Opinión

La muerte de Sassoli facilita cumplir lo estipulado

David Sassoli

Vayan por delante las condolencias y el pesar por el fallecimiento del presidente del Parlamento Europeo, el italiano David Sassoli, que, con 65 años cumplidos, ha fallecido víctima de un grave fallo de funcionamiento de su sistema inmunológico. 

Sassoli, que ya había logrado superar una leucemia, contrajo una neumonía el pasado octubre, había sido elevado a la presidencia del hemiciclo co-legislativo europeo en representación del Grupo Socialdemócrata (S&D), por dos años y medio, que se cumplían precisamente este mes de enero. Según el pacto concluido con el grupo mayoritario de la Cámara, el Popular Europeo (PPE), debía dejar paso a un representante de esta formación para completar los cinco años de la actual legislatura. 

Seguramente sin su anuencia explícita, los socialistas europeos habían hecho circular desde el pasado noviembre la idea de que Sassoli era lo suficientemente bueno y capacitado para continuar en el cargo, lo que rompía las reglas del juego e irritaba sobremanera a los eurodiputados de la bancada conservadora europea. En los mentideros cercanos a un Parlamento cerrado a causa de la pandemia abundaban las atribuciones de tales pretensiones, que apuntaban especialmente a algún partido socialista del sur de Europa. El hecho de que el propio Sassoli nunca llegara a explicitar personalmente, debido seguramente a su delicado estado de salud, sus intenciones de seguir en el cargo, desalentó a quienes pudieran estar preparando el correspondiente argumentario para justificar la hipotética ruptura del pacto entre socialdemócratas y conservadores. 

En todo caso, la Cámara ya no podrá gozar de la fuerte personalidad de David Sassoli, periodista de profesión, presentador estrella de los informativos de la televisión italiana, cuya credibilidad le granjeó las simpatías de los votantes en las elecciones a la Eurocámara, y posteriormente encumbrado por sus pares como el candidato más idóneo a la presidencia de esta en 2019. Bajo su dirección, los debates se hicieron más intensos, con más grano que paja en sus contenidos, y sin rehuir para nada ningún tema por espinoso y delicado que fuera. Pretendía un cambio radical de funcionamiento y competencias, de tal forma que la Eurocámara se convirtiera definitivamente en el insoslayable poder legislativo y de control de las instituciones europeas. 

Puertas abiertas en la Casa Europea

La gravedad de la pandemia le obligó a decretar el cierre de las instalaciones del Parlamento en Bruselas y Estrasburgo. No obstante, y espoleado por los propios servicios sanitarios de la Cámara, puso estos locales a disposición de personas necesitadas de asistencia de todo tipo, desde alimentos a atención sanitaria, especialmente la destinada a detectar la infección por la COVID-19. Asimismo, habilitó varias dependencias para que fueran ocupadas por mujeres solas y sin recursos. Méritos suficientes en suma para ser recordado como “una verdadera fuente de inspiración para todos nosotros”, en palabras de Paolo Gentiloni, comisario europeo de Economía.

A este “combatiente de Europa, férreo y sincero defensor de la democracia y de los valores de la Unión”, le sucederá un candidato del PPE, seguramente la eurodiputada de Malta Roberta Metsola, actual vicepresidente primera de la Cámara y ya presidente en ejercicio por la muerte de Sassoli. De no presentar el PPE un candidato alternativo de última hora, Metsola será entronizada definitivamente el próximo 18 de enero. Se cumplirá, pues, el pacto S&D y PPE. Quedarán empero pendientes de cumplirse muchas de las grandes aspiraciones de Sassoli para modernizar de arriba abajo esa Casa Europea que es el Europarlamento.