de la injerencia extranjera en Irak. Las principales protestas se han dado en el campamento de la plaza Tahrir en Bagdad, así como en Diwaniya, Nasiriya, Basora, y las ciudades santas de Nayaf y Kerbala, y de nuevo los manifestantes han sufrido violencia por parte de policía y milicias: entre otras agresiones, un reportero y su cámara han sido asesinados en Basora tras cubrir las protestas. En las redes sociales, partidarios de milicias chiíes proiraníes han tratado de viralizar noticias falsas en las que se ligaba a los manifestantes a EEUU. 
El influyente y anciano ayatolá Sistani, a través de un sermón que un representante suyo ha dado en Kerbala, ha parecido sumarse al espíritu de las protestas al condenar los ataques de ambas potencias. También ha sugerido que la forma de prevenir futuras interferencias extranjeras es a través de un acuerdo entre los partidos y de la elección inmediata de un primer ministro, aunque es cuestionable que un acuerdo político consiga satisfacer a los manifestantes. El 26 de diciembre, en plena escalada de tensión entre EEUU e Irán, Barham Saleh presentó su dimisión como presidente de la república iraquí. Saleh, aún en funciones, se niega a aceptar como primer ministro al candidato propuesto por el parlamento Asaad al-Eidani. Al-Eidani es el actual gobernador de Basora, un personaje próximo a Irán y denostado por los manifestantes de la plaza Tahrir. 
Este viernes Sistani no ha exigido elecciones, como sí lo hizo en diciembre, ya que la situación en estos momentos parece mucho más urgente. Es difícil imaginar que los políticos iraquíes alcancen un acuerdo, aunque las palabras del ayatolá nunca deben ser subestimadas: en 2014, en medio de un tremendo colapso parlamentario y con el Dáesh casi a las puertas de Bagdad, Sistani logró influir al parlamento para que eligiese un nuevo primer ministro y logró aglutinar a miles de iraquíes para que se sumasen como voluntarios a la lucha contra el grupo terrorista. La formación de las Fuerzas de Movilización Popular, una alianza de milicias de todo tipo ―buena parte de ellas con lazos con Irán― que consiguió recuperar la mayor parte de los territorios tomados por el Dáesh, estuvo inspirada por una de sus fatuas.
Las FMP han perdido precisamente a uno de sus más importantes líderes. El ataque de EEUU contra Qasem Soleimani también acabó con Abu Mahdi al-Muhandis. Además de ser el secretario general del “proxy” iraní Kata’eb Hezbolá, al-Muhandis era vicepresidente de las Fuerzas de Movilización Popular y tenía una estrecha conexión personal con varios de los grupos que integran la coalición. Desaparecido al-Muhandis, los lazos que unen a las FMP pueden disolverse, y tal vez la instrumentalización de estas por parte de Irán no sea tan efectiva. 
En todo caso, las UMP forman parte del aparato del Estado iraquí desde verano de 2019. A pesar de que al-Muhandis estuviera directamente conectado a Irán y fuera el líder de una organización considerada terrorista por los Estados Unidos, éstos han acabado con la vida de un oficial del gobierno iraquí. Del mismo modo, cuando Irán lanzó su represalia sobre estados Unidos lo hizo atacando la base de Ayn al Asad, que pertenece al ejército iraquí. 
Este poco respeto por la soberanía de Irak es relativamente habitual por parte de ambos países, y aunque miles de iraquíes hayan salido a la calle a exigir independencia, nada parece indicar que la situación vaya a mejorar a corto plazo. Aun así, sus demandas merecen ser escuchadas y tenidas en cuenta por el público europeo. No debemos olvidar que Irak es algo más que un campo de batalla entre dos potencias rivales.