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Opinión

Israel: ¿tensiones a la vista?

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El conflicto árabe-israelí, fuente constante de tensiones en Oriente Próximo, puede este año volver a la primera línea internacional. El nuevo Gobierno de coalición de Netanyahu, a pesar de su brevedad (la coalición se formó a finales de diciembre del 2022) ha sido noticia por las acciones de sus socios respecto al estatus de Jerusalén y sus intentos de reformar el poder Judicial. Si ambos eventos se concretaran, es bastante probable que Israel se enfrente a tensiones domésticas y problemas para normalizar relaciones con los países árabes, los cuales no verían con buenos ojos la expansión de la presencia israelí en Palestina.  

Respecto al estatus de Jerusalén, la visita a principios de este mes del nuevo ministro de Seguridad Nacional (equivalente israelí al ministro del Interior en España) Itamar Ben Gvir -sin anunciarlo de antemano- a la Explanada de las Mezquitas, lugar sagrado para judíos y musulmanes, fue bastante polémica. Ben Gvir, es una de las figuras más controvertidas del Gobierno de Netanyahu, ya que en el pasado fue encarcelado por incitar al racismo y apoyar grupos terroristas judíos. Su actual cargo, que pone bajo su control a la Policía israelí y su visita a un lugar no sólo sagrado para musulmanes y judíos, sino también origen de encontronazos entre ambas partes –la visita por parte de Ariel Sharon en el 2000 provocó la segunda Intifada- muy probablemente fue hecha con el propósito de demostrarle, tanto a los palestinos como a la comunidad internacional que el nuevo Gobierno de Netanyahu tiene un fuerte carácter judío, sobre todo la expansión de la presencia israelí en los territorios ocupados. Tal mensaje puede complicar la ambición de Netanyahu de normalizar relaciones con Arabia Saudí. El reino saudí condenó la acción de Ben Gvir, avisando a Israel de que no normalizará relaciones con Israel si se altera el “statu quo” en la Explanada de las Mezquitas e Israel no se anexa sus asentamientos en Cisjordania. Netanyahu no lo tiene fácil para congraciarse con los saudíes ya que el partido de Ben Gvir -el tercero más votado en Israel- quiere lograr como objetivo lo que los saudíes ponen como líneas rojas para normalizar relaciones con Israel. Al depender de Ben Gvir para gobernar, es bastante probable que cualquier intento de Netanyahu de congraciarse con sus socios tuerce los esfuerzos israelíes por normalizar relaciones con el mundo árabe. 

Netanyahu también se enfrenta a problemas domésticos por sus intentos de reformar el Poder Judicial. Netanyahu, el cual está siendo investigado por corrupción, aspira a debilitar el poder de la Corte Suprema en el control de las leyes votadas en el Parlamento y dar más poder a los políticos en la elección de los miembros de la comisión que elige a los miembros de la Corte Suprema. Tales reformas se han topado con la oposición de la presidenta de la Corte Suprema, Esther Hayut, del antiguo jefe del Estado Mayor del Ejército, Aviv Kochavi, y despertado la preocupación de Isaac Herzog, presidente de Israel. El rechazo del Poder Judicial, el presidente y el Ejército -esta última una de las instituciones más valoradas y respetadas de Israel- además de la gente, con manifestaciones todos los sábados desde que se formó el Gobierno de Netanyahu, indican que existe verdadero temor a que su nuevo Ejecutivo socave la democracia. Tal temor puede replicarse en la escena internacional, especialmente en Estados Unidos, principal socio de Israel. La actual Administración estadounidense no es tan amena con Netanyahu como la de Trump, expresando reticencias sobre la presencia de Ben Gvir en el Gobierno de coalición, algo que muy probablemente continuará este año. 

En conclusión, el conflicto árabe-israelí puede reanimarse este año debido al nuevo Gobierno de coalición de Netanyahu. La visita del ministro de Seguridad Nacional, Ben Gvir, a la Explanada de las Mezquitas, lugar santo para el islam y el judaísmo, pero también fuente de tensión para ambas partes puede complicar los esfuerzos de Netanyahu por normalizar relaciones con los países árabes. La ambición de Netanyahu de reformar el Poder Judicial, centrado en debilitar sus competencias cuenta con el rechazo de la calle y las instituciones. Tal temor puede trasladarse a la relación con la Administración Biden, crítica con la presencia de Ben Gvir en el Gobierno de Netanyahu.