Opinión

La pandemia reubica nuestras prioridades

Internet

Hace unos días, Tedros Adhanom, titular de la Organización Mundial de la Salud (OMS), argumentaba que solo una vez cada cien años se da una pandemia como la que estamos atravesando y recordaba, cómo, después de la de 1918 provocada por un virus de la influenza A, del subtipo H1N1, mal llamada “gripe española”, se aceleraron varios cambios que beneficiaron, entre otras cosas, a la atención sanitaria universal.

Desde luego que la actual emergencia provocada por el SARS-CoV-2 también será un revulsivo no nada más en materia sanitaria, médica y farmacéutica sino que cambiará muchas esferas de la convivencia de los seres humanos, de sus relaciones laborales  y de su relación con el entorno inmediato.

Quisiera decir, con esperanza, que deseo que esta pandemia nos haga ser una humanidad más solidaria, aunque, reconozco con temor, que cuando se mete el miedo en el cuerpo el resultado acentúa el egoísmo.

Quizá ustedes mismos, apreciados lectores, estarán ya experimentando en sus carnes los efectos de la pandemia y no lo digo porque estén enfermos sino porque muy posiblemente enfrenten una serie de toma de decisiones -confrontados ante un escenario inusual- que no tenían en  mente, ni en el horizonte mediato.

No son pocos los que conozco que han decidido cambiar el esquema de su vida, muchos han perdido el empleo y lo han hecho a edades bastante complicadas, mayores de 50 años con hijos en la universidad y colegiaturas por pagar. 

Otros están haciendo mudanza para dejar las grandes urbes y volver a la tierra natal y los más osados han decidido, de una vez por todas, dar un giro de 360 grados a sus costumbres y hábitos para refugiarse en el campo… volver a ciudades más pequeñas y hasta rehabilitar los pueblos vaciados tratando de reconquistar la tierra olvidada.

Algunos lo hacen buscando oportunidades, las grandes urbes han mostrado sus vulnerabilidades y debilidades y en ese caleidoscopio, la tierra es vista como  una salvación…  el campo y lo primario.

¿Cuál es la condición? Que haya internet, basta con ese nuevo maná de oportunidades para que familias enteras (que han salido como leones enjaulados tras los confinamientos y las cuarentenas forzosas) decidan reubicarse.

Si hay internet parece que lo hay todo: desde la posibilidad de teletrabajar, estudiar en la red, relacionarse, vender y comprar; existir y coexistir, simplemente interrelacionarse y ganar dinero. 

A colación 

La  nueva realidad inminente  no dará ni un solo paso atrás: la pandemia nos ha mostrado el camino porque hemos hecho la compra del supermercado online; adquirido ropa o calzado inclusive medicamentos, libros… prácticamente todo.

Nos conectamos por vídeo y chateamos con nuestros seres queridos y amigos y hay gente que sigue quedando a tomarse el aperitivo o la merienda con sus cuates, pero esta vez  conectados por Zoom.

La pandemia lo transformará todo, como aventura Adhanom, y nos dejará convertidos en una sociedad más digitalizada con más servicios disponibles; hasta algunos psicólogos afirman que hay personas con el síndrome de la cabaña sintiéndose seguras y solo seguras adentro de sus casas.

Cada uno de nosotros está tratando de encontrar su zona de confort y como me confesó hace poco una amiga: “No quiero volver a la oficina quiero seguir  en mi casa teletrabajando”. 

También hay familias y amigos que han dejado de reunirse en restaurantes, bares y cafeterías proponiendo los encuentros en sus respectivas casas; esta pandemia dejará muchos servicios extintos y creará otros necesarios.

Los hoteles -en grave crisis- vulnerables de por sí a todos los eventos que afectan al trasiego de la gente, algunos cerrarán sus puertas para siempre y me parece que este sector terminará reconfigurado de otra forma quizá no acontecerá pasado mañana pero sobrevivirán hoteles solo de temporada y se privilegiarán las vacaciones en casas de alquiler, departamentos y campings.

No volveremos a ser iguales, porque ya ahora mismo no lo somos… la pandemia nos ha abierto en canal y hemos puesto en la mesa nuestras prioridades lo que implica no solo buscarnos la vida sino ir detrás de las oportunidades.