Opinión

La molienda electoral

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Se cumplen dos años del discurso del Rey. La Nación entendió el mensaje y se puso en marcha. Tras la inmortal manifestación del millón de ciudadanos libres en la Ciudad Condal –yo estuve allí- los políticos aplicaron con desgana el 155. Y ya sabemos los resultados: moción de censura del doctor Pedro Sánchez aupado a La Moncloa por unos socios pocos recomendables que terminó con un gobierno bloqueado; pacto de Pedralbes, relator, elecciones en abril, teatro del absurdo hasta el 23 de septiembre con Iglesias Turrión, parón en todas direcciones y nueva convocatoria para el 10-N. Delito político: perder el tiempo. 
 
A los españoles las urnas nos sientan bien. Y estaremos votando dentro de 37 días tras haber tramitado en el Ayuntamiento la baja del INE para que los partidos políticos adelgacen su factura con el envío masivo de papeletas.

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Los nuevos problemas
 
El desafío permanente de Torra, Torrent y Puidemont al Estado “represor”. El poco Molt Honorable cobra de ese “estado represor” 175.000 euros de sueldo al año por amenazarnos a todos, el doble que Pedro Sánchez Pérez-Castejón. El president del Parlament, 160.000, y el cobarde y fanfarrón huido a Waterloo nada menos que 114.000. A su señora, la Diputación (socialista) de Barcelona le ha renovado el contrato con 78.000 euros por curso.
 
La detención de nueve elementos de los CDR con explosivos, que formaban parte del Equipo de Respuesta Técnica (ERT) ha encendido todas las alarmas. Se destapó la violencia. Siete están ya en la cárcel. La justicia y la Guardia Civil han rendido un servicio impagable a la sociedad a pesar de la bronca de Marlaska a los mandos de la Benemérita y de las filtraciones desde Interior.
 
La sentencia del Tribunal Supremo va a ser el primer muro de contención contra los primeros golpistas. Pero el verdadero procès empieza ahora al comprobar que los Comités (Comandos) de Defensa de la República (CDR) son el brazo armado de la Generalidad y de sus servicios secretos. Torra se jactó de que toda su familia militaba en este colectivo y les alentó -¡apretad!-  a seguir desestabilizando todas las instituciones. “Nacimos –se lee en su página web- para conseguir el Referéndum; crecimos para defender la República y haremos temblar al enemigo”. Ya habían intentado sabotear las comunicaciones y los transportes; ahora planeaban un atentado de verdad entre el 1-0 y la sentencia del primer capítulo del golpe de Estado. La sombra de ETA planea sobre este pacifismo subvencionado para incendiar la democracia.

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El penúltimo pleno del Parlament aprobó en contra de los letrados de la Cámara una iniciativa legislativa alentado a la insurrección –ellos le llaman desobediencia civica-; otra, la puesta en libertad, tras jalearlos, de los terroristas de CDR; una tercera exigiendo la expulsión de la Benemérita y una cuarta moción para extender el derecho a decidir –no existe ese derecho en ninguna legislación del mundo- a Baleares, Comunidad del País Valenciano y el Rosellón francés. Una clara violación de la Carta Magna que prohíbe la anexión entre CCAA y un atentado a la soberanía nacional francesa. En realidad, es una prolongación de la Ley Habilitante de Hitler (1933) que comenzó con las denominadas leyes de desconexión de septiembre de 2017 y culmina con “ese espacio vital” del nazismo del 37.
 
¿Va a enviar ahora la “embajada” de la Generalidad ese acuerdo del Parlament a la Asamblea Nacional Francesa? No. Callarán como zorros, aunque su intención sea romper la sacrosanta unidad de la República Francesa. Nunca lo conseguirán. Y lo saben.  Qué gran ocasión para que Albert Rivera le cuente a Macrón en El Elíseo quiénes son estos catanazis que aplauden a sus terroristas en la sede del Legislativo, mientras expulsan al portavoz de Ciudadanos Carlos Carrizosa por defender la convivencia y la ley.

Y mi admirada Cayetana tiene otra oportunidad excepcional para remitirle un largo comunicado a Le Figaró y a los ingenuos diputados de la izquierda, la derecha y el centro de nuestro vecino del norte, explicándoles en profundidad que la “revolución de las sonrisas” es “una universidad de odio y de nazionalsocialismo”, y que el separatismo es una fábrica de mentiras permanente. 

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Siempre en campaña
 
La crisis económica está aquí de nuevo y parece que viene para quedarse. El gasto de las administraciones públicas, sin presupuesto, lo pagaremos en las pensiones y en el empleo. El súbito desbloqueo de 7.000 millones a las CCAA, aun estando en funciones, confirma que todo es campaña electoral.  Un grifazo electoral. El Brexit es solo un adelanto de las amenazas china y estadounidense.  Si a ello añadimos, el nuevo pulso al Estado del PNV exigiendo “el derecho (de ETA) a decidir” en el nuevo Estatuto, la tensión está servida. La gravedad de la situación obligará a los demócratas a la gobernabilidad durante una legislatura entera.
 
Los componentes de esta molienda electoral son más simples de lo que parece: o los demócratas nos unimos en torno al Rey y a la Constitución (Unidad de la Patria) o habremos desperdiciado los consejos y el mandato del monarca en su mensaje televisivo hace ahora 730 días. O ganará el nuevo Frente Popular.
 
España es el debate (central) del 10 de noviembre. Otra vez más. “Ahora, España”, explica sin complejos el presidente en funciones. Y advierte a los separatistas que si no cumplen la ley aplicará el 155 y la Ley de Seguridad Nacional. Ley y Dialogo. Por este orden.
 
Éste es otro Pedro Sánchez. Desde luego no es el que le dijo a Rivera en sede parlamentaria que “su discurso solo tenía tres argumentos: 155, ETA y Venezuela”. ¿Podremos confiar en un político que no distingue el jamón serrano del ibérico? ¿Confiaremos en un político que entregó Navarra a Bildu, gobierna en 40 ayuntamientos catalanes con los separatistas y en la Diputación de Barcelona? ¿Por qué no se abstiene el PSC, por dignidad, en la moción de Ciudadanos contra Torra?  Sánchez es lo más parecido al péndulo de Foucault. Miente con arrojo, pero cabalga erguido sobre sus contradicciones con toda naturalidad. 

EspañaBienvenida sea la reconversión constitucionalista del PSOE sanchista, aunque llegue en periodo electoral. De momento, Pedro Sánchez abre las puertas para formar un gobierno alternativo al de Unidas Podemos con Ciudadanos y el PP. Hablar de un gobierno de concentración nacional con una inmensa mayoría demócrata y constitucionalista, sería el menos malo de los escenarios posibles que nos esperan ante los desafíos al Estado de Derecho orquestados, siempre, en tiempos de crisis, desde el norte y el noreste. 
 
Demasiados actores (secundarios)
 
Creo firmemente que el bipartidismo ha muerto. Y ha muerto por exceso de corrupción. Ya dejó escrito George Orwell que “un pueblo que elige corruptos, impostores, ladrones y traidores, no es víctima, es cómplice”. La irrupción de UPyD, -qepd-, de Ciudadanos y de Unidos Podemos cambió el panorama político de la Transición. Los nuevos actores, VOX y Más País, confirmarán que los dos millones de indecisos pueden cambiar las mayorías a izquierda y derecha (13 y 9 millones de votantes) frente a los bloques actuales (11+11 millones)
 
Pablo Iglesias es otro hombre desde su paternidad. Ha “mareado” a tanta gente desde sus posesiones de Galapagar que, tras perder la mejor ocasión que vieron los siglos para que su señora se sentara en el Consejo de Ministros, se ha quedado solo en la mitad de la nada. Ahora amenaza con ser vicepresidente si sus votos son necesarios para que Sánchez siga en La Moncloa. Toda una venganza.
 
Errejón –ese maestro de las becas black en Málaga por 1.800 € al mes- se ha convencido a sí mismo de que es más rentable refugiarse en las faldas de doña Carmena, cobrar en la Asamblea de Madrid como portavoz 5.800 euros y hacer pellas. No firma ni las propuestas parlamentarias. Lamentará que “este país” es mucho más país si se hubiera llamado Más España. Pero España le descompone por dentro y por fuera. Es un “potrito de “Vallecas” para dinamitar a sus amigos.
 
Ha renunciado a la presidencia de Más Madrid –el debate regional le aburre- pero eso sí, continúa como diputado con 3.500 euros/mes que le pagamos todos nosotros para que haga campaña con el único fin de apoyar al PSOE que lo terminará fagocitando como hizo con Nueva Izquierda.  Porque programa, lo que se dice programa, no tiene otro que el mismo de Iglesias en su vertiente kichnerista y venezolana de tres comidas diarias.
 
VOX tiene vocación de permanencia con su España Siempre. Y su histórico gesto de presentar a un solo diputado por provincias (renunciará en las que apenas tiene votos) explica que muchos populares volverán a la casa madre de Génova 13. ¿Una integración de cara al futuro? Con VOX y PP, España Suma

Ciudadanos y Albert Rivera se hallan ante una encrucijada: O seguir empecinados contra el presidente en funciones o liderar el constitucionalismo, objetivo primero y esencial de su nacimiento en Cataluña. Casi dos meses de silencio veraniego y esa estúpida estrategia de “pactamos con el PP, pero no con Abascal y su gente”, ha desconcertado a una buena parte de sus votantes. 

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Después de los resultados de las europeas, municipales y autonómicas, Pablo Casado se ha erigido en el líder de la oposición. Perder el tiempo en desbancarlo tras gobernar en Madrid (Comunidad y Ayuntamiento), en Castilla y León, en Murcia y en Andalucía, es una irresponsabilidad. Cs debería ser la visagra de todos los gobiernos constitucionalistas. Los liberales son los que más estabilidad proporcionan en Ejecutivos de derechas y socialdemócratas. Ya ha comprobado, como Sánchez e Iglesias, que VOX no está en la ultraderecha, aunque se reúna con Silvani, y que les gusta más el boato y el poder que el propio dinero. Le costará caro no haber aceptado ir con el PP al Senado y en el País Vasco.
 
Compromiso de los constitucionalistas
 
El PSOE ha sido el más madrugador a la hora de interpretar las encuestas. Es una máquina electoral. Más allá de la sentencia del Tribunal Supremo para exhumar los restos de Francisco Franco, -que Moncloa quiere silenciar durante la campaña electoral-, los estrategas de Ferraz consideran que, si Sánchez insiste en gobiernos Frankestein, el negocio se acaba. Los ciudadanos piden firmeza contra la desobediencia y el golpismo permanente de los separatistas vascos y catalanes. El peligro es real. Solo UP y Errejón siguen en su comunismo irredento, sin condenar el terrorismo de los CDR, cuestionando a la Guardia Civil y apoyando el derecho a decidir. Tenía razón don Pedro Sánchez cuando no se fiaba de estos socios preferentes. Y ese “patriotismo español” es el punto de referencia de Iván Redondo.           
 
Como el presidente en funciones ha iniciado una maratoniana carrera mediática en todos los soportes y su credibilidad en la prensa y la televisión (pública y privada) está intacta, debería ser Rivera quien solicitara a Sánchez que convocara una Reunión Urgente en Moncloa de los cuatro partidos constitucionalistas para que se comprometan a mantener una unidad de acción conjunta frente al golpismo secesionista. En precampaña, campaña y para toda la legislatura.
 
Este documento, debería entrar en vigor, en la noche del 10-N sea cual sea el resultado de las elecciones. Porque sólo una mayoría absoluta impedirá el desacato y la subversión que nos espera en Cataluña donde todo sale gratis.
 
¿Sería tan difícil, con la ley en la mano, inhabilitar (política y económicamente) a todos los cargos públicos y electos que no cumplan la ley y que, aprueben en el parlamento regional iniciativas como la de recusar al Rey de España? ¿No es un deber y una obligación acabar con el adoctrinamiento en las aulas? 
 
Bastaría con legislar un Juramento único (votando Sí o No) de acatamiento y fidelidad a la Carta Magna y al Estado de Derecho para que, en caso de incumplimiento como sucede en Estados Unidos, sean expulsados de la vida política, de las instituciones y de las FFAA. 

La enmienda XIV de la Ley Fundamental americana, aprobada en 1868, -como ya adelanté en 2015- dice así: “Las personas que habiendo prestado juramento previo en calidad de miembros del Congreso o de funcionarios de Estados Unidos de cualquier Estado, de que sostendría la Constitución de EEUU, hubieran participado en una insurrección o rebelión o proporcionado ayuda o protección a sus enemigos, no podrán ser senadores o representantes del Congreso, ni electores del presidente y del vicepresidente ni ocupar ningún empleo civil o militar que dependa de Estados Unidos o de algunos de los Estados miembros”.
 
Es una broma macabra seguir financiando  “estructuras de Estado” como la TV3, el CNI catalán, los Mossos o las embajadas para amenazar a la Nación, al Rey y al Estado Español. 
 
A los ciudadanos, señores candidatos, nos gustaría que se articularan mecanismos para que Puigdemont, Junqueras y los Jordis, no cobren del dinero público. A los contribuyentes nos avergüenza que, tras las leyes de desconexión y el golpe de octubre en Cataluña, que puso en la presidencia a un racista como Torra, no se haya legislado nada para volver a impedirlo. Por eso se mantiene el golpe. 
 
El compromiso constitucionalista de apoyo a la Constitución y a la Monarquía Parlamentaria, debe empezar ya. Y ese compromiso debería firmarse con las nuevas Cortes y ratificarse en la Plaza de Colón de Madrid el 6 de ciciembre con una magna concentración.
 
Un mar de banderas españolas, rojas y gualdas, sería el mejor preludio de la XIV Legislatura. Democracia o nacionalsocialismo. Ese es el dilema. Todos a votar el 10-N. La molienda electoral es sencilla: Más libertad, más igualdad, más Europa.  España, ahora. España, siempre.