Opinión

La noche más triste de la democracia norteamericana

La noche más triste de la democracia norteamericana

Muchos enemigos de Estados Unidos están dentro del país, y se autodenominan defensores de su patria. Cientos de ellos han entrado hoy en el edificio del Congreso, un templo de la democracia mundial, un espejo para cualquier país que se pretenda moderno y equilibrado. Las escenas que hemos visto en la noche de este seis de enero de 2021 son inimaginables en el país que ha asombrado al mundo con su respeto al sistema y a las instituciones democráticas.

Son fotografías habituales en Venezuela, pero no en USA. Ha habido armas de fuego en el interior de la House of Representatives, gases lacrimógenos en poder de los manifestantes que han  irrumpido en el Capitolio. Los que han asaltado el parlamento norteamericano llevaban banderas sudistas, una causa que ha vuelto a ponerse de moda tras las invectivas lanzadas, dos siglos y pico después, por las manifestaciones antirracistas.

Llevaban pieles sobre sus cuerpos semidesnudos, estampa primitiva de lo que fueron los ancestros originarios de América en las praderas de Virginia, de Florida, en las montañas de Minnesota. ¿Les representan a ellos?.  Se ha alimentado un monstruo y hoy ha estallado en la famosa escalinata de los juramentos. La sucesión de acontecimientos entre la arenga de Trump en la Casa Blanca y la marcha de sus partidarios para ocupar el Congreso queda ya en la historia y es incuestionable.  


Es el día más triste de la historia reciente de la primera potencia mundial. Pero tal vez sea sólo el primer capítulo de lo que va a ocurrir en las dos próximas semanas. El caos que reina en la capital federal invita a preguntarse si Trump dejará el poder de forma pacífica, y si sus seguidores seguirán empleando la violencia no sólo en Washington sino en el resto de los estados de la nación. Las herramientas que la Constitución dispone para cosas parecidas a esta no aseguran una resolución a esta crisis política provocada por un presidente que se niega a aceptar su derrota.

Un impeachment contra Trump sería inverosímil por el poco tiempo que queda para la inauguración del mandato de Biden, pero en el estado de cosas en que se encuentra el país todo es posible. Podría comenzar el proceso y verse interrumpido por la llegada del nuevo presidente, o forzarse una presidencia interina de Mike Pence para sólo unos días. La figura del todavía vicepresidente es clave en toda esta encrucijada lamentable de Estados Unidos: si sigue apoyando a Trump sin desmarcarse de él será juzgado por la historia de forma casi más implacable que su jefe, porque él puede propiciar la caída del presidente sólo desmarcándose de sus locuras antidemocráticas.

Su carta publicada en Twitter anunciando que cumpliría con su deber constitucional ha desatado la ira trumpiana. Pero él puede forzar la aplicación de la vigésimo quinta enmienda que implica la destitución del presidente, al establecer un mecanismo que permite al vicepresidente y al gobierno declarar que el presidente no es capaz de desempeñar las funciones y obligaciones de su cargo, con la inmediata sustitución por su número dos.