Opinión

La COVID-19 obliga a repensar todos los organismos internacionales

Consejo de Seguridad de la ONU

La pandemia provocada por la COVID-19 ha puesto a la orden del día la necesidad de reorganizar las instituciones internacionales y renegociar nuevos acuerdos entre las naciones. La ONU, la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional, todas las organizaciones regionales y multilaterales, en su formato actual, han llegado a su fecha de caducidad. La ausencia de liderazgo estadounidense en esta crisis ha quitado legitimidad al dólar como moneda de referencia obligada; la desarticulación de Europa, el Brexit y los países que van a seguir sus pasos son un golpe mortal a la unidad europea; la total ausencia en la crisis de la Unión Africana, de la Liga Árabe, de la ASEAN asiática o de la OEA americana obligan a los países que componen dichas organizaciones a reformular sus alianzas y acuerdos. 

Una vez controlada la pandemia, que desgraciadamente aún acabará con la vida de cientos de miles de personas, cada país tendrá que hacer frente a su propia reconstrucción por la hecatombe generada por el coronavirus, y en conjunto enfrentarse a un futuro muy incierto. 

Una enseñanza lacerante es que no ha habido liderazgo mundial, y que es necesario prevenir futuras y quizás más peligrosas pandemias, que puede ser un virus informático indetectable que colapse el sistema internacional, dotándose de una estructura mundial ejecutiva. La ONU puede cumplir esta función, siempre que se adopten nuevos Estatutos y se reorganice el Consejo de Seguridad o se suprima creando otros consejos ejecutivos por áreas. Las naciones no pueden y no deben aceptar ser clasificadas en primera, segunda, tercera o cuarta categoría, y someterse al diktat de unos pocos. 

A diferencia de las Guerras mundiales anteriores, en esta no habrá ganadores, porque todos los países habrán salido perdedores. Esto ha creado una igualdad en el derecho y en la responsabilidad y, por lo tanto, en la representatividad. Ningún país puede erigirse en guía e imponer su ordeno y mando, ni en la ONU, ni en la OMS, ni en el Banco Mundial, la FAO o el Fondo Monetario Internacional. La COVID-19 ha abolido con su masacre estos privilegios. 

Como paso previo a la restructuración mundial del concierto de naciones, será necesario reforzar la cooperación e interacción regionales. En el caso de España, con sus vecinos inmediatos, Portugal y Francia en la parte europea, y Marruecos y Argelia, en la norteafricana. Es un momento propicio, por ejemplo, para dotar de poder efectivo al 5+5, que reúne a los cinco países europeos del sur occidental (Portugal, España, Francia, Italia y Malta), con los cinco del Magreb (Mauritania, Marruecos, Argelia, Túnez y Libia). Por facilidad de contacto, intercomunicación humana e historia conjunta, este organismo puede ser una potente palanca para la reconstrucción y la salvaguarda de la vida humana.