Opinión

La liga de las Potencias Medias

Angela Merkel, Emmanuel Macron y Ursula von der Leyen

Con Emmanuel Macron, Angela Merkel y Ursula Von der Leyen a la cabeza, se ha puesto en marcha la Alianza Global para la Vacunación en una reunión multilateral impulsada por la Unión Europea para crear una estructura que coordine distintas iniciativas para la investigación de una vacuna efectiva contra la pandemia de la COVID-19. Más de 40 países, incluidos Japón, Australia, Reino Unido, Arabia Saudí, Noruega, Turquía, Italia, España o Israel, participaron en la iniciativa y acordaron aportar fondos para la nueva alianza y para la denominada Coalición para la Innovación en la Preparación ante Epidemias. Con la colaboración de la Organización Mundial de la Salud y miembros del G20, la ausencia de Estados Unidos, la representación menor de una distante delegación china, y la presencia de la Fundación Bill y Melinda Gates, esta asociación público-privada representa una llamada de atención sobre la necesidad de aunar esfuerzos multilaterales en el combate contra el coronavirus y para la reactivación económica mundial. 

Algunas Potencias llamadas Medias habían creado la Alianza por el Multilateralismo en 2019 para desarrollar ‘networks’ que contrarrestaran la tendencia a la competencia feroz entre las Grandes Potencias -Estados Unidos, China y Rusia fundamentalmente- protagonistas de tensiones híbridas y guerras comerciales y desinformativas en los últimos años previos a la enfermedad. Impulsada por Alemania y Francia y otros países europeos, esta Liga de las Potencias Medias, que incorporó a Canadá, México, Chile, Ghana o Singapur ha tenido una reduplicación similar en Asia con Japón, Australia, Corea del Sur y otros actores involucrados. Lo que hasta ahora se veía como un proyecto incierto ha cobrado fuerza ante la lucha enconada entre chinos y norteamericanos por liderar la investigación unilateral contra la pandemia y reforzar su protagonismo en el entorno resultante de la crisis económica global. Y a corto plazo, resulta más que probable que Estados Unidos observara con interés los efectos de una cooperación entre democracias y sistemas liberales ante el desconcierto mundial ocasionado por el coronavirus y el colapso económico. 

Lamentablemente el Gobierno de España, aunque ha participado, ha pasado desapercibido en estas reuniones de carácter multilateral. En primer lugar, porque para considerarse una Potencia Media hay que aportar recursos y una voluntad clara sobre con quién y cómo estar presente en la política internacional. Ya sea en materia de seguridad o en otras materias como la sanitaria y la económica en las que ahora nos encontramos definitivamente involucrados a la vista del azote de la crisis en nuestro país.

Una potencia media debe de ser capaz de influir en la política mundial porque previamente el país es consciente de sus capacidades, las promueve y las establece por consenso con las principales fuerzas políticas. Con aquellas que defienden los principios de la seguridad compartida, la pertenencia sin fisuras a la Unión Europea y a sus prácticas financieras y comerciales, las libertades económicas y un respeto firme por la soberanía nacional y la Constitución. La búsqueda de socios en los contornos periféricos e ideológicos de nuestra realidad política ha dificultado cualquier posicionamiento de España como una potencia media en estos años, presididos por la movilización anticonstitucional, el populismo, la fractura de la idea nacional y la debilidad presupuestaria para potenciar el papel de nuestro país en el orden mundial. Bajo un débil estado de alarma y sin romper con las herencias disgregadoras en los apoyos al Gobierno, difícilmente puede ser creíble ahora nuestra voluntad de contribuir al liderazgo de un orden liberal multilateral. 

Alemania encabeza igualmente en este momento la lucha judicial contra las atrocidades de Al-Asad en Siria, protegido por China y Rusia en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y finalmente llevado ante los tribunales de Coblenza por torturas y crímenes perpetrados por miembros del régimen ahora en el banquillo. Otra iniciativa de una potencia media como la alemana para combatir contra la impunidad que el viejo orden internacional no ha sabido corregir. 

Difícilmente a la señora Merkel, como se la denominaba despectivamente por la oposición progresista cuando actuaba codo con codo con Mariano Rajoy para salir de la crisis financiera de 2012, podrá olvidársele la crítica persistente de los grupos de la izquierda española ante el supuestamente criterio neoliberal de sus políticas, las cuales sacaron a Europa, Alemania y a España del pozo de una crisis económica estructural, de forma similar a como lo hizo el muy progresista Barack Obama en Estados Unidos, que inyectó a la banca 800.000 millones de dólares para rescatar a la economía libre y capitalista de la que, afortunadamente, son partícipes y socios la mayor parte de las potencias medias que ahora luchan de forma multilateral contra la pandemia.