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Opinión

La hipocresía del lobby armamentista en el conflicto hispano-magrebí

Helicópteros Apache

El lobby armamentista español está cada día más implicado en los conflictos que afectan al norte de África, desde Mauritania hasta Egipto, y en el conflicto potencial que puede originarse entre España y alguno de los países de la región, en particular Marruecos. 

España es, de lejos, una potencia militar muy superior tanto a Marruecos como a Argelia. El Índice anual de Global Firepower 2021 sitúa a España en el puesto 18, a Argelia en el 27, y a Marruecos en el 53. Lo cual excluye el escenario bélico como posible a corto y medio plazo. 

Otro aspecto, sin embargo, lo constituye las plazas de soberanía española en el norte de África, indefendibles militarmente, a menos de entrar en un conflicto abierto con el potencial agresor, Marruecos para el caso de Ceuta y Melilla. Sin embargo, para Marruecos que sigue teniendo “la recuperación de las dos ciudades, como reivindicación histórica”, está excluido el recurso a acciones bélicas de cualquier naturaleza. El reino alauí ha tenido, tiene y previsiblemente tendrá en el futuro una estrategia de recuperación basada en la negociación, la cosoberanía y los acuerdos socioeconómicos comunes hispano-marroquíes para toda la región. 

La implicación de España en los conflictos magrebíes se muestra en las ventas de armas a todos los contendientes reales o potenciales. El lobby armamentista sabe que el mercado norteafricano es muy jugoso; y aunque por el momento se cuenta entre sus clientes de segunda categoría, la carrera emprendida por Argelia y Marruecos para obtener la supremacía militar sobre el rival deja espacios importantes para la venta de material de uso militar a los consorcios españoles.

España ha pasado a ocupar el octavo puesto en la lista de países exportadores de armamento. Según datos de 2020 del Instituto para la Paz de Estocolmo, EEUU sigue el primero con 37% del total, seguido por Rusia, con un 20%. Siguen en la lista, Francia (8,2%), Alemania (5,5%), China (5,2%), Reino Unido (3,3%) y España (3,2% por delante de Israel (3%) y de Italia (2,1%); y de Turquía, que ocupa el puesto 14 en la lista de exportadores mundiales. 

En 2012 había en España 562 empresas relacionadas con la defensa y producción de armamento, la mayoría en el sector naval, aeronáutico y de vehículos terrestres. Cabe señalar que las ventas de defensa cuantitativamente más importantes se concentran básicamente en un grupo reducido de media docena de empresas formado por: EADSCASA, Navantia, Airbus Military, Indra Sistemas, Santa Bárbara Sistemas, AEXPAL o la misilística MBBDA, que realizan más del 85% de dichas ventas. Cinco años más tarde el número de empresas seguía similar (578), y las ventas de defensa se situaban en torno a los 6.000 millones de euros.

Sin embargo, las exportaciones españolas de armamento conocieron en ese periodo un crecimiento espectacular, aumentando en un 400%. Si en 2010 fueron de unos 1.100 millones de euros, pasaron en pocos años a más de 4.000 millones de euros, cifra que se mantuvo en general hasta 2019 en que se declaró la pandemia y las exportaciones cayeron. 

Este crecimiento generó una ola de nombramientos de altos funcionarios del Estado, ministros, directores generales, secretarios y subsecretarios, y altos mandos militares jubilados, que se volcaron en la industria armamentista y en las asociaciones exportadoras de material militar. Según el investigador Pere Ortega, al menos 35 generales y altos cargos de la Administración han aterrizado en el sector. Se formó así un auténtico lobby que gracias a sus “agendas” personales, permitió obtener jugosos contratos a nivel internacional. 

Este lobby armamentista se fijó como meta vincularse con el “quinto poder”, los medios de comunicación, a través de los cuales han estimulado las ideas de que “estamos en peligro”, “Marruecos amenaza Ceuta y Melilla”, “los israelíes rompen el equilibrio hispano-marroquí en favor de Rabat”, “Marruecos adquiere armas que le dan superioridad sobre España”, “EEUU va a trasladar su base de Rota a Marruecos”, “las Marinas de guerra de Argelia y Marruecos, rompen el ‘statu quo’ en el estrecho de Gibraltar, y dejan a España arrinconada”, etc. 

Sin embargo, al mismo tiempo que alertan del “peligro marroquí”, son un proveedor privilegiado en municiones, granadas de morteros y explosivos plásticos, además de cadenas de tanques y repuestos para aviones. Este lobby presiona al Gobierno de turno, tanto populares como socialistas, para adquirir sistemas de misiles y submarinos, al tiempo que no duda en vender a Marruecos un patrullero de altura de la clase Avante, construido por Navantia, por un valor aproximado a los 150 millones de euros, en espera de poder venderle más al “enemigo”. 

Mayor es la tensión entre Argelia y Marruecos, mayor es “el peligro para España”, y mayor es el jugoso mercado comprador. El lobby armamentista español se siente independiente del Estado, y capaz de influir en la geopolítica regional. Es su hipocresía ética y moral.