Opinión

La ministra 24

Dolores Delgado, propuesta para ser Fiscal General del Estado

No habían acabado de prometer por su conciencia y honor, cumplir fielmente las obligaciones del cargo con lealtad al jefe del Estado y guardar y hacer guardar la Constitución, como norma fundamental del Estado, cuando saltó la gran noticia de la jornada: la ex ministra de Justicia Dolores Delgado será nombrada Fiscal General del Estado. Entiéndalo bien, Fiscal General del Gobierno. Claro que la susodicha, que bebe el vino en la copa del prevaricador Baltasar Garzón, domina como nadie las cloacas judiciales y policiales junto con su amigo y presunto delincuente Villarejo, el artífice de la información vaginal. “Éxito garantizado”, se congratulaba a los postres de una comida íntima. Delgado –la peor ministra de Justicia de la democracia- se embolsará 124.800 euros por “lucro cesante” durante los dos próximos años, a partir de mañana.

Después de cómo exprimió a la Abogacía del Estado durante su reinado en la calle Noviciado, en su apoyo a los delincuentes Junqueras, Puigdemont y Torra -que lo cuente el diputado centrista Edmundo Bal-, es fácil deducir que intentará sobornar a los indomables fiscales del 1-0. Conclusión: Dolores Delgado viene a politizar la justicia para que el indulto y la amnistía lleguen cuanto antes a los socios separatistas de ERC, JuntsxCat y CDR.

Será la ministra número 24. No ha habido en la historia de la democracia puerta giratoria más escandalosa. Y, sin embargo, tiene su lógica. Con este nombramiento, se cierra el círculo de los tres poderes y se concentran en uno solo. Oiga, igual que cuando el Movimiento. Montesquieu enterrado y bien enterrado directamente en el hueco de Francisco Franco en el Valle de los Caídos. La Carrera ha puesto el grito en el cielo, calificando la decisión del presidente del Gobierno de increíble, terrible y alucinante, una bofetada a la independencia del ministerio Fiscal. Solo falta que el ínclito Conde-Pumpido ascienda a la cúspide del TC enfangando más su toga con los polvos del camino. En eso están también en Moncloa. 

Colócanos a todos

Nada más tomar posesión ya sabemos que habrá derogación de la reforma laboral del PP, una moderada subida del SMI, otra subida de las pensiones antes de que se consagren en la Carta Magna y mucho ruido callejero para que se oiga alto y claro el mensaje del vicepresidente social y admirador del Che Guevara. Si contamos al ‘primus inter pares’ como ministro, no salen 23. Cuatro vicepresidencias y 18 ministros más. Todo un récord. Ya ha criticado el albaceteño Manuel Castells, el chico de Ana Colau, que se le haya desgajado Ciencia e Investigación de Universidades, pero el doctor Sánchez tras el frenazo y marcha atrás después de su urgentísima investidura, ha dejado claro que es él quien manda. “No hay dos gobiernos en uno y se hablará con una sola voz”, explicó sin que nadie le preguntara en la presentación propagandística de su nuevo gobierno “para un tiempo nuevo”. La frase está casi copiada de los publicistas de Maduro, “el nuevo comienzo”.  Y, para terminar su parlamento, nos regaló un titular multisoporte: “Lo más progresista es trabajar por la unidad de España”.

Este es el ejecutivo más grande de la democracia y el más caro. Casi hemos duplicado el banquillo de Rajoy (tenía 13 ministros incluyendo a Soraya), pero, eso sí, hemos duplicado el gasto. Porque el problema no está solo en los nuevos vicepresidentes y ministros, sino en los nuevos secretarios de Estado, subsecretarios, directores generales, subdirectores, jefes de negociado, asesores y demás cargos digitales. El FAC (Fichero de Altos Cargos) podría pasar de 600 a 1200, sin incluir los más de 500 que asesoran en el Palacio de la carretera de La Coruña a Sánchez y a Calvo.

Gobierno multilateral

La inflación de cargos, aun siendo grave, no es lo peor: lo infame es que es un gobierno incestuoso si vemos cómo matrimonios, amantes y amigos del jefe supremo se han subido sin pudor en el inicio de la crisis que viene al poder para resistir en el poder. ¡Qué no hubieran dicho los medios políticamente correctos del duopolio Iglesias-Montero!; del amigo íntimo de la presidenta del Congreso y ministro de Justicia en el último minuto. De la esposa de Bacigalupo hijo, en el CNMV, y la ministra Teresa Ribera con su agenda tecnológica y el reto demográfico. Luego, en los segundos y terceros niveles, se han saltado (han asaltado) la Administración y han cooptado a todos los afiliados y simpatizantes desechando a los funcionarios de carrera. 

Un gobierno plurinacional –como la España que nos espera- donde lo más sobresaliente es el desdoblamiento de carteras para derrochar en todas direcciones y ese ascenso merecido al negociador presidencial José Luis Ábalos. El valenciano cambia Fomento (un nombre de postín con palacio frente a la estación de Atocha ocupado por Agricultura, Pesca y Alimentación, como en el siglo pasado) por el de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana. No ha habido departamento para la España vaciada porque Teruel existe.

Irene Montero ha dejado al padre de sus hijos la vicepresidencia y se ha quedado con Igualdad. Un ministerio que bien hubiera podido adornarse con Solidaridad y Fraternidad. El titular de Consumo, Alberto Garzón, quiere que nuestro modelo de sostenibilidad sea Cuba; con su mismo traje, con su misma bici, con su misma mentira castrista. Hace no mucho, era una dirección general prestigiada. Y bastaba.

La portavocía se traslada de Educación a Hacienda. La dicharachera María Jesús Montero nos dará días de gloria para anular a la incomunicadora de Isabel Celaá, que seguirá sin hacer nada en educación. Ni en Formación Profesional, que debería estar en Trabajo. 

El bloque económico (Calviño, Rivera, Montero) no va a poder contrarrestar el sectario aparato político y social de Calvo e Iglesias. Marlaska no hará más que desprestigiarse en Interior tras sus rendiciones incondicionales en Cataluña y Navarra. Robles ni ha sabido ni ha querido hacer nada en la chapuza de Bolivia. Y ni lágrima por los asesinatos del Boeing 747 de Ucrania en territorio iraní. Silencio y cobardía.

Pablo, como buen marxista, está abierto a la crítica. Tenía que empezar por la autocrítica e ir a declarar a La Paz para saber en qué se gastaron los dineros del narco “bolivariano” para extender la revolución chavista por España. Pedro Duque se ha quedado como un barón sin sus Universidades y Yolanda Díaz nos mareará con su discurso galaico-sindicalista impidiendo el progreso, que es simplemente crear empleo. La ministra de Exteriores quiere reconvertir Exteriores en un ministerio económico como ha hecho siempre Alemania, pero ha empezado mal: criticando a Trump.

En la práctica, asumirá buena parte del Comercio Exterior, solapando competencias con Reyes Maroto. Rodríguez Uribes (Cultura y Deportes) no parece ser un amante del porte activo. Ha tenido la decencia de hablar de diálogo. Y Política Territorial ha renacido para humillar con una paisana a la gran Ana Oramas. De hecho, ya adelantó el presidente que el tema catalán lo llevará personalmente; tan es así, que anunció encuentro directo con el delincuente Quim Torra, tras perder su condición de diputado y de Honorable después de ser condenado e inhabilitado por desobediencia.

Ética, austeridad, dignidad

La oposición no quiere dar ni un día de gracia a este Ejecutivo que ha perdido 550 días con sus 549 noches. En política, perder el tiempo es un crimen. PP, VOX y Cs tienen que aunar fuerzas más allá del egoísmo partidista para neutralizar el empuje de un gobierno legítimo y sin límites.

Ya habrá tiempo de juzgar por los hechos a este nuevo gobierno nacido de una investidura extraña, contra natura y contra España. Asaltará los medios de comunicación, seguirá sin someterse a las ruedas de prensa (en vivo y en directo) y copará todas las instituciones (solo o en compañía de otros). El PNV, siempre tan vaticanista, adelanta que ellos han votado la investidura con once puntos (más los dos huevos duros que les dejó a deber el PP tras la traición). ERC y Bildu lo tienen más claro: solo separatismo (con o sin referéndum/consulta) y la sombra del fantasma de Puigdemont se prolonga en Estrasburgo como un chantajista permanente. Ahora que la Fiscalía está en sus manos, ¿la utilizará el presidente para traer a España al fugitivo y golpista de Waterloo?

La respuesta es no. Sánchez dejó escrita en el aire esa promesa electoral como tantas otras. El doctor siempre escribe en la mar. Nadie ha mentido tanto y tan seguido como él: “Con Bildu, con los separatistas y con UP no pactaré jamás; ¿quiere que se lo repita una y mil veces?”.

España no se merece un gobierno que mienta, pero Sánchez es un maestro en engañarnos a todos todo el tiempo, incluso aunque no nos dejemos engañar. En días tan convulsos como los de la cuesta de enero, conviene releer a Voltaire: “La política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria”. Necesitamos recuperar con urgencia tres conceptos: ética, austeridad y dignidad. Ya hemos comprobado que, para el doctor NO, lo urgente es esperar. Con su ministra 24, prepara liderar el proceso e indultar a los golpistas. Para que vuelvan a intentarlo.

La forma de comunicar los nombramientos a S.M. el Rey Felipe VI fue cesarista y republicana. Por fax o por Wps. Sánchez ya ha demostrado que solo se quiere a sí mismo. El hecho de fotografiarse firmando los nombramientos denota un narcisismo peligroso. Utilizaré una expresión muy sanchista que le dijo a Rajoy: “Usted no es una persona decente”. Nos gustaría en este inicio de legislatura realizar un deseo. “No nos mienta, señor presidente, y sea trasparente”. No nos dé las gracias a los periodistas por estar ausentes de actos políticos donde nos prohibió entrar. Eso también es indecencia. Esperemos que el poder alivie su avariciosa desmesura de quinientos cincuenta días en funciones y piense por una sola vez en todos los españoles. 

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.