Opinión

La democracia al sol. Símbolos y síntomas de la “nueva frontera” de Biden 

BIDEN PRESIDENTE DE EEUU

No hubo miedo en Washington. El Capitolio lució como nunca en las grandes ocasiones, desplegando un sol de enero, sin noticia de la nieve, ni del mayor enemigo de la pacifica  transición de poderes: el presidente saliente que se escapo por la puerta de atrás de la Casa Blanca, y al que nadie  echo de menos. Un día brillante, como presagio, símbolo y síntoma, de la “nueva frontera” que Biden está dispuesto a lanzar como piedra angular de un programa que se mira en las recetas de Roosevelt para superar la Segunda Guerra Mundial. Ha habido ya mas muertos en Estados Unidos causados por el covid19 que bajas durante la ultima gran contienda. La comparación no es odiosa, mas bien pertinente. Un programa de reconstrucción económica, social…y política ante el atentado a la democracia perpetrado por el presidente saliente, el golpista Trump.

Los Estados Unidos se disponían- entre la fanfarria habitual, la música made in USA y hasta poemas mas reveladores que los twits del pasado –a escribir una nueva página tras la tragedia vivida en el mismo escenario dos semanas antes. Un nuevo lenguaje, ejemplificado en el sentido poema de la joven Amanda Gorman escrito en la misma noche de la infamia, frente al verbo incendiario que Trump prolongó hasta la despedida final en la base Andrews. Hizo un ultimo canto a su yo narcisista, sus logros, que no los de la nación americana. Un negacionista de la democracia al que el rastro dejado en las escalera del Capitolio le perseguirá el resto de sus días. Su ausencia, mas que un desplate fue un regalo para el sosiego que pide el futuro. El poema de Amanda  convertía la larga noche de miedo del asalto en un sueño de esperanza. 

No hubo miedo en la fecha señalada del 20 de enero. Aunque con barreras y todas las precauciones, la ceremonia de jura e inauguración  de la presidencia de Biden se celebró en las mismas escaleras mancilladas por la turba enardecida por un presidente que pisoteó, los resultados electorales, la constitución y la democracia. Nadie se escondió, contra lo que podría haber aconsejado el enrarecido ambiente cargado de amenazas. Resplandeció el triunfo de la democracia herida, ante un vivo sol de invierno que se presento solicito- como un presagio -para la ocasión en la que suelen reinar el frio, las nubes y hasta las nieves de enero.  Solo faltaba el huido.  

Aunque la clave del momento está en el discurso que marca la hoja de ruta de la nueva presidencia, hubo un personaje que robó plano al por fin Presidente Biden, que eclipsó en parte a la primera mujer—tambien  la primera de origen asiático y tambien la primera de color en llegar a la vicepresidencia –un hombre  que asombró con su presencia mas que las interpretaciones de Lady Gaga y Jay Lo. El hombre del momento,  que habría sido un mero secundario en el rito democrático inaugural  de cada cuatro años, se llamaba Mike Pence, y su cabellera canosa relució majestuosa al sol.   

Calificado de gran ultraconservador religioso, el todavía Vicepresidente Pence dio todauna lección política de altura en un momento crítico para la democracia constitucional de América, justo la que no supo ofrecer el Presidente saliente al que la historia recordara como una especie de usurpador del poder en un régimen hasta ahora democrático. Aún amenzante, proclamó en su despedida: “Volvere, de una forma u otra” El senado y la justicia sin duda perseguirá sus pasos, como los de un cuatrero huido, incapaz de aceptar la derrota y dar la cara en el traspaso de poderes. El destrozo causado a la vida americana e incluso a las relaciones internacionales lo juzgará la acción inmediata del nuevo gobierno y la historia. El juicio político de su atentado a la democracia será de lo mas interesante para una América que ha comprobado como el presidente “que no organizo ninguna guerra fuera de casas”, la trajo en cambio a su interior, con una profunda división que le toca encarar a su sucesor, y tambien al partido que ha liderado y ahora empieza a darle la espalda.

El peligro será el mantenimiento de la polarización del país. Por eso gran parte de la esperada pieza de oratoria presidencial de Biden estuvo dedicado a la unidad. Pero no se ahorro denunciar por su nombre al mayor de los males: el supremacismo blanco, las mentiras interesadas, el racismo,… Biden fue claro y contundente. 

El discurso inaugural fue un canto a la unidad que necesita el país tras la mayor fractura partidaria y antidemocrática en sus doscientos años largo de história. “La democracia es frágil, pero ha prevalecido”. En el terreno político lo primero será restañar las heridas. El liderazgo republicano tambien trabaja en esa dirección y en como bloquear a Trump y su posible creación de un tercer partido desequilibrante. Unidad es la palabra mágica. Pero tambien remachó Biden: “honor y verdad” 

La tarea prioritaria, no obstante, es parar al virus, reconstruir la economía, que a pesar de las astracanadas triunfalistas de Trump vuelve a poner el desempleo en cifras alarmantes.  

Mas allá de la gravísima grieta abierta en mitad del país, Biden quiere tambien unidad con los aliados. Reparar las alianzas resquebrajadas o rotas por la política bravucona y aislacionista de su predecesor. Colaborar con la OTAN, con sus aliados europeos y asistiacos. Volverá al multilateralismo, a la defensa del medio ambiente, y la Organización Mundial de la Salud. Muchas heridas por curar. Y especialmente los temas tabú de China e Irán. ¿Nuevas soluciones, viejas recetas? Comercio y política exterior van aquí tan unidos que el equipo de Biden necesita desplegar todas sus cartas para encontrar salidas a estos conflictos, que están lejos de casas pero repercuten de inmediato en la vida interna del país. 

Cuando Biden entró por fin en el despacho Oval, los decoradores habían cambiando los retratos y esculturas que adornan la estancia del primer mandatario americano. Nuevos bustos de Martin Luther King y del sindicalista hispano Cesar Chavez adornan las mesas auxiliares. Y entre las obras de arte renovadas, el gran cuadro que verá el Presidente cada día cuando se siente en su mesa de trabajo, y que será el que alimente su visión de trabajo: Un retrato de Franklin Delano Roosevelt.  Cada mañana, cuando levante la mirada conforntara al protagonista de la gran depresión y el new deal. Una “nueva frontera” que el presidente sabe que Estados Unidos y el mundo necesitan como receta. Al desplegar la hoja de ruta de su presidencia, en el discurso inaugural, Biden apunto media docena de cuestiones de interés prioritario que marcaran el trabajo de los próximos cuatro años. Fueron estas: El virus, el cambio climático, la desigualdad creciente, el racismo, la posición de estados Unidos en el mundo, y el ataque a la verdad y la democracia.  Reforzado por una vicepresidenta inédita- mujer, de raíces internacionales y piel de color -, Biden se puso a la tarea firmando ordenes claras desde el primer minuto. Sin duda, no hay tiempo que perder anta la fortaleza democrática arruinada por un ya ex presidente tan soberbio como antidemocrático.