Opinión

La corrupción en la Gendarmería argelina plantea un problema al Ejército

La corrupción en la Gendarmería argelina plantea un problema al Ejército

Los planes de modernización del país que lleva a cabo el presidente Abdelmadjid Tebboune, incluido la profesionalización del Ejército al mando del general Said Chengriha, jefe del Estado Mayor militar, encuentran una traba enorme en la Gendarmería Nacional. Y ello por dos razones principales.

La primera, porque el nivel de corrupción generalizada en los mandos de la Gendarmería ha deteriorado y deslegitimado al conjunto de fuerzas militares del país norteafricano, cara a la población. El prestigio del que ha gozado el Ejército entre la población argelina desde hace más de 60 años, en la Guerra de Liberación primero y en la construcción de un Estado independiente después, se está viendo manchado por los escándalos a repetición que sacuden la dirección de Darak el Watani (la Gendarmería). 

En 2018, el general Menad Nouba, que dirigía el cuerpo armado, fue destituido, acusado de corrupción y juzgado, y hoy purga una pena de 15 años. El general Ghali Belkecir, que le sustituyó fue a su vez purgado un año después, acusado de corrupción. Gracias a complicidades en el cuerpo y en la Administración del Estado, huyó a Europa para escapar a la justicia militar. El general Abderrahman Arar lo sustituyó en 2019, y acaba de ser destituido por el presidente Tebboune, sospechoso de ser partícipe en diversas tramas de corrupción. El general Nouredine Gouasmia ha sido designado por el jefe del Estado para ocupar su puesto, impuesto por la Jefatura del Estado Mayor castrense.

Los escándalos en los que la Jefatura de la Gendarmería está implicada van desde el narcotráfico de hachís y cocaína, al enriquecimiento ilícito y malversación de caudales públicos, pasando por sus relaciones con el crimen organizado, el tráfico de personas y el tráfico ilegal de armamento. 

La segunda razón por la que las relaciones entre militares y gendarmes han llegado a este punto de cuasi ruptura es que el Ejército no puede sustituir a la Gendarmería Nacional en sus funciones de patrullaje del país. Con sus 180.000 efectivos, la Darak el Watani está presente en todo el interior de Argelia, desde el desierto a la costa, y en el entorno directo de las grandes urbes. Además de poseer armamento pesado y semipesado, vehículos todo terreno, helicópteros y patrulleras marítimas, la Gendarmería posee grupos de intervención antidisturbios, unidades especializadas de seguridad, policía científica, unidades de cibercriminalidad, y otros grupos operativos. El Ejército argelino no tiene ni la capacidad, ni la formación especializada, ni los medios legales de sustituir las funciones de la Gendarmería. 

Mientras que en la cúpula del Ejército se han venido remplazando los diferentes jefes de Estado Mayor, comandantes de las regiones militares, comandantes de cuerpos, viceministros y ministros de Defensa, respetando en general la edad de jubilación, aunque con arrestos de generales imputados en diferentes causas por delitos sobre todo en los dos últimos años, en la Gendarmería ha sido la propia cúpula la que ha sido descabezada periódicamente, dando la imagen ante la población de un cuerpo gangrenado por la corrupción.

Desde hace cinco años, tras la elección de Abdelaziz Bouteflika para un cuarto mandato presidencial en 2014 a pesar de su incapacidad física para el cargo, consecuencia del derrame cerebral sufrido en 2013, el Ejército argelino intentó varias veces purgar la Jefatura de la Gendarmería e imponer a su mando a militares competentes. 

Esta será una de las tareas que el presidente Tebboune tiene ante sí, y a las que la cúpula militar, con el general Said Chengriha al mando, no dejará de aspirar. Sin embargo, desde la clase política y la sociedad civil argelina, la “militarización” de la cúpula de la Gendarmería podría ser vista como un golpe blanco de un cuerpo opaco, el Ejército, aún inestable por los cambios que continúan sucediéndose en la alta oficialidad de mando.